El déficit da un respiro a EU, por ahora

Se prevé que el saldo fiscal negativo disminuya hasta 2.4% del PIB hacia 2015; sin embargo, se estima que en 2016 el déficit volverá a aumentar y presionará las finanzas públicas.
dolares graficas  (Foto: Thinkstock)
Jeanne Sahadi

El déficit de Estados Unidos está disminuyendo, y a pasos agigantados. ¿Recuerdas el 2009, el punto álgido de la crisis económica? Ese año, el país gastó mucho más de lo que ingresó e incurrió en un desorbitante déficit que superó el 10% del tamaño de la economía.

Este año se espera que el déficit sea de la mitad, alrededor del 5.3% del PIB, estima la Oficina de Presupuesto del Congreso estadounidense (CBO, por sus siglas en inglés). Y para 2015, se prevé que el déficit caiga a 2.4%.

Más aún, la deuda nacional que se ha acumulado de los déficits anuales también se prevé que descienda a un estimado de 73.1% del PIB en 2018 desde el estimado actual de 76.3%.

Hay varias razones para esta tendencia a la baja. La economía está en vías de recuperación. El ingreso federal entrante ha aumentado desde mínimos de 60 años y pronto superará su promedio histórico durante gran parte de la próxima década. El gasto público, por su parte, ha descendido desde máximos de 60 años.

Y, por supuesto, las proyecciones han mejorado porque el Congreso y el presidente Barack Obama han convenido una reducción del déficit por 4 billones de dólares programada para implementarse en el transcurso de la próxima década. Eso presupone que los cerca de un billón de dólares en recortes presupuestarios forzados que entraron en vigor el mes pasado se mantendrán en los libros o serán reemplazados con algo comparable, como Obama ha propuesto.

¿Quiere decir esto que se acabaron las advertencias sobre la necesidad de reducir el déficit? "El déficit es manejable en el mediano plazo en virtud de que el crecimiento ha vuelto, de los bajos costos de los préstamos, y de las decisiones políticas para reducir el gasto en el acuerdo de la deuda de 2011 y el acuerdo fiscal para aumentar los impuestos en 2012", explicó Sean West, director de política estadounidense para Eurasia Group.

Sin embargo, la reducción del déficit concertada hasta ahora no servirá de mucho para hacer frente a la situación fiscal del país a largo plazo, que es donde radica el verdadero problema de la deuda.

"Sería ingenuo pensar que estamos fuera de peligro. Al final de la década estaremos de vuelta en la situación crítica de los programas de ayuda social. Y los costos de servicio de la deuda comenzarán a convertirse en un problema también", apuntó Greg Valliere, principal estratega político de Potomac Research.

Esto es lo que Valliere quiere decir: Dado que el Congreso aún tiene que abordar y solucionar los enormes desequilibrios a largo plazo entre los egresos y los ingresos, se espera que el déficit comience a aumentar de nuevo en 2016 y la deuda reanude su caminata ascendente en 2019.

Esos desequilibrios se verán alimentados por el aumento del gasto en programas sociales, especialmente de Medicare, debido a dos factores:

El primero es el envejecimiento de la población estadounidense. Se espera que la proporción de la población mayor de 65 años crezca a 19% en 2029, frente al 13% actual, según la Oficina de la Contraloría Gubernamental (GAO, por sus siglas en inglés). El segundo factor es el crecimiento de los costos de la atención sanitaria, que regularmente es más alto que la inflación.

Por otro lado, la política fiscal actual no generará los ingresos necesarios para apoyar adecuadamente la expansión del gasto.

En cuanto a los intereses de la deuda, asumiendo que las políticas actuales permanecen vigentes y las tasas de interés comiencen a subir conforme la economía mejora, la CBO proyecta que para el año 2023 tan solo los costos por concepto de intereses ascenderán a 857,000 millones de dólares, esto es, casi cuatro veces lo que el Gobierno federal está pagando hoy. Como porcentaje del PIB, los costos por intereses se duplicarían con creces hasta el 3.3%, frente al 1.4% que representan este año.

Es por eso que los expertos independientes en materia presupuestal han estado insistiendo en que las autoridades tendrán que recortar el gasto a largo plazo, elevar los impuestos o hacer ambas cosas a fin de evitar una futura crisis presupuestaria.

La GAO estima hoy que bajo las políticas actuales y las condiciones fiscalmente restringidas en los próximos años, para el 2030 los ingresos federales apenas podrán cubrir el gasto en intereses y los grandes programas de ayuda social (Medicare, Medicaid, la Seguridad Social y los subsidios al seguro de salud).

Para el año 2040, ni siquiera será capaz de cubrir adecuadamente esos gastos. Salvo que se realicen reformas serias, los números empeorarían en los años subsiguientes.

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