El doble reto de Taiwán

La isla busca mantener su autonomía de China, mientras basa su economía en el gigante asiático; Taiwán requiere de una revisión de su estructura económica para crecer más, admite su presidente.
Taiwán  (Foto: Getty)
Sarah Mishkin y David Pilling

Taiwán es una de las grandes historias de éxito de Asia. Sus 23 millones de personas tienen más poder adquisitivo que los japoneses o británicos, y su calidad de vida se encuentra entre las más altas del continente. Es una de las mayores economías enfocadas en la investigación del mundo, destinando el equivalente al 3% de su producción en investigación y desarrollo, más que naciones económicamente más avanzadas. Cualquier persona que posea un dispositivo electrónico probablemente utilice algo hecho o diseñado, al menos en parte, por una compañía taiwanesa.

El país es también una de las democracias más fuertes de Asia, con un sistema bipartidista sólido y una sociedad civil dinámica. Incluso la alguna vez generalizada amenaza de un conflicto militar con China, que considera a Taiwán como una provincia renegada, ha disminuido en gran medida después de un relajamiento en las relaciones, impulsado por Ma Ying-jeou, presidente desde 2008.

Sin embargo, muchos taiwaneses son cualquier cosa menos optimistas. Después de décadas de crecimiento de dos dígitos durante su ascenso desde la pobreza preindustrial, la nación ha quedado enganchada en una trampa de ingreso medio alto. El crecimiento ha promediado alrededor de 4% en los últimos cinco años, lo cual no está mal para los estándares occidentales, pero no lo suficiente como para seguir el ritmo de sus rivales de más rápido crecimiento. El año pasado, la economía apenas logró un crecimiento de 1.3%, el más bajo de Asia, aunque el gobierno espera que crezca 3.6% este año.

Más preocupante que las cifras de crecimiento es el temor de que la industria taiwanesa pueda perder su nicho competitivo. Su tecnología es de clase mundial. Pero sus mayores empresas son principalmente manufactureras de componentes o contratistas con delgados márgenes, que dependen de otros para vender al consumidor final. "Taiwán podría estar estructuralmente 'varado' en un nivel por debajo de la capa superior de actividad económica de marcas y de altos márgenes en la que existen los países más ricos", dice Joe Studwell en su reciente libro How Asia Works.

Es cierto que Taiwán ha forjado nuevas oportunidades de negocio a partir de sus mejores relaciones con China continental. Pero eso conlleva riesgos, dejando a Taiwán en gran medida dependiente de una economía que ha comenzado a desacelerarse y que podría toparse con tiempos más accidentados. Tampoco es reconfortante para muchos taiwaneses depender de un país cuyo objetivo auto-confeso es apoderarse de Taiwán, si es necesario por la fuerza.

"¿China es nuestra única esperanza?", pregunta Justin Su, presidente de Hotai Motors, que representa a Toyota y Lexus en Taiwán. "La apertura a China era un camino que teníamos que tomar. Pero aún así, ¿a dónde irá Taiwán desde aquí? El país necesita desarrollar sus propias ventajas competitivas".

En los años 1980 y 1990, los fabricantes taiwaneses se encontraron entre los primeros en ir a China a construir fábricas donde la mano de obra era más barata. Ahora, los fabricantes están quedando atrapados entre la competencia continental incluso más barata y entre la competencia más inteligente de Corea del Sur. Esta última ha sido mucho más exitosa que la de Taiwán en el incremento de la producción y en la creación de marcas capaces de imponer precios superiores. Las empresas surcoreanas compiten directamente en sectores como el de las pantallas planas, memorias de computadora y teléfonos inteligentes. Para consternación de Taiwán, los coreanos suelen superarlos en lo que respecta a la creación de marcas, velocidad para comerciar y gasto en investigación y desarrollo.

