Sobran alertas para una próxima crisis

Expertos contemplan gran número de escenarios que podrían desencadenar un nuevo colapso financiero; Europa, bonos de riesgo y los ciberataques son algunos de los mayores riesgos económicos.
Crisis financiera  (Foto: Getty)
Stephen Gandel
FORTUNE -

Las tasas de interés, el endeudamiento, el ‘demasiado grande para quebrar', las ventas forzadas, el flash crash, los préstamos riesgosos, la tasa Libor, los ataques cibernéticos, Europa, Japón, China... sólo faltó la peste bovina.

El jueves pasado, el superconsejo estadounidense de reguladores bancarios, creado después de la crisis financiera, presentó una lista de sus mejores conjeturas sobre lo que podría provocar una nueva crisis financiera. Tal vez lo más sorprendente de la lista fue lo extensa que era.

Eso por sí solo debería ser suficiente para cimbrar nuestra fe en la ley Dodd-Frank, las regulaciones bancarias aprobadas por Estados Unidos en 2010. Casi tres años más tarde, la lista de factores que podrían volar en pedazos al sistema financiero no parece haberse acortado.

En lo que sí hemos mejorado es en hacer listas de riesgos. Aparte del Consejo de Supervisión sobre la Estabilidad Financiera (FSOC), que publicó la lista del jueves, el Departamento del Tesoro también tiene un nuevo grupo de investigación que estudia innovaciones financieras para problemas potenciales. La Oficina de Protección al Consumidor Financiero (CFPB) detalla áreas donde los bancos podrían estar timando a las personas, más recientemente, los créditos automotrices. Y en pocos meses, el FSOC revelará qué firmas financieras son tan importantes que una quiebra en una de ellas podría dañar la economía y posiblemente causar otra crisis, una lista que se sumará a las anteriores.

La pregunta es si todas estas listas son en realidad  útiles.

Uno de los mayores problemas en la lista de los riesgos financieros publicada el jueves es el tema conocido como ‘demasiado grande para quebrar'. El informe del consejo dice que los grandes bancos pueden pedir prestado más y más barato si se asume que el gobierno los rescatará si se meten en problemas. Ese endeudamiento adicional podría ocasionar que los bancos asuman riesgos excesivos.

El problema es que el propio gobierno no parece estar tomando en serio este riesgo. El secretario del Tesoro Jack Lew no ha dicho nada sobre el tema. Y otros funcionarios del Tesoro han tratado de restarle importancia. La semana pasada, Mary Miller, una alta funcionaria del Tesoro, dijo que podría haber varias razones por las que los grandes bancos obtienen tasas de interés más bajas sobre los préstamos. Lo que no lo hace menos riesgoso, justo por ello los grandes bancos terminaron en la lista del FSOC.

El aumento de las tasas de interés, un riesgo que también aparece en la lista del FSOC, sí parece preocuparles a los bancos. Jamie Dimon, de JPMorgan Chase, dijo en su reciente carta anual a los accionistas  que su banco estaba renunciando a una cantidad significativa de ingresos con el fin de protegerse de una subida en las tasas de interés. Si las tasas subieran como lo hicieron en 1994, Dimon dijo que JPMorgan podría ganar 5,000 millones de dólares.

A pesar de que dicha alza aparece en la lista, los reguladores no parecen tan preocupados. El FSOC dice que un aumento repentino en las tasas de interés podría provoca pérdidas en los bancos. Pero desestimó el riesgo al decir que estos tienen hoy más capital que antes, lo cual es cierto. Pero eso no significa que los bancos tienen el capital suficiente para afrontar esa pérdida.

El FSOC dice que también le preocupa el reciente aumento en la emisión de bonos de mayor riesgo, en particular las obligaciones de deuda colaterizada, que son contratos que empaquetan préstamos apalancados y los venden a inversionistas. Pero también dice que las obligaciones con garantía prendaria (CLO) son menos riesgosas de lo que eran antes de la crisis financiera. Esta afirmación parece ignorar los recientes informes que revelan que más de la mitad de los préstamos en obligaciones tienen pocas protecciones para los inversionistas, una proporción superior a la que había antes de la crisis crediticia.

El riesgo de desaceleraciones o recesiones en Europa, Japón y China también aparece en la lista del FSOC, a pesar de que los reguladores estadounidenses poco pueden hacer al respecto. El hecho de que la tasa Libor y otras tasas de interés puedan ser inexactas también está en la lista. La razón es que la manipulación puede hacer que la gente se preocupe por los bancos y la economía más o menos de lo que debería. Pero lo que nos preocupa aquí son los bancos. El hecho de que la tasa de referencia Libor estaba siendo manipulada parece ser uno de los secretos peor guardados de Wall Street.

Otras cosas que aparecen en la lista, como el lavado de dinero, parecen ser malas, pero no algo que realmente causaría el colapso de un gran banco, a menos que hubiera un fraude masivo. El fraude generalizado, sin embargo, no está en la lista.

Pero el mayor problema al enumerar las cosas que detonarían una fatalidad financiera es que, inevitablemente, nos equivocamos. Las cosas que causaron nuestra debacle financiera son las que no vimos venir: los cisnes negros. Y aun cuando el FSOC detalla lo que podría ir mal, dedica gran parte de su tiempo explicando por qué no saldrá mal.

Tal vez lo mejor que podríamos hacer es viajar en una máquina del tiempo a principios de 2007 (la época anterior a la crisis financiera) y pedirles a los reguladores que elaboraran una lista de las cosas que podrían reventar al sector bancario. Creo que esa lista sería igualmente displicente, desdeñosa con las verdaderas causas.

La semana pasada Sherrod Brown y David Vitter propusieron un proyecto de ley que eleva sustancialmente la cantidad de dinero que los bancos tienen que tener a mano para cubrir malas operaciones y préstamos tóxicos. Actualmente, ese umbral es del 9%. Los senadores quieren subirlo al 15%. No puedo decir que soy un gran partidario de la propuesta. Hay costos no previstos, y parece que no hay límite para esa lógica (¿Por qué no subirlo al 200%? Eso realmente da seguridad.)

El argumento de los senadores y de quienes apoyan la medida es bueno. No sabemos de dónde vendrán los riesgos. La única respuesta es tener más capital del que creemos necesario. Las listas, sin embargo, dan la impresión de que los reguladores y los bancos saben a ciencia cierta lo que hay ahí fuera, cuáles son los riesgos que nos acechan. El primer paso para proteger y hacer más seguro a nuestro sector bancario es reconocer que saber eso es imposible.

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