Japón: cómo evitar una guerra de divisas

La depreciación del yen como resultado del estímulo del Banco Central es una preocupación; una caída sostenida en el valor de la moneda plantea posibles represalias por parte de otros países.
haruhiko kuroda  (Foto: Cortesía CNNMoney.com)
Charles Riley

Japón protagoniza un acto de equilibrismo: intenta avivar su economía sin desatar una guerra de divisas.

El país está tratando de vencer 15 años de deflación, una caída de los precios que tiene un efecto negativo sobre el crecimiento económico porque los consumidores se refrenan de gastar en la creencia de que los precios descenderán más.

Así, el Banco de Japón (BoJ), encabezado por el nuevo gobernador Haruhiko Kuroda, está inyectando dinero en la economía a una escala masiva. A principios de este mes, el BoJ anunció que comenzaría a comprar deuda de largo plazo y valores como los fondos cotizados a un ritmo anual de entre 60 y 70 billones de yenes. Mientras más activos compra el banco, más yenes imprime. El objetivo es elevar la inflación anual a la meta de 2%.

Pero estas acciones también han contribuido a una fuerte depreciación en el valor del yen. Y ese es el problema. Un yen más débil es bueno para los exportadores nipones, que verán una mayor demanda para sus productos y más oportunidades de venta en el extranjero conforme el yen se abarata.

Pero una caída sostenida en el valor de la moneda también plantea la posibilidad de acciones de represalia por parte de otros países, algo así como un ‘ojo por ojo'. El yen ha bajado un 27% en los últimos seis meses, desplomándose a 100 yenes contra un dólar estadounidense en los últimos días.

Kuroda insiste en que no está tratando de perjudicar a otros países y ha emprendido una ofensiva diplomática para asegurarles a los socios comerciales de Japón que no está entablando una guerra de divisas.

"Nuestras políticas se adoptan con fines domésticos y las divisas de ninguna manera son nuestro objetivo", dijo Kuroda a la prensa japonesa la semana pasada. "Es impensable que cambiemos la política monetaria sólo porque las monedas se mueven en una dirección determinada".

A los ojos de algunos, esta labor de convencimiento no será sencilla.  "Es posible que los principales socios comerciales asiáticos etiqueten a Japón como un samurái de las divisas (currency warrior)", escribió Steven Englander, analista cambiario de Citi, la semana pasada. Corea del Sur y China, dos de los más importantes socios comerciales de Japón, están entre los más proclives a quejarse.

Al mismo tiempo, el BoJ ha encontrado el apoyo del Fondo Monetario Internacional y la Reserva Federal de Estados Unidos, que también ha orquestado un agresivo programa de compra de bonos en los últimos años. Janet Yellen, vicepresidenta del Banco Central estadounidense, dijo recientemente que las acciones de Japón son emprendidas en función "de sus propios intereses".

 "Es algo que, si tiene éxito, será bueno para estimular el crecimiento de la economía mundial y será bueno para nosotros también", expresó.

Por su parte, Christine Lagarde del FMI dijo la semana pasada que las acciones del BoJ son "otro paso positivo" en los esfuerzos para flexibilizar la política monetaria y estimular el crecimiento en las economías de todo el mundo.

"Estos comentarios son importantes porque le dan un apoyo político internacional al marco normativo del BoJ, y eliminan el temor de que el BoJ se verá obligado a cambiar de rumbo debido a la crítica internacional", explicó Englander.

No obstante, los principales socios comerciales de Japón están claramente atentos a los acontecimientos. La semana pasada, el Departamento del Tesoro de EU emitió un tono más cauteloso en su informe semestral sobre las prácticas monetarias.

 "Seguiremos presionando a Japón a adherirse a los compromisos acordados en el G7 y el G20, a seguir orientado hacia el cumplimiento de los objetivos domésticos respectivos utilizando instrumentos internos y a abstenerse de la devaluación competitiva y el acomodo de su tipo de cambio con fines competitivos", señaló el informe.

Por ahora, Kuroda parece estar dando señales de que el BoJ tomará una actitud de esperar y ver qué pasa antes de considerar la adopción de nuevas medidas. "Creemos que tomamos todas las medidas necesarias para alcanzar la meta inflacionaria del 2%  básicamente en dos años", aseguró la semana pasada. "Vamos a examinar el efecto cada mes, pero eso no significa que ajustaremos la política cada mes".

Hasta ahora, tanto Kuroda como el primer ministro japonés Shinzo Abe han rechazado la posibilidad de comprar bonos en moneda extranjera, una medida que casi con certeza provocaría una respuesta de otras naciones.

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Japón podrá exponer sus argumentos esta semana en una reunión de los ministros de Finanzas del G20 en Washington. El argumento probablemente sonará muy en la línea que Kuroda ensayó esta semana:

"Si la economía de Japón se recupera de manera sostenida y la estabilidad de precios se logra como resultado, eso no sólo beneficia a Japón, sino a la economía global, incluyendo a nuestros vecinos", dijo en Tokio.

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