Alrededor de la mitad de las exportaciones de Taiwán son de electrónica, pero no cuenta con una Samsung o una Sony. En cambio, un campeón local es Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, un fabricante de chips que domina su sector y tiene una capitalización de mercado de más de 60,000 millones de dólares, pero que difícilmente es una marca global. Tal vez la compañía más conocida es Foxconn, que obtiene márgenes de ganancia de menos del 4% por el ensamblaje de productos de otras compañías, incluyendo iPhones de Apple.

Los problemas de Taiwán no terminan ahí. Con una tasa de fecundidad inferior a la de Japón o Corea del Sur -ubicada en 1.1 hijos por mujer, la tercera más baja de todo el mundo-, su fuerza laboral potencial comenzará a disminuir en 2015. Aun así, muchos de los más trabajadores más brillantes de Taiwán están optando por trabajos mejor pagados en Shanghai, Hong Kong o Estados Unidos. Los salarios reales de Taiwán están por debajo de su nivel de 2000, a medida que muchas empresas locales han ampliado sus operaciones en China en lugar de crear puestos de trabajo en casa.

La isla también está asediada políticamente. Sólo 23 gobiernos tienen relaciones diplomáticas con Taiwán, y en su mayoría son pequeñas naciones como las Islas Salomón y Honduras. A medida que los acuerdos de libre comercio se han extendido por toda Asia, Taiwán ha sido dejado fuera por las naciones temerosas de ofender a Pekín. "Taiwán está separada de la sociedad internacional, mientras que otros países están apuntando hacia la globalización", dice Mikio Higashiyama, Taiwán presidente de Mitsui & Co, una empresa comercial japonesa. "Ése es un gran problema".

En parte como resultado de ello, las exportaciones de Taiwán han estado cayendo como proporción de los envíos mundiales desde 1993. En aquel entonces, Taiwán y Corea del Sur representaban alrededor del 2.3% de las exportaciones mundiales. En 2011, la participación de Taiwán se redujo a 1.5%, mientras que la de Corea del Sur había aumentado a 3.3%.

En una entrevista con el Financial Times, el presidente Ma, reelegido para un segundo mandato el año pasado, dice que Taiwán no puede crecer más rápido sin una revisión fundamental de su estructura económica. Sus empresas tienen que añadir una mayor innovación a su eficiencia, dice. Eso requerirá una dolorosa desregulación interna y una mayor apertura a la competencia internacional.

Studwell dice que Taiwán probablemente requiera nada menos que de un "impacto thatcherista... para quebrar todos esos inflexibles intereses particulares".

El presidente Ma podría no ser lo suficientemente fuerte como para administrar una reforma tan audaz. Su popularidad se ha hundido a 14% en medio de temores de muchos en Taiwán de que la desregulación y la liberalización destruirán a las pequeñas empresas y exacerbarán la desigualdad en una sociedad relativamente igualitaria. También se teme que los agricultores, actualmente protegidos de la competencia externa, podrían sufrir.

Muchos en las grandes empresas también se muestran escépticos. Bowei Lee, presidente de LCY Chemical, el mayor fabricante de solventes de Taiwán, habla por muchos industriales cuando dice que las reformas se han estancado, y que el gobierno sigue siendo demasiado burocrático.

El libre comercio es fundamental para la estrategia de Ma. Taiwán ha firmado el Acuerdo Marco de Cooperación Económica con China, que ha sido llamado el acuerdo más importante entre ambos desde que se separaron después de la guerra civil china en 1949. Ma está presionando para profundizar ese acuerdo, que hasta ahora sólo es aplicado a un número relativamente limitado de productos. También espera concluir acuerdos de libre comercio con Nueva Zelanda y Singapur este año. La idea -o la esperanza- es que después de su acuerdo con China, Pekín interfiera menos en las negociaciones de Taiwán con terceros países.

