Segunda mano, inevitable opción española

La crisis obliga la compra de objetos de segundo uso y a retrasar la adquisición de bienes nuevos; paradójicamente hay un giro comercial que está creciendo: el de los negocios de reparaciones.
españa  (Foto: AP)
MADRID (CNN) -

Los tiempos difíciles están obligando a los españoles a superar su amor por lo nuevo. Por primera vez en una generación, muchos de ellos están aprendiendo a reparar las cosas cuando se rompen e incluso a comprarlas de segunda mano.

Durante los años de bonanza económica, los consumidores desarrollaron una resistencia cultural a comprar cosas viejas e incluso a abandonar las nuevas cuando no funcionaban perfectamente, pero la inesperada crisis económica que surgió hace cuatro años lo ha cambiado todo.

Mucha gente aprende ahora el verdadero valor de los bienes, la "compra inteligente" está de moda y los hábitos de consumo han pasado de ostentosos a precavidos.

"En 2007 Y 2008, en España la gente cambiaba de televisor o de refrigerador casi como de traje", dice José Carrasco, responsable del negocio de reparaciones Fersay.

Mientras muchas empresas luchan por sobrevivir, las ventas de componentes electrónicos en Fersay aumentaron 19% en la primera mitad del año. Estas piezas se usan normalmente para reparar electrodomésticos rotos que antes se habrían tirado.

"Está más claro que el agua, es por la crisis", afirma.

La prosperidad llegó relativamente tarde a España. Mientras que muchos europeos disfrutaban de un aumento del nivel de vida en la década de los 60, los españoles tuvieron que esperar hasta la muerte de Franco en 1975, la consiguiente restauración de la democracia y la entrada del país en lo que ahora es la Unión Europea en 1986.

Pero cuando los estándares de vida empezaron a despegar, lo hicieron espectacularmente. Entre 1982 y 2008, la economía disfrutó casi de un crecimiento casi continuo, alcanzado tasas anuales del 5%.

En ese cuarto de siglo el consumo se volvió ostentoso y muchos españoles se volvieron bastante exigentes. Con el auge del mercado inmobiliario, abundaron las historias de gente que quería únicamente casas de nueva construcción equipadas con electrodomésticos nuevos.

Los españoles y extranjeros que preferían los pisos viejos, dispuestos a convivir con dudosas instalaciones de fontanería o electricidad a cambio de una casa con carácter, eran vistos como excéntricos.

A menudo, Carrasco y sus colegas se sorprendían al ver cómo se descartaban productos que todavía estaban en buenas condiciones. Se lo achaca a la cultura:

"Somos latinos, no hay que olvidar, queremos el último modelo de coche o de televisión (...)".

Pero la bonanza se acabó. La burbuja inmobiliaria estalló en 2008, la economía sufre su segunda recesión en tres años y las ventas de las tiendas caen desde hace más de dos años.

Un cuarto de la población activa está en el desempleo y las medidas de austeridad diseñadas por el Gobierno de Mariano Rajoy para rebajar en 65,000 millones de euros el déficit presupuestario para 2014 hacen mella en la confianza de los consumidores.

El Gobierno de centro derecha subió el IVA al 21% a principios de septiembre, una acción que podría recortar el gasto futuro.

Todo esto empuja a los españoles a repensar su aversión a la compra de productos de segunda mano y a mantener las que ya tienen durante más tiempo. El 40% de la población compró o vendió artículos usados en 2010, más de un tercio de los que lo hicieron en 2006, según la cadena de empeños Cash Converters.

El 70% de los coches vendidos en España ahora son de segunda mano, comparado con el 51% de 2007, y la mitad de los vehículos que circulan por las carreteras tiene más de 10 años. Irónicamente, los deshuesaderos de autos están sufriendo su propia crisis porque la gente conserva sus unidades más tiempo.

Por otro lado, las tiendas de segunda mano empiezan a multiplicarse.

