Lecciones británicas para la eurozona

Italia y España deben evitar los errores cometidos por Reino Unido en 1920 y 1930, dice Martin Wolf; los ajustes fiscales y la austeridad no resultarán sin un crecimiento y un apoyo monetario sólidos.
Euro zona euro Europa  (Foto: Thinkstock)
Martin Wolf*
Financial Times -

¿Qué sucede si una gran economía, con altos ingresos, tipo de cambio fijo, y cargada con altos niveles de deuda y una sobrevaluación, intenta reducir su deuda y recuperar la competitividad?

Esta cuestión es de relevancia actual, ya que es el desafío que enfrentan Italia y España. Sin embargo, como demuestra un capítulo del más reciente Panorama Económico Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), existe una experiencia histórica relevante: la de Reino Unido entre las dos guerras mundiales.

Un ejemplo que demuestra que la interacción entre los intentos contra las ‘devaluaciones internas' y la dinámica de la deuda es potencialmente letal. Por otra parte, la situación de Italia y España es, en muchos aspectos, peor que la de Reino Unido en aquel entonces. Éste último, después de todo, podía abandonar el patrón oro, mientras que salir de la zona euro es mucho más difícil. Además, Reino Unido tenía un banco central capaz y dispuesto a reducir las tasas de interés. El Banco Central Europeo (BCE) podría no ser capaz y ni estar dispuesto a hacer lo mismo para Italia y España.

El Reino Unido emergió de la Primera Guerra Mundial con una deuda pública del 140% del Producto Interno Bruto (PIB) y precios de más del doble del nivel de preguerra. El Gobierno decidió que ambos regresaran del patrón oro a la paridad anterior a la guerra, lo cual hizo en 1925, y resolvió pagar la deuda pública para preservar la reputación crediticia. Era un país adecuado para el Tea Party.

Para lograr sus objetivos, Reino Unido implementó estrictas políticas fiscales y monetarias. El superávit fiscal primario (antes del pago de intereses) se mantuvo en cerca de 7% del PIB durante la década de 1920. Esto fue, a su vez, acompañado por la ‘Hacha Geddes', apodo de una comisión presidida por Sir Eric Geddes. Él recomendó recortar el gasto público precisamente de la misma forma que recomiendan los creyentes actuales de la ‘austeridad expansionista'. Mientras tanto, el Banco de Inglaterra elevó las tasas de interés a 7% en 1920.

El objetivo de esto era respaldar el regreso a la paridad de la preguerra. Junto con la consiguiente deflación, el resultado fueron tasas de interés real extraordinariamente altas. Así fue entonces cómo los tontos presuntuosos del sistema británico saludaron a los desventurados sobrevivientes de la guerra infernal.

Así que, ¿cómo funcionó este compromiso hacia la hambruna fiscal y la necrofilia monetaria? Mal.

En 1938, la producción real apenas superó el nivel de 1918, con un crecimiento promedio de 0.5% anual. Esto no se debió solamente a la Depresión. La producción real en 1928 también fue menor que en 1918. Las exportaciones fueron continuamente débiles y el desempleo continuamente elevado. El alto desempleo fue el mecanismo para reducir los salarios nominales y reales. Pero los salarios nunca han sido solamente un precio más. El objetivo era quebrar los sindicatos. Estas políticas resultaron en la huelga general de 1926. Extendieron una inclemencia que duró décadas después de la Segunda Guerra Mundial.

Muy aparte de sus enormes costos económicos y sociales, estas políticas fracasaron en sus propios términos. El país salió del patrón oro para siempre en 1931. Peor aún, la deuda pública no se redujo. Para 1930, la deuda había llegado a 170% del PIB y en 1933, alcanzó el 190% del PIB. (Estas cifras colocan en perspectiva el temor actual ante proporciones mucho menores).

