Detractores de Basilea, en pie de guerra

Bancos y grupos de la industria argumentan en contra de los estrictos nuevos requisitos de capital; afirman que el dinero destinado a la liquidez frenará los préstamos y el crecimiento económico.
monedas  (Foto: Archivo)
Brooke Masters
Financial Times -

El tiempo se acaba para los opositores de Basilea III. Han pasado casi dos años desde que los reguladores de 27 países llegaron a un histórico acuerdo de reforma bancaria destinado a prevenir futuras crisis financieras.

Los requisitos más estrictos de capital para los bancos se introducirán gradualmente a partir del final del año, y los reguladores que integran el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea han prometido una versión final de los estándares de liquidez previstos para enero. Los líderes del Grupo de las 20 economías líderes han aprobado los estándares y la mayoría de los países están actuando para imponerlas.

Pero algunos banqueros y grupos de la industria siguen luchando con fuerza para diluir ciertas partes del paquete que dicen afectarán el crecimiento económico. Sus esfuerzos se han vuelto más sofisticados desde 2010, cuando los reguladores desestimaron las osadas afirmaciones de los grandes bancos globales de que las reformas provocarían 10 millones de empleos menos, calificándolas como una burda exageración.

Ahora, los grupos de la industria están encargando -o, en algunos casos, realizando- proyectos  específicos de investigación para mostrar cómo determinados apartados de las normas podrían tener efectos perniciosos.

Un reciente estudio de la Universidad de Harvard patrocinado por el American Securitisation Forum se enfocó en la nueva correlación de cobertura de liquidez, la cual requerirá que los bancos tengan suficiente dinero en efectivo y activos fáciles de vender para sobrevivir a una crisis de 30 días en el mercado. El Comité de Basilea está profundamente dividido sobre si y cuáles instrumentos deberían contar como activos líquidos más allá de efectivo, los bonos soberanos y los bonos corporativos con alta calificación.

El estudio de Harvard, cuyos autores son David Rand y Martin Nowak, sostiene que una definición estrecha de liquidez podría resultar autodestructiva y que aceptar una gama más amplia de activos conduciría a una mayor estabilidad.

Los investigadores del Royal Bank of Scotland, por su parte, están enfocando su vista en una subsección de las reglas de capital de Basilea encaminadas al riesgo de las contrapartes.

Escogieron un derivado en particular, hicieron los cálculos para determinar las posibles pérdidas si la contraparte se metiera en problemas y llegaron a la conclusión de que el paquete de Basilea obligaría a los bancos a mantener capital 3.4 veces más de lo necesario.

RBS dice que los bancos europeos podrían utilizar el capital necesario para cubrir este cargo -ajuste de valoración del crédito (CVA, por sus siglas en inglés)- para mantener 1 billón de euros en créditos corporativos adicionales en su lugar.

Los estudios empatan con posturas que están siendo impulsadas por algunos banqueros centrales y políticos europeos, que creen que las normas de Basilea pueden agravar los problemas económicos del continente.

Otros reguladores y académicos son más escépticos. Señalan que la liquidez se secó en el mercado de titularización en 2008, y que los problemas con contrapartes como AIG, Lehman Brothers y las aseguradoras de bonos exacerbaron la crisis financiera. E incluso si el denominado cargo CVA fuera retirado, no hay nada que garantice que el capital liberado sería utilizado para respaldar préstamos en lugar de a alguna otra actividad menos noble - como más derivados.

Es probable que algunas concesiones sean otorgadas a la industria cuando Basilea se reúna de nuevo a finales del año y cuando la Unión Europea y los distintos países hagan cumplir las normas globales en casa.

Pero es poco probable que la industria consiga todo lo que quiere, por lo menos en este momento.

Incluso a medida que Basilea III llega a su conclusión, un grupo pequeño pero creciente de reguladores han comenzado a argumentar que el libro de reglas se ha vuelto demasiado complicado y que las normas deberían ser desechadas en conjunto.

Andy Haldane, un funcionario del Banco de Inglaterra, recientemente llamó a poner fin a la práctica de permitir a los bancos a medir sus propios riesgos al fijar los requisitos de capital, y Thomas Hoenig, director de la Corporación Federal de Seguros de Depósito de Estados Unidos (FDIC, por sus siglas en inglés), quiere dejar de usar el riesgo por completo y depender exclusivamente de una "correlación de apalancamiento" entre el capital propio y los activos totales.

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Ninguna solución es aceptable para los bancos. No es sorprendente que algunos ejecutivos estén poco entusiasmados por un proyecto del Comité de Basilea que está tratando de comparar la forma en que las distintas instituciones miden el riesgo, con un enfoque hacia una mayor estandarización.

Pero si de algo podemos estar seguros es de que la industria tratará de explotar cualquier solución que emerja. ¡Prepárate para el disparo de salida en Basilea IV!

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