Europa, el reto de la unión bancaria

La necesidad de integrarse financieramente se hizo evidente con la llegada de la crisis del euro; la clave para una solución inmediata es la creación de un fondo común de garantía de depósitos.
union bancaria ue  (Foto: Archivo)
Douglas J. Elliott
NUEVA YORK -

La propuesta detallada de la Comisión Europea para una ‘unión bancaria' marca un importante paso para controlar la crisis del euro y asegurar un futuro sostenible para Europa.

Sin embargo, también evidencia lo mucho que queda por hacer y las numerosas disputas políticas que habrán de librarse antes de que dicha unión pueda ser implementada.

La mayoría de los observadores coinciden en que las características fundamentales de la llamada unión bancaria deben incluir:

- Un fondo común que garantice los depósitos.

- Una sola autoridad para "lidiar" con los bancos cuando se metan en problemas.

- Una normativa común para todos los bancos.

- Una aplicación integrada de esa normativa y una supervisión global de los bancos.

Europa ha necesitado estos elementos por años para hacer que un mercado en servicios financieros plenamente integrado sea en verdad viable. Sin embargo, tuvo que presentarse la crisis del euro para que lo que estuviera en juego fuera tan importante como para superar la oposición de los intereses arraigados.

Bancos en problemas y países atribulados están estrechamente entrelazados en la crisis actual. Irlanda y España estarían mucho menos endeudadas si no hubieran tenido que rescatar a sus bancos.

Por otro lado, los bancos en muchos países estarían en una mejor situación si no poseyeran tantos bonos de su país de origen. Esto a menudo ha creado un círculo vicioso en el que la debilidad en el plano gubernamental y la debilidad de los bancos se han alimentado mutuamente.        

Romper ese vínculo a través de una unión bancaria con suerte reducirá algunos de los riesgos que enfrenta la zona euro.

La verdadera clave para la crisis inmediata es la creación de un fondo común de garantía de depósitos, para que los ahorradores en los países atribulados puedan estar seguros de que su dinero estará a salvo incluso si su propio país es demasiado débil para respaldar la garantía de forma creíble.

Un pánico bancario lo suficientemente severo podría conducir a un default soberano o incluso a la salida del euro. Fortalecer la confianza de los ahorradores es clave para prevenir estos pánicos.

Por razones similares, sería muy útil, y probablemente necesario, tener una autoridad común "resolutiva" que maneje los bancos que caen en la insolvencia o están a punto de hacerlo, una instancia similar a la FDIC de Estados Unidos (la Federal Deposit Insurance Corporation o Corporación Federal de Seguro de Depósitos).

Empero, trasladar la garantía de depósitos a un nivel europeo, y crear una instancia responsable de financiar al menos temporalmente las resoluciones bancarias, extiende el riesgo financiero a lo largo de todas las naciones participantes.

Los países fuertes no convendrán con esto sin asegurarse antes de que un conjunto sólido de normas será seguido por todos los países, y que los supervisores vigilarán efectivamente la seguridad y solidez de los bancos.

Todas estas son cosas buenas, si se ejecutan correctamente. Pero también representan un gran conjunto de cambios para estos países y sus contribuyentes. Las propuestas serán exhaustivamente analizadas y los intereses nacionales se defenderán con determinación, si bien la necesidad común de contener la crisis del euro sin duda ayudará a que los líderes alcancen un acuerdo.

Incluso las preguntas muy básicas tienen implicaciones importantes. En particular, la manera en que se equilibrarán los papeles entre las instituciones de la Unión Europea, que representan a los 27 estados miembros; las instituciones de la eurozona, como el Banco Central Europeo, que representan a los 17 países que usan el euro; y las autoridades reguladoras de cada país.

Esto es especialmente importante para el Reino Unido, que desea la estabilización de la zona euro, pero no quiere arriesgarse a tener un poderoso supervisor bancario a nivel paneuropeo que pueda afectar a Londres como centro financiero mundial. Por lo tanto, los británicos insisten en que dicha unión bancaria no sea una institución de la Unión Europea (UE).

Una forma en que la propuesta de la Comisión trata de equilibrar la problemática de la UE versus la eurozona es dando al Banco Central Europeo el papel clave de supervisor de los países de la eurozona y de cualquier otro miembro de la UE que quiera sumarse a la unión bancaria, pero exigiéndole al Banco Central que opere dentro de los límites de un "reglamento único de supervisión" que será elaborado por la Autoridad Bancaria Europea (ABE).

La ABE es una institución de la Unión Europea que, no por casualidad, tiene su sede en Londres.

Es muy confuso cómo se resolverá ese traslapamiento o interferencia entre las indicaciones que dé el Banco Central Europeo a los supervisores y el detallado reglamento de supervisión diseñado por la ABE. ¿Qué pasará si la ABE cree que el banco central no está realmente siguiendo el nuevo reglamento?

Estas luchas pueden parecer abrumadoramente aburridas, plagadas de acrónimos y organizaciones a veces poco transparentes. Pero hay más de 40 billones de dólares de activos bancarios que deben ser supervisados ​​y la posibilidad de que cientos de miles de millones, si no es que billones de dólares, se pierdan si las cosas salen mal.

El equilibrio de poder dentro de cada una de estas organizaciones burocráticas refleja alineaciones con ciertos grupos de países o intereses financieros y políticos.

Los gobiernos y las instituciones europeas combatirán muy duro para proteger su influencia y por su concepto de lo que ellos creen que es la respuesta correcta.

Conclusión: La unión bancaria llegará y será útil, pero esperemos una gran cantidad de baches en el camino y una fecha algo lejana, a menos de que los mercados azucen una nueva ola de crisis que obligue a los dirigentes europeos a dejar de lado las pequeñas peleas con el fin de salvar todo el sistema.

Entre las dificultades que hay por delante, el apartado de la estructura de la unión bancaria que afecta directamente al dinero -las garantías de depósitos- no se incluyó en esta propuesta. Pero se dará a conocer próximamente.

Douglas J. Elliott, se desempeñó como banquero de inversión durante dos décadas y es investigador de la Brookings Institution.

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