Crisis del euro: encontrando culpables

Alemanes, europeos del sur y anglosajones son considerados los ‘malos’, señala Gideon Rachman; aunque las opiniones se contraponen, definir este punto cambiaría el curso de la crisis en Europa.
Europa bloque  (Foto: Thinkstock)
Gideon Rachman
Financial Times -

"Esto es lo que tienes que hacer si quieres que la gente construya estatuas de ti sobre un caballo". Valéry Giscard d'Estaing sin duda estaba siendo enigmático cuando instó a sus colegas a tomar decisiones audaces sobre el futuro de Europa. Pero el comentario del ex presidente francés ofrece una reveladora visión acerca de la mentalidad que creó el actual gran desastre del euro.

La Unión Europea ahora tiene que lidiar con las consecuencias de la arrogancia de los 'grandes europeos' de una generación previa. La gente que creó el euro -hombres como el ex canciller alemán Helmut Kohl, y Jacques Delors, el ex líder de la Comisión Europea- compartieron el deseo de Giscard d'Estaing de pasar a los libros de historia. Pero su sueño de dejar el legado de una Europa unida, con una moneda única como su esencia, se ha convertido en una pesadilla.

En medio de una completa crisis económica y política podría parecer insensato -o incluso vengativo- criticar a los estadistas de ayer. Pero poder responder a la pregunta "¿Quién tiene la culpa?" será importante para resolver la crisis del euro.

El país o grupos que terminen por asumir la mayor parte del odio generado por la crisis emergerán con una visión del mundo e intereses dañados y en retirada. En términos generales, hay tres grupos que compiten por ser el malo de la película: Los alemanes, los europeos del sur y los 'anglosajones'.

El resentimiento contra Alemania se ha extendido en el sur de Europa. Un vívido ejemplo reciente provino de Italia, cuando Il Giornale publicó una portada que hablaba acerca de un 'Cuarto Reich' alemán. Pero la crítica feroz hacia los alemanes no se limita al sur de Europa. Anatole Kaletsky, un comentarista económico muy respetado de Reino Unido, escribió una columna en junio, en la que declaraba: "Nadie debería sorprenderse de que Alemania se haya convertido en la mayor amenaza para Europa. Después de todo, esto ha ocurrido ya dos veces desde 1914".

El argumento anti-alemán es que la economía más potente de Europa se ha negado a aceptar las obligaciones mutuas que conlleva una moneda común. Se dice que el sistema del euro ahora favorece masivamente a Alemania. Sin embargo, en lugar de restaurar el equilibrio en la zona euro mediante la mutualización de la deuda e impulsar la demanda interna, Alemania está cosechando las ganancias mientras impone la austeridad en el resto de Europa.

Como era de esperar, esta visión no es compartida por casi nadie en Alemania o en los otros países acreedores del norte de Europa, como Finlandia y los Países Bajos.

Los del norte creen que han "hecho su tarea" al impulsar dolorosas reformas. También han suscrito fondos de rescate por valor de cientos de miles de millones de euros. La narrativa dominante en el norte de Europa es que la crisis es culpa de los derrochadores y corruptos países del sur, cuyo objetivo sigue siendo tener una vida de ocio financiada por sus vecinos del norte que trabajan más duro.

Geert Wilders, líder del Partido Libertario holandés, acusó al primer ministro de su país de estar "servilmente de rodillas ante la mafia italiana y española". La mayoría de los políticos europeos del norte se abstendrían de usar un lenguaje incendiario como ése. Sin embargo, la desconfianza y la exasperación hacia los europeos del sur es común.

Los analistas británicos y estadounidenses podrían pensar que se encuentran a salvo de todos estos insultos. Pero eso es un error. Hay una fuerte corriente de pensamiento dentro de Europa que señala que el verdadero villano de esta crisis es el capitalismo financiero, tal como se practica en Reino Unido y Estados Unidos.

José Manuel Barroso, presidente de la comisión, señaló de manera irascible en una cumbre del G20 que "la crisis no se originó en Europa... Esta crisis se originó en Norteamérica y gran parte de nuestro sector financiero estaba contaminado por prácticas poco ortodoxas".

Muchos comentaristas europeos se han aferrado al papel desempeñado por Goldman Sachs para ayudar a Grecia a maquillar a la baja sus cifras de deuda en los años previos a la crisis. Este tipo de argumento se desliza fácilmente hacia la teoría de la conspiración.

Hay funcionarios de alto rango dentro de la UE que parecen genuinamente convencidos de que el Financial Times es parte de una conspiración 'anglosajona' para destruir la moneda única. (Eso no es cierto, en caso de que te lo estés preguntando) Para muchos pro-europeos, es tentador enterrar las diferencias que existen dentro de la eurozona mediante la búsqueda de chivos expiatorios en otros lugares; como en los mercados financieros 'anglosajones'.

Estos intercambios retóricos son de interés más que académico. Al dar forma al debate, también darán forma al futuro curso de la crisis. El argumento de que el capitalismo anglosajón tiene la culpa ya ha conducido a un impulso por una mayor regulación financiera en Europa; y a una mini-crisis en las relaciones entre la zona euro y Gran Bretaña. Las medidas futuras para golpear a los anglosajones podrían terminar por impulsar a Gran Bretaña a buscar una salida de la propia Unión Europea.

Por el contrario, si los europeos del sur colectivamente acuerdan que Alemania es el verdadero villano de la obra, podrían tratar de aislar a Alemania dentro de Europa. Y si los alemanes siguen creyendo que las trampas en el sur de Europa son el problema, insistirán aún más en la austeridad.

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Así que, éste es un posible punto de acuerdo. En lugar de atacarse entre sí, los europeos deben culpar a los 'grandes europeos' del pasado. Hombres como Kohl y Delors fueron verdaderamente 'grandes' en otros contextos.

Kohl dirigió durante el proceso de unificación de Alemania. Delors construyó el mercado único europeo. Pero cuando llegaron al euro, prosiguieron su gran visión, ignorando las objeciones de aquellos que cuestionaron si una moneda única podría funcionar para economías tan diversas. La Europa de hoy está viviendo las consecuencias de su arrogancia.

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