"Tradicionalmente no hemos sido un país donde nos gustara comprar cosas de segunda mano. En Reino Unido era bastante más común, independientemente de si hubiera crisis económica o no", menciona Carlos Hernández, analista de Planet Retail en Madrid.

Británicos y estadounidenses llevan muchos años curioseando en tiendas de caridad, donde se venden artículos donados para recaudar fondos para los necesitados. El modelo es distinto en España, donde la Iglesia redistribuye lo donado directamente entre los pobres.

Pero incluso esto está cambiando. La organización no gubernamental Humana tiene ahora 26 tiendas de caridad en España, comparadas con las 17 de 2009.

"Es verdad que hemos visto un aumento en el número de clientes que vienen a nuestras tiendas en los últimos años (...), aunque la media de gasto por cliente ha caído, en parte, por la situación económica", dice Rubén González portavoz de Humana.

Puntadas y ahorros

Los escaparates vacíos ahora son escenarios habituales en Madrid, pero en una esquina de la ciudad dos negocios prosperan: una tienda de reparación de muebles y un taller de costura.

Ambos han cambiado los servicios que ofrecían para mantenerse a flote durante la crisis.

Los colombianos Armando Hernández, de 59 años, y Maribel Colonia, de 41, vieron cómo su negocio de enmarcado de cuadros se secaba con el fin de la bonanza. Así que pusieron un cartel en la ventana para ofrecer reparaciones de muebles y se han visto desbordados por la respuesta.

"Nuestra situación ha mejorado haciendo reparación de muebles porque con los marcos se había puesto muy difícil. Nuestro estilo de vida ha mejorado en todo, desde la comida al alquiler. Vivimos un poco más tranquilos (...) aunque no es que podamos ahorrar algo", indica Hernández.

La tienda Terracotta en el barrio de Prosperidad, en el centro de Madrid, está repleta ahora de sillas, armarios y mesas. Sus clientes llevan incluso piezas de la cadena sueca Ikea para reparar.

Al cruzar la calle está A Lan, una tienda china de reparación de ropa que comenzó como ultramarinos. El negocio está yendo tan bien que A Lan Huang, de 47 años y quien lleva nueve en Madrid, abrió un taller en la misma calle donde varios trabajadores se encorvan sobre máquinas de coser para hacer y reparar ropa.

"He estado cosiendo durante 32 años. Empecé aquí porque la otra tienda no iba muy bien (...) Ya hay más demanda que antes, pero también hay más competencia",  explica.

Los vecinos dicen que normalmente hay colas de clientes para dejar su ropa para reparaciones y copias. Al principio Huang trabajaba sólo con su hija, pero su taller emplea ahora a siete personas.

Nuevo modelo de cliente

Noemi Logroño, una ecuatoriana impecablemente vestida y propietaria de Figure, una tienda de ropa de segunda mano en el barrio de clase media de Chamberí, afirma que sus clientes han cambiado en el último año.

Ella ha visto un aumento en los clientes de clase media-alta que no habían comprado prendas de segunda mano antes. Dice que se han vuelto más exigentes, pues buscan artículos concretos y se van con las manos vacías si no encuentran lo que necesitan.

"Tengo clientes en paro, arquitectos, abogados, ingenieros, que incluso me piden trabajo. No me estoy haciendo rica con la caja, pero al menos tengo trabajo y como autónoma puedo mantenerme", manifiesta.

En el vecino distrito de Argüelles, Inés Serrano, trabajadora sanitaria, necesita un coche de segunda mano. Quiere ahorrarse entre 6,000 y 7,000 euros en un momento incierto para los funcionarios, quienes han visto cómo se recorta su sueldo:

"Los recortes están afectándonos realmente, tienes que trabajar más y en diferentes sitios".

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Ángel Rodríguez, responsable de ventas de Argüelles Cars, dice que ahora ofrece vehículos más baratos:

"Todo ha cambiado. Hace seis o siete años se vendían cuatro o cinco coches nuevos por cada uno de segunda mano, ahora son tres o cuatro usados por cada uno nuevo".

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