El FMI habla y la eurozona debe escuchar

La institución advirtió que la economía mundial necesita mayores apoyos, dice Martin Wolf; resolver el precipicio fiscal y la unión bancaria de la eurozona son claves para la recuperación.
fmi eco  (Foto: Getty)
Martin Wolf*
Financial Times -

En sus relaciones con sus clientes más poderosos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene "el derecho a ser consultado, el derecho a fomentar y el derecho a advertir". Walter Bagehot, el gran periodista económico victoriano, dio esta descripción del papel de la monarquía británica en el siglo 19.

Apliqué esta frase al papel del FMI en un artículo de investigación que sometí a su revisión trienal de supervisión 2011. En sus reuniones anuales en Tokio, el fondo cumple precisamente este papel. No obstante, lo que importa es que sus miembros, sobre todo, Estados Unidos y Alemania, actúen según las advertencias y fomento que han recibido.

La advertencia proporcionada por el Panorama Económico Mundial del FMI fue que: "La recuperación continúa, pero se ha debilitado. En los países avanzados, el crecimiento es demasiado bajo como para tener un impacto considerable sobre el desempleo. Y en las principales economías de mercados emergentes, el crecimiento que anteriormente había sido fuerte también ha disminuido".

El FMI revisó su pronóstico de crecimiento en las economías avanzadas para el 2013 desde el 2.0% que pronosticó en abril, a 1.5%. Para los países en desarrollo, redujo su pronóstico desde la predicción realizada en abril, del 6.0% al 5.6%.

El desempeño de Estados Unidos, con una previsión de crecimiento del 2.1% para el próximo año (sólo 0.1 puntos porcentuales por debajo de lo previsto en julio), se espera que sea mucho mejor que el de la eurozona, donde se prevé un crecimiento de 0.2% el próximo año (0.5 puntos porcentuales por debajo de lo previsto en julio), después de -0,4% en 2012.

Incluso Alemania tiene un pronóstico de crecimiento de apenas 0.9% en 2012 y 2013. Para España se pronostica una contracción del 1.5% y luego del 1.3%.

La eurozona es una jaula para masoquistas. La causa de que el crecimiento se esté desacelerando en países de altos ingresos no es ningún secreto: se debe a una mayor presión fiscal, a la debilidad de los sistemas financieros y a la poderosa incertidumbre.

Esta combinación tóxica es particularmente amenazante dentro de la eurozona, donde los países que dependen de las exportaciones se ven afectados por la contracción en las economías de sus socios comerciales más importantes.

Como muestra el último Reporte de Estabilidad Financiera Global, la fuga de capitales acumulada desde las economías periféricas de la eurozona es más del 10% del Producto Interno Bruto (PIB).

De hecho, sin apoyo, principalmente por parte del Banco Central Europeo (BCE), las economías periféricas hubieran tenido que imponer controles de cambio. Tal vez habrían tenido que salir de la eurozona. El temor de una ruptura sigue estando presente: siempre es difícil hacer del masoquismo una estrategia creíble.

Hasta ahora, todo va mal. Pero incluso estos pronósticos deprimentes se basan en dos suposiciones posiblemente optimistas.

La primera es que Estados Unidos evitará el 'precipicio fiscal' creado por sus legisladores pendencieros. Si no es evitado, podría imponer un ajuste del 4% del PIB. La gente sensata sabe cuál sería el resultado: Una profunda recesión y posiblemente una abierta deflación. ¿Es posible que los legisladores estadounidenses sean tan estúpidos? Uno asumiría que no.

La segunda hipótesis optimista es que "las autoridades políticas europeas tomarán medidas adicionales para avanzar en el ajuste a los niveles nacionales y en la integración en la eurozona... Como resultado de ello, la credibilidad política y la confianza mejorarán gradualmente". ¿Serán tan eficaces los responsables políticos europeos? A uno le queda la duda, incluso aunque hayan sido más decisivos recientemente.