El mes pasado, Taipei reinició negociaciones comerciales con Estados Unidos después de resolver un litigio de años de duración sobre las importaciones de carne estadounidense. El presidente también tiene previsto nuevas zonas de libre comercio para fomentar inversiones extranjeras en industrias de alto valor, sin embargo, advierte que la legislación podría tardar un año o dos en ser aprobada por los beligerantes legisladores de Taiwán. "Éste es el único camino a seguir", dice. "Nuestros competidores comerciales ya están muy por delante de nosotros, así que si no empezamos ahora, será imposible aumentar nuestra tasa de crecimiento".

Si Taiwán quiere impulsar su ascenso por la cadena de valor, gran parte del trabajo pesado tendrá que ser realizado por el sector privado. Sin embargo, los fabricantes por contrato con delgado margen tendrán dificultades para invertir lo suficiente en el desarrollo de productos innovadores y para comercializarlos directamente a los consumidores. Los que lo han intentado han tenido resultados dispares. Giant, que ahora es el mayor fabricante mundial de bicicletas por ingresos, hizo inversiones tempranas inteligentes en bicicletas de gama alta y patrocinios de carreras. Esa estrategia dio sus frutos. Ahora controla el 5% de la participación de mercado mundial, pero el 10% de los ingresos. Otros la han pasado más difícil. HTC, el fabricante de teléfonos inteligentes, lucha por competir contra sus competidores más grandes y más ricos, como Samsung y Apple.

El presidente Ma afirma que las empresas, conscientes de lo mucho que se han rezagado, están más preparadas que antes para salir a competir. "La gente ha desarrollado un mejor entendimiento de que, si no implementan la reforma, nuestra economía crecerá a un ritmo de tortuga", dice.

Aunque el impulso de Ma de reestructurar la economía ha tenido un impacto limitado, ha tenido más éxito en mejorar las relaciones con el continente. Hasta hace poco, el estrecho de Taiwán era considerado como el punto de conflicto más peligroso en Asia debido al compromiso de Pekín -que sigue en pie- de invadir Taiwán si es que alguna vez se atrevía a declarar la independencia. Bajo el gobierno de Chen Shui-bian, el anterior presidente, Taiwán estuvo a punto de llamar a un referéndum nacional sobre la independencia total, lo que provocó las amenazas de ataque por parte de Pekín.

Ma ha transformado las cosas. Poco después de ser elegido por primera vez en 2008, las dos partes comenzaron los primeros vuelos regulares directos a través del estrecho. Ahora hay cientos de vuelos a la semana entre Taiwán y decenas de ciudades chinas, desde Kunming en el sur, hasta Dalian en el norte. Los taiwaneses que viajan a la península son en su mayoría hombres de negocios, felices de evitar largas paradas en Hong Kong. Los continentales que viajan en dirección contraria son en su mayoría turistas. Más de 2 millones visitaron el año pasado y han provocado un auge en la construcción de hoteles de lujo y aperturas de tiendas.

Además de su acuerdo de libre comercio con el continente, Taipei ganó un preciado contrato de Pekín para convertir a la isla en la segunda cámara de compensación de renminbis fuera del continente después de Hong Kong. Muchos banqueros taiwaneses esperan que los bonos en renminbis y los productos de inversión animen al sector bancario de la isla que está en problemas y ayuden a reducir los costos de transacción para las miles de empresas que hacen negocios en o con el continente.

Las restricciones a las inversiones de capital continentales en Taiwán también se están relajando. La idea, dice Kuan Chung-ming, ministro del Consejo para la Planificación y el Desarrollo Económico, es poner el "músculo de la parte continental de China" a trabajar en Taiwán, en lugar de utilizar la parte continental como un lugar para construir fábricas. Un día después de que los reguladores dijeron que elevarían el límite a la inversión continental en el sector bancario, Industrial y Comercial Bank of China anunció planes para comprar el 20% de Bank SinoPac, uno de los más grandes de Taiwán.

