Empresas luchan por lucir ‘Hecho en EU’

Cada vez más compañías hacen alarde de fabricar sus productos en el país para atraer clientes; sin embargo, la legislación en la materia es compleja y suele darles dolor de cabeza.
vestidos  (Foto: Thinkstock)
Emily Jane Fox

Con tanto que se hablado sobre la necesidad de reactivar la producción en Estados Unidos y de crear empleos, cada vez más compañías hacen alarde de las raíces americanas a fin de atraer a clientes. La idea de que comprar algo hecho en el país impulsará a la economía se ha convertido en un artículo de fe durante la crisis económica. Muchas empresas tratan de capitalizar eso ponerle a sus productos una etiqueta con la leyenda "Hecho en Estados Unidos".

La compra de bienes fabricados en Estados Unidos se ha convertido en algo personal, de acuerdo al director creativo de Made Movement, Dave Schiff, un sitio web que comercializa y vende sólo productos hechos en Estados Unidos.

Los compradores creen que con la adquisición de productos hechos en Estados Unidos apoyan a las empresas y así ayudan a mejorar la situación.

La gente está buscando etiquetas "Hecho en Estados Unidos" porque sabe que así es como se crean empleos, dice el directivo.

Los compradores piensan: "Mi hijo, que está desempleado, podría beneficiarse si presto atención a una etiqueta. La economía en general recibe un disparo en el brazo."

Pero antes de que una empresa pueda utilizar una etiqueta así debe cumplir con un complejo conjunto de reglas.

La Comisión Federal de Comercio tiene un vertiginoso reglamento de 44 páginas que establece las directrices  de uso, y las especificaciones son suficientes para marearte.

Por ejemplo, los productos nacionales como textiles, lana, piel o los  automóviles debe tener por ley la etiqueta "Hecho en Estados Unidos".

Las empresas no están obligadas a informar sobre el lugar de origen en la mayoría de otros productos, pero muchas eligen hacerlo para promocionar la procedencia americana a fin de atraer a clientes.

Las empresas que buscan un impulso con el uso de la etiqueta tienen que ser capaces de demostrar que sus productos son ensamblados o procesados ​​en Estados Unidos, de acuerdo con la Comisión.

El organismo no se puede verificar in situ los artículos que se promocionan como hechos en Estados Unidos, pero sí puede investigar denuncias.

Por supuesto, actualmente muchos fabricantes se basan en las cadenas globales de suministro, lo que hace más difícil determinar cuándo una empresa puede hacer correctamente una reclamación. Los reguladores tratan de evaluar cuánto del total de un producto proviene de Estados Unidos.

Para los bienes que tienen partes hechas en diferentes países, la Comisión se basa en lo que llama la regla de "un paso remoto".

Por ejemplo, si una camiseta está hecha con tela extranjera, pero se cose en Estados Unidos, no puede ser etiquetada como "Hecho en Estados Unidos".

Sin embargo, si un fabricante utiliza tela hecha en Estados Unidos que se cose con hilo creado en el extranjero, se le permitiría utilizar la etiqueta.

Las empresas que no pueden obtener todos sus componentes en el país pueden promover un recurso previsto por la Comisión, para que la etiqueta diga: "Hecho en Estados Unidos con piezas importadas" o "Montado en los Estados Unidos".

Mientras que las distinciones contenidas en el reglamento pueden ser menores, un incumplimiento a las normas puede significar a las empresas una "tonelada" de dinero.

Si la Comisión halla una etiqueta engañosa puede presentar una demanda y pedir una multa vía orden judicial o una compensación a los consumidores.

Según Matt Wilshire, del equipo de abogados de la agencia, las multas pueden alcanzar hasta los 16,000 dólares por un artículo vendido mal etiquetado, o por cada día en que éste fue anunciado.

"Esto podría convertirse en una importante figura muy rápidamente", dijo.

El profesional citó un caso que terminó costando a un negocio cerca de 400,000 dólares en multas.

Muchos creen que el reglamento también protege a las pequeñas empresas en el largo plazo.

Brian Meck, quien es co-propietario de Fessler USA, un fabricante que hace ropa para minoristas como Urban Outfitters (URBN), dice que las regulaciones recompensan a las compañías que pagan mayores costos por la fabricación nacional mediante la defensa de la reclamación "Hecho en Estados Unidos (las derivaciones mencionas líneas arriba).

Sin las reglas, indica, las grandes marcas podrían beneficiarse de la etiqueta mientras importan materiales más baratos para reducir costos, sin que nadie sepa la diferencia.

Meck también menciona que la normativa no sólo protege a las empresas, sino también ayudar a los consumidores. "Da (a los consumidores) la capacidad de saber a dónde van sus dólares y lo que realmente están apoyando".

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Para New Balance Athletic Shoe, empresa de calzado deportivo, los pros de las reglas del etiquetado son mayores que los inconvenientes.

"Desde un punto de vista económico se agregan cargas diferentes (los esquemas regulatorios, salario y beneficios) en comparación con los competidores, pero la retroalimentación que tenemos es bastante sobresaliente, así que hacemos todo lo posible para hacer que continúe trabajando", apunta el portavoz de la firma, Matt LeBretton.

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