Eso en cuanto a las advertencias, pero ¿qué hay del fomento?

El FMI argumenta, de manera audaz y polémica, que los multiplicadores fiscales han sido mucho mayores de lo normal durante la Gran Recesión. Esto no sería de extrañar, debido a las condiciones keynesianas de las tasas de interés cercanas a cero y las estrictas restricciones al crédito ahora aplicadas.

Su conclusión es que los multiplicadores han estado en el intervalo del 0.9 a 1.7, en lugar de la suposición estándar de 0.5. Esto significa que un ajuste de, por ejemplo, el 5% del PIB, aproximadamente la contracción cíclicamente ajustada prevista en España entre 2009 y 2013, reduciría el PIB entre un 5 y un 9%, si todos los demás factores permanecieran sin cambios. Si algo parecido a esto sucediera, incluso el déficit fiscal no lograría mejorar, ya que los ingresos caerían y se elevaría el gasto.

Un ajuste fiscal demasiado rápido probablemente sería enormemente perjudicial. En un mundo sensato, los responsables políticos aplicarían un fuerte apoyo fiscal a la economía y grandes esfuerzos por sanear los sectores privados débiles y excesivamente endeudados, en el corto plazo. También harían grandes esfuerzos de consolidación estructural, en el largo plazo. Además, fijarían metas fiscales en términos estructurales, no nominales.

Más allá de eso, ¿qué fomento ofrece el FMI? La respuesta principal es eliminar los "riesgos de sucesos extremos".

Para Estados Unidos, eso significa eliminar el precipicio fiscal, junto con un plan de apoyo fiscal a corto plazo y una mejora fiscal estructural. Esta combinación podría generar un crecimiento sorprendentemente fuerte, debido a que el mercado de la vivienda se ha estabilizado, el desapalancamiento del sector privado ha avanzado mucho y la Reserva Federal (Fed) ha prometido un apoyo sostenido para la recuperación. La próxima elección presidencial es una que debe ganarse.

En la zona euro, veo tres pasos.

El primero es proceder con reformas a largo plazo, de las cuales la más importante es la ‘unión bancaria', el esfuerzo por reducir los vínculos entre los bonos soberanos débiles y los bancos.

El segundo paso es acordar un programa con España en un futuro muy próximo. El BCE deberá utilizar entonces su nueva política de ‘transacciones monetarias directas' para reducir las tasas de interés sobre la deuda del Gobierno a alrededor del 3%.

En la actualidad, Alemania parece estar condicionando el apoyo a España al avance en Grecia. Esto debería ser al revés. La zona euro sólo podrá lidiar con Grecia cuando haya reforzado sus defensas para otros países, en particular para los importantes. En la propia Grecia, se necesita otra gran reestructuración de deuda. En esta ocasión, esa medida debe incluir la reestructuración de los préstamos oficiales. El FMI no debería proceder con un nuevo programa para Grecia que no proporcione un perfil de deuda sostenible. Sin él, ninguna inversión privada se producirá.

El último paso tiene que ser el ajuste y el crecimiento. Una cifra importante en el Panorama Económico Mundial muestra que se prevé que los desequilibrios en cuenta corriente en los países deficitarios desaparezcan a medida que sus economías se contraen. Pero no se pronostica un descenso en los superávits de los países acreedores. Esta es una política de ‘crecer a expensas del vecino' para el mundo. También es inconcebible. Es esencial para la zona euro y para el mundo que sustente un nivel saludable de demanda.

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El FMI ha advertido y fomentado, como es su función. La advertencia es que la economía mundial es débil y podría volverse más débil si no se toman las medidas adecuadas. El fomento es la creencia de que puede ser fortalecida si aquellos con influencia actúan. La responsabilidad es la carga que conlleva el poder. Así que, actúen ahora.

*El autor es jefe de opinión en la sección de economía del Financial Times.

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