Eficiencia energética, una nueva apuesta

La demanda en aumento impulsará el viraje hacia la mejor utilización de los energéticos: expertos; esta nueva ola podría beneficiar a las empresas con tecnologías enfocadas en el uso eficiente.
Combustible  (Foto: Getty)
John Authers

El mundo se enfrenta a una crisis energética. Ese punto de vista es un lugar común. Se prevé que la demanda total de energía aumentará hasta en un tercio en los próximos 25 años.

Las cuestiones más duras son qué hacer al respecto, y quién puede hacer dinero con ello. Hasta ahora, la respuesta es obvia: se ha producido una expansión de la oferta, en gran parte a través de la explotación de gas de esquisto (gas shale) en Estados Unidos.

El impacto del esquisto puede verse en los precios sorprendentemente bajos del gas natural en Estados Unidos. Ha hecho ricos a aquellos que invirtieron en los pioneros del sector. Por ejemplo, las acciones de Continental Resources, uno de los principales operadores de esquisto, se encuentran en niveles más de siete veces superiores a su mínimo de 2008.

También han resultado beneficiados los operadores de la infraestructura y los ductos necesarios para conducir los nuevos flujos de combustible estadounidense. Este sector está controlado por las llamadas sociedades limitadas maestras (MLP, por sus siglas en inglés), que ofrecen a los inversores en el actual entorno la ventaja adicional de que pagan un alto rendimiento.

El índice Alerian de MLP, el punto de referencia ampliamente aceptado por el sector, se ha triplicado desde su mínimo de 2008, e incluso ha ganado un tercio desde su máximo de 2007. Y como su rendimiento ha aumentado más del doble que el del S&P 500, su popularidad podría perdurar.

Sin embargo, estas medidas muestran que la primera conmoción causada por el esquisto ya está reflejada en el precio, y no está claro cuáles serán los próximos pasos. La especulación de que Estados Unidos podría convertirse en un exportador neto de energía no está fuera de la realidad, pero todavía podría ser prematura.

Otros países podrían tratar de explotar sus recursos de esquisto en una escala similar, con Rusia como el candidato más probable para comenzar primero. Tiene una cultura como productor de energía, espacios abiertos, esquisto abundante y un sistema político que puede acallar las objeciones ambientales. China y Brasil también son candidatos posibles. La densamente poblada Europa occidental, con menos esquisto y una cultura ecologista más arraigada, es menos probable que siga su ejemplo.

Este espasmo de actividad ha aliviado los temores de que un pico en la producción de petróleo haya llegado, como se creía durante el alza de precios de hace cinco años. Pero hay un límite a hasta dónde puede elevarse la oferta, y los límites políticos y económicos al daño ambiental que puede ser tolerado.  

Las apuestas en tecnologías de energía alternativa alguna vez populares han caído en desgracia. La producción de etanol dio lugar a un aumento en los precios de los productos agrícolas, por ejemplo. Esto nos lleva a una nueva teoría, que los próximos cinco o 10 años estarán dedicados a un esfuerzo por mejorar la eficiencia energética. Por lo menos, éste es el argumento de Sarbjit Nahal de Bank of America Merrill Lynch en un exhaustivo tomo de 196 páginas que tiene como fin orientar a los inversores de capital a través de la "mega tendencia" de la eficiencia energética. Bien podría tener sentido.  

Nahal divide la eficiencia energética en los distintos sectores económicos, con el transporte representando la mitad del uso de combustible líquido a nivel mundial y se espera que consuma 60% más para 2035, siendo por mucho el sector más importante. Durante los próximos cinco años, no hay mucho margen para la sustitución de petróleo. Esto significa que los mayores beneficiarios serán los operadores de camiones y transporte ligero y sus fabricantes.

La mayor presión provendrá de China e India, que se estima represente el 60% de la demanda adicional durante el cuarto de siglo siguiente.

Ambos tienen ciudades capitales ya asfixiadas por la contaminación. Estos países son una buena apuesta para invertir en la utilización más eficiente de energía.

Mientras tanto, el consumo de energía de Estados Unidos sigue siendo 60% superior al de cualquier otro país de la OCDE. El esquisto ha comprado tiempo, pero la necesidad de reducir el uso de energía obligará al país a una mayor eficiencia, argumenta Nahal. Señala que Estados Unidos ajustó las normas de economía de consumo de combustible para los automóviles el año pasado, una buena noticia para las empresas involucradas en la producción de motores más pequeños y neumáticos de bajo consumo de energía.

El tema abarca a toda la economía. Los edificios son importantes. Las empresas de alta tecnología gastan fortunas enfriando sus centros de datos, así que tal vez los fabricantes de aire acondicionado se verán beneficiados si fabrican máquinas más eficientes energéticamente; semiconductores más eficientes podrían reducir la energía utilizada por los dispositivos, la iluminación podría modificarse para consumir mucho menos combustible. Por consiguiemnte, los consejos de Nahal incluyen a nombres no muy obvios como Kone, el fabricante del elevadores, así como nombres más lógicos como BorgWarner, un fabricante de herramientas de eficiencia de combustible para autos, o Delta Electronics, un fabricante taiwanés de productos para mejorar la eficiencia energética de los equipos informáticos.

¿Quién ganará? Las tendencias de este tipo son "mega" no sólo por su escala, sino también por el tiempo que tardan en dar resultados. Es posible que los ganadores incluso no existan todavía; invertir en una megatendencia de "Internet" antes de que Netscape saliera a Bolsa hace dos décadas significaba correr el riesgo antes de que Google o Facebook existíeran siquiera.

Pero el alboroto que el esquisto ha impulsado, y los perdurbles precios altos del crudo muestran que hay dinero de por medio. La próxima ola bien podría enfocarse en mejorar la eficiencia.

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