Unión Europea, ¿cerca del divorcio?

Los habitantes de los países del sur de Europa no se sienten amenazados por la ruptura del euro; los países periféricos mantienen lazos económicos fuertes con otras regiones pese a la crisis.
euro broken  (Foto: Cortesía Fortune)
Erin Burnett
NUEVA YORK -

El viaje que hice este verano a Europa me abrió los ojos: en Europa no hay mucho interés en mantener vivo al euro. Sí, el dolor de una ruptura sería intenso. Pero muchas de las naciones más pobres del sur de Europa no parecen sentir que necesitan a "Europa".

Esa al menos es la impresión que obtuve después de pasar tiempo recientemente en Malta, Italia, Suiza, Bélgica, e incluso en el aeropuerto de Berlín. Estos europeos están orgullosos ser malteses y sicilianos. ¿Orgullosos de ser ciudadanos de la Gran Europa? No tanto.

Claro, el euro ha ayudado a los más pobres del sur de Europa. Pensemos en Sicilia: Cuando Bruselas ordenó que los países de la Unión Europea obtuvieran el 20% de su energía de fuentes verdes, los empresarios -y la mafia- aprovecharon la oportunidad.

Los informes de prensa se refieren a la mafia siciliana como "los señores del viento" luego de que estos capos se quedaran con una tajada de los más de 5,600 millones de dólares en subsidios "verdes" que reparte Bruselas, muchos de los cuales se verán interrumpidos por la crisis financiera.

Como resultado de esa generosidad temporal, Sicilia es el mayor productor de energía eólica en Italia. Oigan, donde hay un subsidio siempre hay alguien subsidiado.

Sin embargo, las personas con las que me crucé no parecían pensar que sus nuevos parques eólicos, los centros de visitantes en sitios históricos y las autopistas eran una renta vitalicia.

Los veían más como una lotería: algo que ganas una vez, pero eso es todo. La actitud era coherente: "Bueno, esto se acabó. ¿A quién le importa? Ahora volveré a mi vida normal, gracias".

En la ventosa ciudad de Agira, Grecia, un hombre me dijo: "Mi familia es mi vida, eso es todo". En Palermo, la respuesta a mi pregunta "¿Sería malo si el euro desapareciera?" de un hombre de treinta y tantos años fue aún más directa: "No. ¿Por qué sería malo para nosotros?", cuestionó de una manera desafiante, dejando claro, si bien educadamente, que en su opinión yo había hecho una pregunta tendenciosa.

Creo, al igual que los europeos del sur, que los mayores beneficiarios de ese constructo conceptual "Europa" siguen siendo Alemania y Francia.

Sin el euro, la germana y la francesa son la cuarta y quinta economía del mundo, respectivamente. Con el euro, son la principal economía del mundo, tres veces más grandes que China y varios billones de dólares en PIB por delante de Estados Unidos. El euro mantiene relevantes a las economías más potentes de Europa, en competencia con los mastodontes mundiales.

Por ello necesitan al tan denostado Sur; incluidas Italia, que en el ranking de la economía mundial ocupa el lugar ocho, y España, con el puesto 12 en ese mismo ranking.

Si la Unión Europea se disolviera, el Sur sufriría el "Drachmageddon": Así es como Tony Crescenzi de Pimco describe el proceso "sumamente" difícil de pagar las deudas que solían estar en euros a través de dracmas, liras o pesetas.

Pero el sur de Europa es económicamente más fuerte de lo que podría pensarse. Allí está Mazara del Vallo, hogar del mayor mercado de pescado de Sicilia. La flota pesquera siciliana es el más grande de Italia. ¿Y cuál es el principal destino de exportación de Sicilia? No sus euro-socios Francia o Alemania, sino Japón.

Si Italia abandonara el euro, Japón seguiría comprando atún siciliano si fuera el mejor. Y sin cruzar fronteras, este verano los pescadores vendían su producto a personas que conocían, sellando el trato con un apretón de manos. Es una economía que se enorgullece de ser impulsada a nivel local. No necesitan a los alemanes para eso.

En este momento, Malta me pareció más cercana a Jerusalén o Túnez que a Berlín. ¿Y las comunidades de Sicilia? Más similares al Norte de África que a Milán. Una Unión Europea más cohesionada, como la que se necesita para que el euro sobreviva, borraría lenta pero inevitablemente muchas de esas diferencias culturales.

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Pero hay otro camino. Después de todo, hace doce años había 17 monedas distintas. Y eso les funcionaba bien. El dolor financiero de romper este matrimonio europeo sería intenso. Pero cuando se trata de la vida cotidiana, apuesto que Europa puede manejarlo y seguir adelante.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 24 de septiembre de 2012.

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