México, olvidado en elecciones de EU

La creciente relación manufacturera ha sido ignorada por Obama y Romney, indica Edward Luce; la importancia de México para Estados Unidos es económica, y no sólo un tema de orden y seguridad.
hispanos  (Foto: Archivo)

Dicen que las elecciones tienen consecuencias. Pero es poco probable que el 6 de noviembre tenga mucho impacto en la tendencia más grande que enfrenta Estados Unidos: su transformación en un país latinoamericano. La diferencia entre Barack Obama y Mitt Romney no sólo es trivial para las mareas demográficas y de integración regional estadounidenses, sino que el debate entre ellos les es irrelevante.

Considera esto: México se está convirtiendo rápidamente en el socio comercial más importante de Estados Unidos, y ya es su segundo mayor mercado de exportación. Sin embargo, el único contexto se menciona al país en la campaña electoral es el de las drogas o la inmigración ilegal. Es raro que la realidad y la política diverjan tan marcadamente.

Ésta es la realidad latinoamericana del Tío Sam. En primer lugar, México se está volviendo tan importante para la economía de Estados Unidos como China. Ha habido mucho revuelo en los últimos meses sobre la posibilidad de ‘reenviar' empleos manufactureros de China hacia Estados Unidos. Si amplías el destino a Norteamérica, la tendencia ya está en marcha. México está rivalizando con China como el centro de fabricación favorito de Estados Unidos y otras empresas multinacionales; está tan económicamente integrado con Estados Unidos como cualquier par de miembros de la eurozona lo está entre sí.

Gran parte de ello se debe al alza en el precio del petróleo, la cual provoca que los costos del transporte sean cada vez más caros para las compañías estadounidenses que fabrican productos para el consumo interno en lugares tan lejanos como Asia. El resto se debe a la inflación salarial china.

En 2000, el trabajador chino promedio ganaba 35 centavos por hora en comparación con 1.72 dólares en México, según HSBC. Ahora, el trabajador mexicano promedio gana 2.11 dólares por hora, y el chino 1.63 dólares. Muy pronto México tendrá costos laborales más bajos.

Como resultado del auge de la fabricación en su país, los mexicanos ya no están tan ansiosos por trabajar en obras de construcción estadounidenses o por recolectar fruta en California y Florida. Contrariamente a lo que el debate electoral estadounidense implicaría, la inmigración ilegal a Estados Unidos ha estado en reversa durante varios años.

Hace diez años, aproximadamente 800,000 mexicanos cruzaban la frontera cada año hacia Estados Unidos, la mayoría de forma ilegal. Hoy en día, el flujo es en sentido contrario. La mayor migración pacífica en la historia de los migrantes ha terminado. Ni Obama ni Romney parecen haber recibido ese memorándum, aunque el presidente ha ayudado a esa tendencia al deportar a casi 1.5 millones de inmigrantes ilegales; más que George W. Bush y Bill Clinton juntos.

Hoy en día, los mexicanos son más propensos a cruzar la frontera con Estados Unidos para invertir. Como mi colega Adam Thomson ha reportado, existe un auge de la actividad empresarial mexicana en el norte de la frontera.

En México, lo llaman la Reconquista en tono de broma (el país perdió una gran cantidad de territorio ante Estados Unidos en la guerra de 1846). En Estados Unidos, todavía piensan en México como un problema de orden y seguridad. Pero la importancia de la integración de Estados Unidos y México es económica.

Empresas como Cemex, que es la mayor cementera en Estados Unidos, y Grupo Bimbo, que recientemente adquirió a Sara Lee por casi 1,000 millones de dólares, están liderando el camino. Univision, que ahora es parcialmente propiedad de la televisora mexicana Televisa es ahora la quinta cadena más grande en Estados Unidos. Pronto podría llegar a los tres primeros sitios.

En segundo lugar, la demografía de Estados Unidos está cambiando a una velocidad vertiginosa. Muchos se enfocan en el horizonte de 2050, cuando se prevé que los mexicano-americanos representen un tercio de la población de Estados Unidos. Pero las cifras de hoy son bastante abrumadoras.

En Texas y California, dos de los estados más poblados de Estados Unidos, la mayoría de niños en edad escolar ahora son hispanos. Ellos son los votantes del mañana. Es poco probable que vayan a tolerar una relación entre Estados Unidos y México que sea expresada en gran medida como un problema de orden y seguridad.

En comentarios grabados en secreto a un recaudador de fondos en mayo, Romney dijo en broma que "si (mi padre) hubiera nacido de padres mexicanos, tendría una mejor oportunidad de ganar esta elección". El padre del candidato republicano fue criado en una colonia mormona estadounidense en México que todavía acoge a una rama de su familia.

Es probable que menos de un tercio de los votantes hispanos en Estados Unidos elijan a Romney el próximo mes. Pero los otros dos tercios no están aceptando a Obama con mucho entusiasmo.

¿Cuándo la percepción se pondrá al día con la realidad? Hace veinte años, Ross Perot trastocó la pelea electoral entre George Bush padre y Clinton cuando entró como candidato de un tercer partido. Al año siguiente estuvo a punto de destruir la aprobación del TLCAN o NAFTA, el acuerdo comercial de América del Norte que Clinton había logrado pasar en el Congreso. El inconformista texano asoció al NAFTA con el "gigantesco sonido de succión" de empleos hacia el sur. Estaba equivocado acerca de eso: Ambas economías se han beneficiado y ahora son inseparables.

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Sin embargo, si Perot hubiera predicho que una aspiradora gigante succionaría los salarios hacia México, podría haber estado más cerca de la realidad. A medida que la clase media mexicana se enriquece, se reduce el diferencial con la asediada clase media estadounidense. Ciertamente, éstas son las dos caras de una misma moneda. En ese punto -¿quién sabe?- quizá México tendrá que reforzar su seguridad fronteriza.

*El autor es columnista y comentarista en Washington para el Financial Times. 

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