Romney-Obama, dos visiones económicas

El republicano quiere menos regulación y más recortes presupuestarios a programas sociales; por el contrario, el presidente considera que un mayor gasto público incentivaría los empleos.
elecciones cartera  (Foto: Cortesía CNNMoney)

Conseguir que la economía vuelva a crecer es un tema central para la mayoría de los votantes estadounidenses en la elección que se aproxima.

Los candidatos ofrecen dos propuestas muy diferentes sobre cómo reactivarán la economía, que esencialmente se reducen a escoger entre aumentar el gasto gubernamental y bajar los impuestos y reducir las regulaciones.

La revista Money ofrece una instantánea para entender cuál es la postura de los candidatos para estimular la economía y por qué sus propuestas no pueden ser soluciones rápidas.

Recuperar el crecimiento

Lo que está en juego: Los altibajos normales de la economía no son siempre una preocupación urgente para cada votante. Pero no estamos en una economía normal.

Incluso si tenemos un empleo, años de flaco crecimiento y tasas de desempleo persistentemente altas han tenido consecuencias psicológicas, hasta el punto de no poder influir sobre el jefe para obtener un mejor salario o un ascenso.

Para los jubilados, los esfuerzos que ha hecho la Reserva Federal (Fed)  para evitar que la situación empeore, combinados con el éxodo de los inversionistas hacia el refugio de los bonos del Tesoro, se han traducido en bajísimas tasas de intereses pagadas sobre los ahorros. De allí que alcanzar el crecimiento de la economía sea la principal prioridad de muchos votantes. Sin embargo, pocas veces Washington ha estado más polarizada en lo que respecta a la forma de lograr ese anhelado crecimiento.

Romney

La promesa: Una economía a lo Reagan, es decir, Romney quiere menos regulación.

El republicano trabajaría para derogar la legislación Dodd-Frank, la ley creada tras la crisis que tiene como objetivo controlar a Wall Street. Él quiere menores impuestos sobre las sociedades, un punto en el que Obama coincide.

También ha dicho que no reelegiría a Ben Bernanke como presidente de la Reserva Federal cuando éste termine su mandato en 2014; según el portavoz Burks, Romney buscaría para el cargo a alguien comprometido con una "moneda fuerte". Eso podría significar un presidente de la Fed menos activista a la hora de estimular la economía.

Y luego están las menores tasas impositivas a las rentas individuales, que los republicanos creen que son importantes para recompensar el trabajo y la inversión.

En el otro lado de la balanza, Romney se compromete a equilibrar el presupuesto, reduciendo el gasto público hasta que equivalga a un 20% del PIB para 2016, desde el 24% de hoy.

El problema: Las pasadas administraciones republicanas -Reagan, Bush- han demostrado ser muy buenas en recortar impuestos. ¿Pero en reducir déficit? No tanto.

Los impuestos bajos son buenos para el crecimiento, pero tienen que ser sopesados frente al riesgo de elevar la deuda.

La propuesta de Romney depende, en parte, de si él puede conseguir que el Congreso apruebe los recortes al gasto que  finalmente pagarían o compensarían los impuestos más bajos.

Los analistas del organismo liberal Center on Budget and Policy Priorities opinan que el restrictivo techo que Romney impondría al gasto expone a programas de protección social, como Medicaid, a dolorosos recortes presupuestales.

El impacto potencial: La actitud pro-empresarial de Romney podría atizar un crecimiento adicional, pero no esperemos un giro de 180 grados. Las regulaciones y los impuestos no son las únicas cosas que preocupan hoy a los directores corporativos a la hora de hacer contrataciones. Los consumidores siguen profundamente endeudados y la vivienda sigue débil; Romney no ofrece soluciones rápidas en ese frente.

Obama

La promesa: Si el plan económico de Romney es un relanzamiento de una franquicia de los ochenta, la propuesta de Obama es la secuela de la costosa película de la temporada pasada.

Desde que asumió el cargo, el Presidente ha centrado sus esfuerzos para reactivar la economía en rápidas inyecciones de gasto público y en llevar más dinero a los consumidores de bajos y medianos ingresos. Estas iniciativas incluyeron asignar fondos para proyectos de construcción, subsidios para renovar el parque automovilístico y recortes impositivos temporales.

Muchos economistas creen que el estímulo impidió que el país entrara en una recesión aún más profunda, pero no ha sido suficiente para crear una fuerte recuperación. La propuesta presupuestaria de Obama para 2013 busca más estímulo, pero la escala es menor. Contempla ayudas para los estados con problemas financieros para que puedan contratar más maestros y policías, y fondos para la construcción de redes viales y ferroviarias.

El problema: Al margen del debate sobre si los estímulos originados de un mayor gasto funcionan, hay una pregunta práctica que se le plantea al plan de Obama: El Presidente y... ¿qué Congreso?

Incluso si Obama gana las elecciones, él probablemente tendrá que negociar con una Cámara controlada por los republicanos para evitar un inminente panorama anti-estímulo en la forma del "precipicio fiscal" constituido por alzas impositivas y recortes de gastos que entrarán en vigor de manera automática según lo convenido el año pasado en el acuerdo del techo de la deuda.

"Ciertamente caeremos en una recesión si golpeamos de lleno contra el precipicio fiscal", advierte Jeff Vanke del Comité para un Presupuesto Federal Responsable.

El impacto potencial: Al igual que con Romney, es difícil que Obama ofrezca una rápida recuperación económica. Y en el largo plazo, incluso después de que disminuyan sus programas de estímulo, habrá encaminado al país a un nivel de gasto mayor que el de Romney (22.3% del PIB), lo cual exige impuestos más altos.

Aun cuando el presidente suele argumentar que un mayor gasto es una forma de impulsar el crecimiento, la verdad es que una gran parte de su agenda económica gira en torno a su visión de lo que una buena sociedad debe ser. La Ley de Asistencia (sanitaria) Asequible no es un programa de empleo, es evidente.

En el otro extremo, del mismo modo, muchos votantes elegirían la visión de Romney de menores impuestos a los ricos pero menos servicios públicos, aún si esa opción los deja en peor situación personal. Por mucho que pienses en tu cartera al votar, es difícil evitar votar según tus valores.

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