Argentina resiste presión internacional

Los países ricos no tienen amigos, tienen subordinados, dijo la presidenta Cristina Fernández; el gobierno debe imponer condiciones para satisfacer necesidades sociales, no las empresas, afirmó.
Cristina Fernandez  (Foto: AP)
BUENOS AIRES (AP) -

La presidenta Cristina Fernández visita Wall Street y Washington con un mensaje para responderle a quienes la critican por negarse a jugar bajo las reglas del sistema financiero internacional: olvídense de las reglas.  El gobierno de Fernández ha acumulado una enorme cantidad de deudas sin pagar a medida que ha intentado sacar al país de la catastrófica crisis acaecida hace una década. Fernández asevera que la recuperación económica se ha logrado precisamente gracias a que su gobierno ha resistido las presiones internacionales y ha puesto las necesidades sociales como prioridad.

Los argentinos antes "miraban deslumbrados al Norte", dijo la presidenta cuando inauguraba un tramo de autopista, uno de muchos proyectos de infraestructura que según ella no se hubieran cumplido si su gobierno hubiera accedido a las exigencias extranjeras.

"Los países ricos no tienen amigos; tienen empleados y subordinados, y nosotros no vamos a ser ni empleados ni subordinados de nadie, somos un país libre con dignidad y orgullo nacional".

Fernández pronunciará un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el martes y luego dictará conferencias en Georgetown y Harvard. Se espera que en esos foros ella insista, como lo ha hecho en el pasado, en que su manejo de la economía ha reactivado las fábricas, ha generado empleo, impulsado la igualdad social y trazado el camino para un futuro brillante para su país.

Fernández dice que ahora las corporaciones ya no le dictan órdenes a los gobiernos, sino que es el gobierno el que les impone condiciones para satisfacer las necesidades sociales. Los recursos naturales han vuelto a estar bajo soberanía nacional, y Argentina está más libre que nunca de obligaciones financieras internacionales.

Sin embargo, los críticos pintan un cuadro muy distinto. Sólo en los últimos días, Moody's Investors Service bajó la calificación de riesgo de Argentina, con lo que podría aumentar el costo de hacer negocios con el país, y el Fondo Monetario Internacional ya dio "la tarjeta amarilla", amenazando con sanciones si el gobierno no corrige antes del 17 de diciembre sus cifras económicas que son ampliamente cuestionadas.

La agencia argentina INDEC ha mantenido la inflación a menos de 1% para los últimos 29 meses, aunque para el consumidor promedio los precios han subido a una proporción dos o tres veces mayor.

"Espero que podamos evitar la tarjeta roja, pero si las estadísticas no son corregidas, si no cumplen con las reglas, entonces todos los jugadores son iguales. No importa lo buenos que sean jugando al futbol," explicó Christine Lagarde, jefa del FMI, durante una conferencia el lunes en Washington.

Diplomáticos y encargados de comercio estadounidenses han perdido la paciencia, derogando preferencias comerciales debido a la negativa de Fernández de pagar indemnizaciones estipuladas por tribunales en más de 100 casos. Su gobierno también ha hecho caso omiso de instrucciones emitidas por mediadores del Banco Mundial y por el Club de París, y ha desestimado las sanciones de la Unión Europea de imponer sanciones por expropiar sin compensación la participación del Grupo Repsol en la empresa petrolera estatal.

"Estas cuestiones legales siguen enviando una advertencia a los inversionistas de que el gobierno argentino no respeta el estado de derecho", aseveró en un reporte Michael Economides, de la Universidad de Houston".

Argentina parece haber alcanzado "un punto de inflexión en su estrepitosa caída económica", dijo el analista, exhortando al gobierno argentino a "mostrar rápidamente a los inversionistas que está dispuesto a jugar según las reglas".

Fernández se anticipó a esas críticas al decir en su discurso que su esposo y predecesor, el presidente Néstor Kirchner, se atrevió "a mandar al diablo al FMI".

"Eso es lo que nunca le van a perdonar: que haya demostrado contra todos los teóricos del desánimo que se podían hacer las cosas necesarias para que los argentinos vivan mejor", dijo Fernández.

"Nos siguen castigando porque somos el mal ejemplo de que un país se puede construir sin tutelaje de afuera ... Somos ejemplo de un país que vota a un presidente y que ese es el que toma las decisiones, somos ejemplo de que en la más brutal de las crisis hemos crecido más que en los últimos 200 años de historia".

No hay duda de que los argentinos viven mejor de lo que vivían hace una década, cuando la economía estaba en ruinas, pero los años de vertiginoso crecimiento quedaron paralizados este año. Hasta el INDEC reportó el viernes que el PIB tuvo cero crecimiento en el segundo trimestre y que la inversión nacional cayó en 15%. Analistas privados ofrecen cifras aun más sombrías, y acusan a Fernández de llevar al país a la recesión.

El apoyo popular del gobierno de Fernández ha caído pronunciadamente, de 64% en octubre pasado a 35% el mes pasado, según Management & Fit, quien realizó un sondeo de 2,259 personas con un margen de error de 2.2%.

Pero a decir verdad, los analistas han estado vaticinando el colapso económico de Argentina durante años, y Fernández no muestra intenciones de dar marcha atrás.

Su actitud podría quedar a prueba en sus reuniones en Estados Unidos, incluyendo una con el director ejecutivo de Exxon Mobil Corp, Rex W. Tillerson, para analizar nuevas iniciativas. Economides es uno de muchos analistas que si no hay compensación plena para Repsol, ninguna otra compañía importante invertirá miles de millones de dólares a largo plazo en Argentina.

Fernández ha disfrutado de mayor político desde que fue reelegida con 54% de los votos en octubre pasado. Sus aliados son mayoría firme en el Congreso, mantienen los tribunales bajo control y han suprimido la actividad de auditores que podrían amenazar la gestión. Cualquier dato inconveniente puede ser soslayado: desde el 2008 no se divulgan cifras de delincuencia a nivel nacional.

Desde que falleció Néstor Kirchner hace casi dos años, Fernández, de 59 años, ha tomado tantas decisiones entre un grupo reducido de asesores que los argentinos hablan de que su país es una "dedocracia" más que una democracia.

Un programa social por 6,000 millones de dólares que Fernández creó por decreto ha duplicado su magnitud y su costo sin que el Congreso siquiera realizara una audiencia. La nacionalización de los fondos privados de pensiones ha generado un caudal de ingresos que ella decide cómo gastar. Recientemente, ella instruyó reorientar fondos públicos para ayudar a los pobres a conseguir vivienda, pero a tasas tan bajas que el principal quedará mermado por la inflación.

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Fernández ha gozado de gran popularidad en parte porque todo este gasto público ha estimulado la economía. Los aumentos de sueldo de 25% le han permitido a las clases obreras mantenerse pareja con la inflación, y los pagos para bienestar infantil han impedido que las barriadas pobres estallen en protestas.

Pero los argentinos de clase alta o media, cuya riqueza es objeto de críticas por parte del gobierno, se expresan pesimistas ante las nuevas restricciones sobre las transacciones en dólares. La medida tiene como objetivo impedir la evasión fiscal y aumentar las reservas de capital del país, pero han ahuyentado a los inversionistas y no han impedido la salida de capitales, que según el INDEC totalizó 1,200 millones de dólares sólo en el último trimestre.

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