Gas, la carta de salvación de Chipre

El Gobierno podría empezar a vender parte de sus reservas de ese energético para pagar su rescate; sin embargo, el país debe ser cauteloso para no hipotecar su riqueza energética, dicen expertos.
bomba gas  (Foto: Getty)
Steve Hargreaves
NUEVA YORK -

A Chipre parece habérsele acabado la suerte últimamente, pero a finales de 2011 la empresa estadounidense Noble Energy hizo un hallazgo que fue positivamente afortunado: un enorme yacimiento de gas natural en la costa sur del país.

El yacimiento es modesto para los estándares internacionales. Noble estima que podría producir entre 5 y 8 billones de pies cúbicos de gas, en comparación con los campos que se están explotando en la costa israelí, que tienen cuatro veces más cantidad. Qatar, que posee una de las reservas de gas más grandes del mundo, tiene cerca de 900 billones de pies cúbicos.

Sin embargo, para un país del tamaño de Connecticut, con aproximadamente la misma población que Manhattan, eso es mucho gas.

"Fue el tercer descubrimiento más grande en 2011", explica Michael Stoppard, principal estratega de gas mundial en la consultora IHS. "Supera con mucho la demanda local para los próximos 50 años".

Eso significa que Chipre, que actualmente intenta asegurar un plan de rescate europeo para cubrir enormes déficits presupuestarios y tóxicos holdings de los bancos, podría empezar a exportar gas para recaudar dinero. También existe la posibilidad de que algunas compañías energéticas ofrezcan dinero por adelantado el país a cambio de una parte del gas. Entonces, ¿cuánto puede ganar Chipre gracias a su gas? Difícil de estimar.

Parte de las reservas seguramente se utilizarán para el consumo local. Atualmente, Chipre obtiene la mayor parte de su energía a partir de la quema de petróleo, un plan costoso. El resto del gas probablemente se licuaría para poder transportarlo en buques cisterna, y sería enviado a los mercados de Europa Occidental y Asia.

Toda esa operación es bastante cara. Los pozos deben ser perforados, y han de construirse gasoductos desde el yacimiento mismo -a unas 100 millas mar adentro- a tierra firme de Chipre. Construir una planta de licuefacción cuesta miles de millones de dólares.

En última instancia, quizás requeriría 10,000 millones de dólares en inversión y siete u ocho años para conseguir que el gas fluya, de acuerdo con Laszlo Varro, responsable de gas, carbón y energía de la Agencia Internacional de Energía, un organismo de investigación financiado por los países importadores de energía.

Para 2020, en las condiciones más optimistas, Varro estima que el gas natural de Chipre podría inyectar 3,000 millones de dólares anuales en la economía y generar quizás 1,000 millones de dólares en ingresos fiscales. La actual producción económica del país es de aproximadamente 24,000 millones de dólares al año, con un gasto público de 11,000 millones de dólares.

 "Será una gran ayuda. Pero, ¿puede Chipre sentarse y confiar en esto? No. Esto no es Qatar", apunta Varro.

Varro destaca que esas proyecciones de ingresos son optimistas. Además de los obstáculos financieros involucrados en la explotación del gas chipriota, hay obstáculos políticos. Turquía, envuelta en una larga disputa territorial con Chipre, se muestra renuente a ver los yacimientos explotados como propiedad puramente chipriota. Incluso envió buques de guerra para monitorear los intentos recientes de exploración hechos por Chipre.

Ante sus problemas financieros actuales, Chipre puede sentirse tentada a obtener pronto, dinero de su gas. El gigante energético ruso Gazprom ha ofrecido al país asistencia a cambio de algunos derechos sobre el gas, según el diario New York Times.

Eso podría poner nerviosos a los europeos, dada la ya grande influencia de Rusia sobre el mercado de gas en Europa y su propensión a utilizar la energía como ventaja geopolítica.

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Varro dice que posible$mente haya muchas otras organizaciones con gran liquidez -desde empresas petroleras, bancos, hasta fondos de pensiones- que podrían ofrecer un acuerdo similar.

Pero Chipre debe ser cautelosa al subastar su riqueza futura. Si se estructura apropiadamente, un acuerdo de gas-por-dinero podría ser beneficioso para el país, opina Varro. Sin embargo, hay ejemplos en la historia reciente -entre ellos Venezuela y México- en que los países han hipotecado su riqueza energética sólo para encontrarse, años más tarde, en el lado perdedor del acuerdo.

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