Sin embargo, la apertura al dinero continental sigue siendo políticamente sensible. Aunque Taiwán está tratando de atraer el dinero chino, quiere minimizar la potencial influencia de Pekín sobre su propio negocio y entorno político. Los inversionistas chinos, por ejemplo, pueden tomar sólo pequeñas participaciones en sectores cruciales como la tecnología debido a temores sobre la protección de la propiedad intelectual. Los acuerdos a veces se retrasan mientras los reguladores de inversiones revisan a las fuentes supuestamente no chinas para asegurarse de que no sean un frente para el capital continental. Muchos taiwaneses también sospechan que China continental busca influencia a través de los medios de comunicación de la isla y que inclina el debate en el sentido proPekín.

El énfasis de Ma en ampliar los vínculos comerciales y de inversión con China ha funcionado hasta cierto punto. Sin embargo, muchos temen que Taiwán esté poniendo todas sus apuestas en una sola carta. William Stanton, el primer embajador de facto de Estados Unidos en Taipei, advirtió que depender económicamente demasiado de China daría a Pekín una "influencia" peligrosa sobre Taiwán.

Para algunos, el costo podría ser aún mayor que eso. Tsai Ing-wen, la ex líder opositora derrotada por Ma en las elecciones presidenciales del año pasado, dice: "Lo que China quiere es avanzar centímetro a centímetro para que parezca que nosotros aceptamos una sola China".

Al igual que muchos taiwaneses, ella se muestra escéptica ante el plan de Ma para hacer arrancar la economía. Y, como muchos otros, lo considera como potencialmente fatal para la libertad de Taiwán.

Las relaciones con China: Un cisma social se ensancha a través del estrecho

A pesar de los crecientes vínculos comerciales entre Pekín y Taipei, Taiwán se está alejando de la parte continental políticamente y socialmente.

La expansión de los lazos comerciales bajo el gobierno de Ma Ying-jeou, el presidente taiwanés, ya han tenido un impacto. Se estima que 200,000 taiwaneses asentados en China volaron a casa para votar en las elecciones que lo devolvieron al poder el año pasado. La mayoría de ellos lo respaldaron debido a preocupaciones de que una victoria del opositor Partido Democrático Progresista, que históricamente ha apoyado la independencia de Taiwán, antagonizara con Pekín y dañara los vínculos de  negocios.

Sin embargo, las encuestas encuentran que cada vez más ciudadanos se identifican como "taiwaneses" en lugar de "chinos", incluso aquellos cuyas familias llegaron en 1949, cuando el derrotado ejército nacionalista huyó al continente.

Una encuesta realizada por el Taiwan's Mainland Affairs Council, que se ocupa de las relaciones a través del Estrecho, encontró que los taiwaneses piensan que Pekín es menos hostil de lo que era ante el predecesor independentista de Ma. Sin embargo, el porcentaje de los que perciben a Pekín como hostil al pueblo de Taiwán ha aumentado ligeramente en la última década y ahora se encuentra en alrededor del 46%. "Los dos lados del estrecho están ciertamente interactuando cada vez más en cada vez más aspectos, pero la identidad de Taiwán es cada vez más y más fuerte", dice Chang Tieh-chih, un periodista taiwanés. "En el futuro, después de 10 años, nadie sabe lo que va a suceder".

Incluso en China, dice Chang Mau-kuei, un sociólogo en Taipei, la imagen de Taiwán ha mejorado.

Muchos internautas chinos siguen muy de cerca las elecciones de Taiwán, algunos de ellos alabando al sistema y la apertura de los candidatos para responder a las preguntas y satisfacer a los votantes.

"No lo entiendo. Parece que la democracia es algo adecuado para el pueblo chino. ¿Por qué nosotros en el otro lado del estrecho sólo podemos suspirar?", escribe un bloguero.

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Por oponerse al gobierno comunista, dice Chang, "los taiwaneses fueron vistos como malos, renegados. Ahora mira a esos mafiosos, en realidad les está yendo bien".

Reporte adicional por Sarah Mishkin.

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