Brasil, el reflejo ‘opaco’ de México

El país sudamericano enfrenta presiones de las calificadoras, mientras lucha por atraer capitales; México ha logrado un equilibrio político-económico y Brasil ha perdido atractivo, dicen analistas.
brasil mexico  (Foto: Especial)
Joe Leahy
SAO PAULO -

Brasil se ha acostumbrado a ser el primero de la clase, en lugar del burro, en lo que respecta a la opinión de las agencias de calificación.

Así que fue un poco sorprendente cuando recibió un tirón de orejas por parte de Fitch, que advirtió que las dificultades del país para reiniciar su decaído crecimiento económico están "pesando" sobre su calificación.

"Con una trayectoria de crecimiento más lenta, hacer avances en la consolidación fiscal se vuelve más difícil", dijo Shelly Shetty, analista de Fitch.

No es que Brasil se enfrente a algún tipo de crisis. Todavía tiene una de las mayores reservas de divisas del mundo, con alrededor de 377,000 millones de dólares, un sistema financiero sólido y un Gobierno y Banco Central aún más o menos comprometidos con metas de inflación y con mantener un tipo de cambio flotante.

Es simplemente que Brasil, el guerrero monetario original acostumbrado a desalentar las entradas de capital durante sus años de auge entre 2009 y 2011, se encuentra ahora en un mundo diferente en términos de operaciones de divisas y de mercados de capital.

Brasil fue un fuerte crítico de la política monetaria laxa en Estados Unidos y en otros países desarrollados. Ésta, decía, desató una avalancha de dinero en su dirección, fortaleciendo su tipo de cambio y restando competitividad a la industria doméstica. Sin embargo, ahora parece que el reto a largo plazo será cómo atraer flujos de capital en lugar de repelerlos.

Aunque se espera que el reciente cambio de Japón hacia una política monetaria más flexible y la probable continua flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal de Estados Unidos impulsen los flujos hacia los mercados emergentes en el corto plazo, la competencia entre los países en desarrollo para atraer la atención de los inversores está aumentando.

Es en este desfile de belleza donde Brasil, con un crecimiento económico de menos del 1% el año pasado y un deterioro de la cuenta corriente, parece menos atractivo para los portafolios y para los inversores extranjeros directos en comparación con países como México, que están avanzando en reformas políticas y económicas.

"Los años de flujos acelerados de inversión extranjera directa (IED) se han ido", dijo Flavia Cattan-Naslausky de RBS. "Estuvieron muy alineados con el auge de las materias primas, y ahora creo que la IED tiene mucho más que ver con un impulso positivo tanto en lo económico como en lo político", dice. "Eso es ciertamente la razón por la cual México está en el foco y, desafortunadamente, Brasil es el espejo de México, y es el reflejo feo".

El tipo de cambio real brasileño-dólar estadounidense cuenta la historia. Desde un punto de resistencia de cerca de 1.50 reales por dólar a mediados de 2011, cuando el interés de los inversores de portafolios extranjeros en Brasil era más fuerte, la moneda cayó a 2.10 reales en diciembre del año pasado, antes de regresar a cerca de 1.98 reales en los últimos meses.

El Banco Central sostiene que el tipo de cambio es determinado por los mercados. Pero los analistas sospechan que, debido a que el interés de los inversores se moderó a mediados de 2011, el valor real del dólar en Brasil ha sido en parte guiado por los responsables políticos.

Al desaparecer la presión de la apreciación, el Gobierno experimentó al principio con un tipo de cambio más débil para tratar de impulsar a la industria, pero más tarde se vio obligado a traerlo de vuelta a menos de dos reales por dólar para contener la inflación.

Se espera que las fuerzas que están debilitando el real brasileño continúen este año, y David Beker, economista para América Latina de Bank of America Merrill Lynch, prevé que el actual déficit en cuenta corriente se elevará al 3.1% del producto interno bruto este año desde el 2.4% un año antes.

Dijo que la IED neta a 12 meses alcanzó un máximo de 76,300 millones de dólares en septiembre de 2011, "y el impulso ha declinado desde entonces".

"Menos flujos de IED y un mayor déficit en cuenta corriente respaldan la idea de un real brasileño más débil en el mediano plazo, consistente con nuestro valor razonable de 2.19 reales", dijo Beker en una nota de investigación

Sin embargo, el Gobierno brasileño todavía tiene una serie de ases bajo la manga para tratar de revivir el interés en sus mercados. Entre ellos, potencialmente se encuentra eliminar su impuesto a las transacciones financieras, conocido como IOF, de los mercados de renta fija.

De hecho, el real se fortaleció notablemente a principios de este mes cuando circularon rumores de que el IOF de 6% sobre los flujos extranjeros hacia los mercados nacionales de renta fija y sobre los préstamos extranjeros a corto plazo a empresas brasileñas estaba a punto de ser abolido.

Pero muchos analistas creen que el Gobierno no tiene prisa por relajar sus controles monetarios mientras lucha con los mayores problemas de inflación y bajo crecimiento.

El Gobierno preferiría ver una moneda débil en vez de una fuerte para ayudar a la industria nacional. Con la versión japonesa de flexibilización cuantitativa en marcha y cuando se espera que el Banco Central aumente pronto las tasas de interés para combatir la inflación, reducir el IOF ahora podría resultar en una apreciación demasiado fuerte del real.

"No creemos que el Gobierno avance rápidamente en una decisión de retirar parcialmente los controles de capital", dijo en un informe Chris Garman, analista de Eurasia Group.

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Puede que así sea en el corto plazo, pero en el nuevo mundo posterior a la guerra de divisas, Brasil tendrá que empezar a pensar más seriamente acerca de cómo mantener su atractivo para los inversionistas externos.

Después de todo, esos molestos ingresos de divisas extranjeras son requeridos para financiar el déficit en cuenta corriente y son una inversión muy necesaria en un país que será el anfitrión de la Copa del Mundo en 2014 y de los Juegos Olímpicos dos años después.

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