Europa en riesgo de secesión

Escocia, Cataluña y Flandes son algunas regiones que buscan un mayor o menor grado de independencia.

Los movimientos independistas

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Algunos movimientos buscan mayor autonomía, otros la independencia total. (Foto: Archivo)
union bancaria ue  (Foto: Archivo)

Bajo las presiones de la recesión, las frágiles finanzas públicas y los resentimientos políticos que han estado ardiendo desde hace décadas, si no es que siglos, Europa está atestiguando un aumento en el separatismo y el regionalismo que está poniendo a prueba la resistencia de Estados bien establecidos. Los movimientos independentistas en Escocia, Cataluña y Flandes están captando votos y la atención del público a medida que buscan romper o ganar más autonomía de Reino Unido, España y Bélgica. "Europa se enfrenta a una crisis económica. Esta crisis está causando presión en las inmediaciones de líneas divisorias largamente enterradas. El juego de buscar culpables está en pleno desarrollo", escribió John Bruton, ex primer ministro irlandés en The Irish Times el mes pasado.

A finales de 2014, los escoceses votarán en un referéndum para confirmar o rechazar la Ley de Unión de 1707 con Inglaterra. Los catalanes desean realizar una votación semejante, a pesar de las advertencias del Gobierno y del parlamento español de que sería ilegal. Bélgica, el Estado más descentralizado de Europa aparte de la disfuncional Bosnia-Herzegovina, parece ir en un camino que desconectaría aún más a su mayoría de habitantes de habla holandesa de su comunidad francófona, aunque no necesariamente mediante la disolución del Estado belga.

En los tres países, el Estado central y sus nacionalidades y regiones periféricas han luchado desde la década de 1970 para encontrar una fórmula duradera para la distribución del poder. España y Reino Unido no son Estados federales sino países donde improvisadas soluciones políticas han otorgado diversos grados de autonomía en distintas áreas, impartiendo una calidad desigual y polémica a los asentamientos en general.

Bélgica tiene una estructura federal más clásica, que se refleja en la división del país en tres regiones y tres comunidades lingüísticas (una pequeña población de habla alemana, así como las de habla holandesa y francesa). Pero los flamencos y los valones francófonos han estado revisándola durante 40 años en una infructuosa búsqueda de equilibrio. Podría decirse que el único gran país europeo con un sistema federal equilibrado es Alemania.

En Italia, una serie de escándalos de corrupción a nivel regional y provincial ha arrojado una pálida luz sobre el experimento de un Gobierno descentralizado en la nación. Mientras tanto, la crisis económica italiana ha alimentado el sentimiento regionalista en la próspera región alpina del Tirol del Sur.

Para algunos ojos no europeos, el secesionismo presenta un curioso espectáculo en el que los mismos europeos tienden a argumentar que la solución a su deuda económica y a las crisis bancarias se encuentra en una Europa más integrada.

Pero los catalanes y los flamencos no ven ninguna contradicción entre la búsqueda de una soberanía nacional y la adhesión a una Europa más unida y, aunque los escoceses no tienen ningún deseo de unirse a la zona euro, sin duda desean permanecer en la Unión Europea (UE).

En cualquier caso, la ineludible realidad es que las inquietas minorías nacionales y los partidos regionalistas se encuentran presentes en abundancia en todo el continente. La European Free Alliance, una coalición de más de 40 partidos nacionalistas y autonomistas con sede en Bruselas, contiene a ,los movimientos de Alsacia y Córcega de Francia, al de los frisones de los Países Bajos, los italianos de Croacia y los polacos de Lituania, junto con muchos otros.

Algunos de estos movimientos buscan una autonomía más amplia en lugar de una secesión absoluta. Algunos buscan la unidad con connacionales en un estado vecino. Incluso aquellos que quieren un estado propio son lo suficientemente flexibles en el nivel táctico como para conformarse, a corto plazo, con algo menor a la plena independencia

Todos obtienen inspiración del conocimiento de que, durante los últimos 100 años, el mapa geopolítico de Europa ha sido cualquier cosa menos fijo. Las recientes adiciones a la lista de Estados son: Montenegro, que perdió su independencia en 1918 y la recuperó en 2006; y Kosovo, que declaró su independencia en 2008, aunque cinco de los 27 estados de la UE le han negado su reconocimiento.

"El sentimiento pro-independencia en España y en otras partes de Europa se ha hecho más fuerte debido a que algunos partidos separatistas se han vuelto más hábiles para vender su mensaje", dice Tomas Valasek del Centre for European Reform, un centro de estudios con sede en Reino Unido.

