Guerra de divisas, ¿alarma exagerada?

Los temores por las devaluaciones de varias divisas pueden desactivarse, opina Michael Klein; Corea del Sur y otros países analizan intervenir sus monedas para evitar daños a sus exportaciones.
divisas  (Foto: Getty)
Michael Klein
NUEVA YORK -

Sí, el yen se ha debilitado y la libra también recibió sus dosis de depreciación, pero la preocupación en torno a una guerra de divisas sin cuartel puede ser exagerada.

Hay una percepción de que las economías de algunos países se están viendo perjudicadas por los movimientos cambiarios que se han instrumentado para obtener una ventaja injusta.

Y puede ser una percepción algo equivocada.

En Estados Unidos, la amenaza de una contracción fiscal debido al denominado ‘secuestro de fondos' ha conducido a la Reserva Federal a tomar medidas que pueden debilitar el dólar.

En Japón, las señales indican que el nuevo titular del Banco Central emprenderá una política más expansiva en un esfuerzo por estimular la por mucho tiempo convaleciente economía nipona.

Estas acciones se adoptan por razones estrictamente nacionales, pero podrían tener consecuencias para las monedas.

En previsión de las fricciones que puedan surgir, hubo un acuerdo entre las naciones del G20 en la reciente cumbre de Moscú para contener las llamadas devaluaciones competitivas.

Pero, desde entonces, gobiernos como Corea del Sur y Nueva Zelanda han manifestado su deseo de adoptar políticas explícitas para debilitar sus monedas, o incluso imponer controles de capital.

Como fue el caso de Brasil hace algunos años, los actuales temores y frustraciones de países como Corea del Sur y Nueva Zelanda son comprensibles.

Las devaluaciones competitivas tienen una historia accidentada, y los esfuerzos encaminados a imponer controles de capital para frenar las apreciaciones tienen pocas posibilidades de éxito.

El término "guerras de divisas" fue acuñado por el ministro brasileño de Finanzas Guido Mantega hace dos años, cuando el real se apreció un 10% frente al dólar estadounidense en un periodo de cuatro meses.

Esa inusitada fortaleza estaba amenazando al sector exportador brasileño y, más ampliamente, al crecimiento de la economía brasilera.

Pero es difícil argumentar que la fortaleza del real era una consecuencia directa de la intención hostil por parte de la Reserva Federal para abaratar el dólar y obtener así una ventaja.

La Fed sí emprendió un agresivo programa para rescatar a la economía estadounidense, y el dólar sí se depreció frente al real pero, al mismo tiempo, el dólar se apreció frente a otras monedas importantes.

Probablemente el factor más importante detrás de la apreciación del real brasileño fue la relativa fortaleza de la economía brasileña en un momento en que las economías avanzadas estaban sumidas en la Gran Recesión.

El capital internacional fluyó a Brasil en respuesta a su relativa solidez, y también porque los controles de capital en otros países, en particular China, impidieron que el capital fluyera hacia ellos.

Más tarde, cuando la economía brasileña se desaceleró, el real se depreció un 35% durante el segundo semestre de 2012, a pesar de que la Reserva Federal intensificó su política monetaria agresiva.

Sin embargo, la frustración de Mantega en el momento de la apreciación del real era comprensible.

Las opciones políticas de Brasil eran limitadas. Una expansión monetaria podría haber debilitado su moneda, pero también podría haber suscitado una inflación que hubiera neutralizado cualquier depreciación de la divisa. Las autoridades recurrieron a los controles de capital.

Pero estos controles episódicos, a diferencia de los de larga data en China, hicieron poco por frenar la apreciación de la moneda.

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Aun cuando en estos días hay algunas soluciones fáciles, una respuesta apropiada incluiría el estímulo en los países que cuentan con el margen fiscal para llevar a cabo este tipo de políticas. Y así es como los temores de una guerra de divisas pueden desactivarse.

*Michael Klein es investigador senior no residente de la Brookings Institution y ostenta la cátedra William L. Clayton de Relaciones Económicas Internacionales en la Fletcher School de la Universidad Tufts.

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