De hecho, Reino Unido no regresó a sus tasas de deuda previas a la Primera Guerra Mundial sino hasta 1990. ¿Por qué Reino Unido no conseguía reducir la proporción de la deuda sobre el PIB? En pocas palabras, el crecimiento era demasiado bajo y las tasas de interés demasiado altas. Como resultado, incluso un enorme superávit fiscal primario no podía limitar la proporción de deuda.

Esta historia es relevante para la situación actual de la zona euro. Para recuperar la competitividad rápidamente, en lugar de prolongar el ajuste durante de una década o más, los salarios deben caer. Para lograr eso, el desempleo debe ser muy alto.

En el caso de España, lo es. Pero, incluso con un desempleo del 25% de la fuerza laboral, los salarios nominales han aumentado a un nivel ligeramente menor que en Alemania desde la crisis. Mientras tanto, el PIB real de España se está reduciendo. Los esfuerzos por estrechar la política fiscal seguramente lo reducirán aún más. También están bajando las altas tasas de interés, a medida que el capital extranjero y nacional huye del país.

Todo esto amenaza con hundir a España en una trampa de deuda, en su caso una que amenaza tanto al sector público como al privado. Italia, un país con un menor déficit fiscal pero una mayor deuda pública, corre el riesgo de caer en una trampa similar si las tasas de interés permanecen altas y el PIB débil.

Por ello, el plan del BCE de bajar las tasas de interés sobre la deuda pública de estos países es una condición necesaria para escapar del desastre de impagos fiscales y colapsos bancarios simultáneos. Pero no es una condición suficiente para un escape. Las perspectivas de crecimiento deben mejorar.

El FMI analiza varios otros casos interesantes. La reducción de la deuda estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial es uno de ellos. Otro es la experiencia de Japón en las últimas dos décadas, que tiene paralelismos con el Reino Unido de los años 1920 y 1930, especialmente en lo que se refiere a la deflación. Otros casos son Bélgica en la década de 1980, y Canadá e Italia en la década de 1990.

La conclusión más importante es que la consolidación fiscal es imposible sin un entorno monetario favorable, con muy bajas tasas de interés reales y una economía fuerte. Japón falló en tener esto en los años 1990 y 2000, al igual que Reino Unido en los años 1920 y 1930.

La ineficacia de la política monetaria en los países con sectores privados apalancados, como el Reino Unido y Estados Unidos hoy en día, crea limitaciones similares, como el Gobierno británico está descubriendo. La inflación también ha acelerado la reducción de las cargas de deuda pública en el pasado. Sería sorprendente si no lo hiciera de nuevo.

Mi crítica del capítulo es que no ubica los esfuerzos para reducir la deuda fiscal en el contexto de lo que está sucediendo con el endeudamiento privado. Es mucho más difícil controlar el déficit fiscal si el sector privado quiere reducir también su propio endeudamiento excesivo: Menos gasto por un lado significa menos ingresos para el otro. En ausencia de fuerte demanda externa, entonces es probable que el resultado sea un desapalancamiento a través de un impago y una depresión. Ése es el peor resultado imaginable.

No obstante, éste es un estudio muy útil, en particular porque aplica las lecciones de la experiencia de entreguerras de Reino Unido a la zona euro en la actualidad.

Hay un alto riesgo de que la combinación de estrechas políticas fiscales con estrictas condiciones monetarias empujará a Italia y España hacia trampas de deuda a través de la interacción de las altas tasas de interés con un bajo crecimiento.

Por lo menos, Reino Unido mantuvo el control sobre las condiciones monetarias: Al final, dejó el patrón oro y redujo las tasas de interés. Los miembros de la eurozona no tienen esas opciones indoloras.

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Pero la austeridad fiscal y los esfuerzos por reducir los salarios en países que sufren de asfixia monetaria podrían quebrar sociedades, gobiernos e incluso Estados. Sin una mayor solidaridad, es poco probable que la historia termine bien.

*Martin Wolf es jefe de opinión en la sección de economía del Financial Times.

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