Para algunos gobiernos de la UE, la desaparición de Estados familiares sería problemática. Las autoridades políticas en Dublín, por ejemplo, temen que la independencia escocesa desestabilizaría los delicados acuerdos de poder compartido en Irlanda del Norte al revitalizar la causa de un único Estado irlandés, apoyada por el partido Sinn Féin.

Para la UE en su conjunto, los movimientos secesionistas suponen casi un acertijo. Los tratados del bloque contienen disposiciones que permiten a un país afiliarse o retirarse. Pero no dicen nada acerca de si una región separada de un 'Estado madre' tendría un derecho de membresía automático.

La mejor conjetura es que tal derecho no existe, y que sería difícil mantener una democracia recientemente independiente por mucho tiempo. Sin embargo, se recomienda precaución. Simplemente, no existen precedentes.

Escocia: Estatus en la UE, en duda

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En caso de independizarse del Reino Unido, Escocia tendría que solicitar su admisión a la UE. (Foto: AP)
Escocia  En caso de independizarse del Reino Unido, Escocia tendría que solicitar su admisión a la UE. ✓  (Foto: AP)

Para el descontento de los secesionistas, Escocia apenas había conseguido el permiso del Gobierno de Reino Unido el mes pasado para realizar un referéndum sobre la independencia cuando la cuestión crucial de la adhesión a la UE se hizo presente.

Las encuestas de opinión de este año indican que el apoyo para una separación completa es de aproximadamente 30%. Pero si la pertenencia a la UE estuviera en duda, sería una propuesta menos atractiva.

El mes pasado surgió la noticia de que, contrariamente a lo que había sugerido anteriormente, Alex Salmond, primer ministro y líder del Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés), no poseía un asesoramiento legal privado que confirmara que una Escocia separada no tendría problemas para heredar el estatus de miembro.

De hecho, conseguir un reingreso veloz podría ser difícil, especialmente si Madrid, enfrentado a la secesión catalana, decidiera tratar el caso como un precedente que representara una amenaza para la unidad española.

El Gobierno británico señaló el 1 de noviembre que, con base en el consejo formal de sus funcionarios legales, una Escocia independiente tendría que solicitar la admisión a la UE como un nuevo Estado. Luego, tendría que negociar un acuerdo con los otros 26 miembros, incluido al restante Reino Unido.

Esto debería cubrir asuntos como el presupuesto de la UE -donde Reino Unido se beneficia de un reembolso- y la pertenencia a la zona euro, y la zona de paso libre de fronteras de Schengen. Parece poco probable que Escocia pudiera heredar automáticamente el derecho a excluirse a sí misma de estas áreas fundamentales de integración europea.

Sin embargo, si el referéndum de 2014 arrojara un claro voto a favor de abandonar el Reino Unido, la Unión Europea estaría bajo presión para negociar rápidamente los términos de membresía de Escocia antes de la fecha prevista de independencia. Si arrojara un resultado en contra, el SNP podría concentrar su atención en aumentar la autonomía concedida a Escocia en 1998.

Flandes: Independencia diferida

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Ninguna región quiere abandonar Bruselas.  (Foto: AP)
Belgica  Ninguna región quiere abandonar Bruselas. ✓  (Foto: AP)

En 2006, un canal de televisión belga publicó un reporte en broma diciendo que Flandes, la mitad de habla holandesa de la nación, había declarado su independencia. Miles llamaron a los teléfonos de emergencia para más información. Varios embajadores en Bruselas enviaron mensajes urgentes a sus capitales nacionales. A primera vista, la secesión flamenca parece ahora una posibilidad aún más realista que hace seis meses. Nueva Alianza Flamenca (NVA, por sus siglas en inglés), el partido nacionalista líder en la región, ganó las elecciones municipales el mes pasado. El líder del partido Bart De Wever ganó en Amberes, un bastión socialista desde 1930.

Sin embargo, De Wever no está exigiendo la independencia de inmediato. Busca cambios constitucionales que conviertan a Bélgica en una confederación flexible.

Él imagina que el estado eventualmente se evaporará, pero es impreciso sobre cómo sucedería.

Bélgica fue creada en 1831 como una combinación de comunidades de habla francesa y holandesa que se mantuvieron largamente separadas. La Flandes moderna es una de las regiones más prósperas de Europa, y sus nacionalistas caracterizan a la Valonia francófona como un pantano de idiotas y adictos a la asistencia social. Los valones ven a los flamencos como tacaños sin sentido del humor.

Dividir a Bélgica requeriría de un acuerdo sobre Bruselas, la capital de habla francesa rodeada por Flandes, pero ni los valones ni los nacionalistas flamencos permitirán que los otros la posean. Desprenderla de ambas regiones y declararla una ciudad europea independiente no agrada a ninguna de las partes.

Por otra parte, la crisis financiera en Europa ha demostrado que el Estado belga, aunque poco querido, todavía sirve a un propósito útil. Fueron los ministros del Gobierno y los reguladores, no los líderes regionales, los que jugaron un papel fundamental en la coordinación de los rescates de los grupos  bancarios Fortis y Dexia.

Tirol del Sur: Agitación germana

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Italia modificará sus previsión para el PIB en el Documento Económico y Financiero que publica a finales de abril. (Foto: Thinkstock)
ITALIA BANDERAS  (Foto: Thinkstock)

Con un desempleo bajo y sin deuda pública, la septentrional provincia italiana de Alto Adigio -en  alemán, Südtirol, y conocida como Tirol del Sur- parece distante de la crisis económica que afecta al país. Este sentimiento es realzado por su sabor austro-germánico: los alemanes étnicos representan dos tercios de los 510,000 habitantes de la provincia, y el Partido Popular de Tirol del Sur (SVP) de habla alemana ha barrido todas las elecciones desde 1948. Luis Durnwalder, gobernador del SVP en la provincia desde 1989, desdeña las pláticas de la secesión como un "sueño irrealizable". Dice que el estatuto de autonomía de Tirol del Sur dentro de Italia le acomoda perfectamente. Pero las elecciones provinciales están programadas para el año próximo, y el moderado Durnwalder está planeando retirarse de la política.

Junto con la crisis, esto crea un espacio para los políticos militantes. Ellos denuncian a Roma por buscar una mayor contribución de Tirol del Sur para apuntalar las finanzas públicas nacionales. Esta propuesta amenaza con socavar el acuerdo bajo el cual la región retiene el 90% de los impuestos que recauda.

Separatistas como Eva Klotz, una líder del partido Libertario de Tirol del Sur (FPS), que quiere que la región se separe y se una con Austria, promueven un referéndum sobre la libre determinación para principios del año próximo. Esto parece poco probable debido a que la prioridad de los políticos nacionales serán las elecciones parlamentarias italianas que están programadas para abril, la formación de un Gobierno y la elección de un jefe de Estado.

Si la pertenencia de Italia a la zona euro y la estabilidad económica se vieran en un riesgo severo, los ánimos en Tirol del Sur podrían volverse más radicales. Pero la separación absoluta tropezaría contra el obstáculo de que los italianos étnicos representan una cuarta parte de la población de Tirol del Sur y dominan Bolzano, la capital provincial.

Cataluña: Presión popular por secesión

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La crisis que vive España ha avivado el sentimiento separatista de Cataluña.  (Foto: Reuters)
cataluña  (Foto: CNN, )

Unas elecciones anticipadas en Cataluña el 25 de noviembre, parecen destinadas a producir una reelección de Convergència i Unió (CiU), el Partido Liberal gobernante. Pero saber si esto desencadenará un referéndum de su independencia y conducirá a España a una ruptura es una cuestión totalmente diferente.

Bajo la constitución española de 1978, a las regiones se les permite tener autonomía, pero no tienen el derecho legal a una plena independencia. Las encuestas de opinión indican que alrededor del 80% de los 7.5 millones de catalanes quieren un referéndum, y que aproximadamente la mitad votaría a favor de la secesión. El apoyo a un referéndum es tan abrumadora que algunos políticos catalanes alertan sobre un enfrentamiento serio si Madrid se niega a modificar su opinión de que ese voto sería ilegal.

Sin embargo, algo significativo es que Artur Mas, el presidente de CiU en Cataluña, parece no tener prisa por celebrar uno. Este mes, sugirió simplemente que debe tener lugar "en los próximos cuatro años". Si las cabezas frías prevalecen en ambos lados, debería haber tiempo suficiente para llegar a un compromiso.

Subrayando los límites a la libertad de maniobra política de Artur Mas, Cataluña -aislada de los mercados internacionales de deuda- pidió en agosto por 5,000 millones de euros en asistencia de liquidez al Estado español. La región podría tener que conformarse con un modelo actualizado de autonomía, tal vez con más control regional sobre asuntos fiscales como en el País Vasco.

Según las últimas encuestas de opinión, un acuerdo en este sentido haría que el apoyo a la independencia cayera en 10 puntos porcentuales a 43%. Lo que queda poco claro es si la derecha española -ahora en poder en Madrid, e históricamente asociada con la centralización- sería lo suficientemente pragmática para llegar a un acuerdo.