La desconfianza contagia a Japón

Firmas que se han beneficiado de un yen más débil ahora dudan de las políticas de Shinzo Abe; temen que los esfuerzos del primer ministro causen solamente altos precios y ningún auge económico.
Japon  (Foto: Getty)
Jonathan Soble
TOKIO -

A los arquitectos del asalto de Japón sobre el yen se les puede perdonar si piensan que Osamu Suzuki, el padre de la industria automotriz del país, es un poco ingrato.

En una conferencia de resultados realizada la semana pasada, el presidente ejecutivo de Suzuki Motor, de 83 años de edad, cuestionó la depreciación que ayudó a su compañía a ampliar en gran medida su beneficio neto.

"El yen ha caído lo suficiente como para hacer que uno se pregunte: 'Oye, ¿es esto seguro?'", dijo antes de pronunciar un mini discurso sobre los fundamentos económicos de la fabricación japonesa que pareció dirigido directamente a Shinzo Abe, el primer ministro y destructor en jefe del yen.

"Hemos estado invirtiendo en India, Tailandia e Indonesia, y no traeremos de vuelta la producción súbitamente a Japón sólo porque el yen esté más barato", dijo.

Su mensaje puede ser leído como un intento por amortiguar las expectativas. Ahora que las exportaciones de Japón son en teoría más competitivas gracias a la caída de 20% del yen desde finales del año pasado, el gobierno japonés y muchos japoneses promedio están buscando que empresas como la suya compartan los beneficios, mediante el aumento de los salarios y la contratación de más trabajadores.

Tales esperanzas están ligadas a las políticas económicas de Abe, conocidas como 'Abenomics', que representan su esfuerzo por reactivar la economía a través de la expansión monetaria y fiscal.

El primer ministro y el gobernador del banco central, Haruhiko Kuroda, están inundando el país con dinero en efectivo para tratar de revivirlo tras más de una década y media de deflación. El público los respalda, sobre todo porque la política ha elevado el mercado de valores en 70% en seis meses.

Sin embargo, si la inflación que las 'Abenomics' están diseñadas para generar resulta ser simplemente precios más altos, y no cheques más grandes, los votantes podrían abandonar a Abe tan rápidamente como le han apoyado.

Por eso, la respuesta de presidentes ejecutivos como Suzuki es crucial. Los autos son de especial importancia: si la industria más poderosa de Japón no toma la iniciativa para transformar las 'Abenomics' de una bendición para los mercados financieros a una para la economía real, es difícil saber quién lo hará. Yukio Noguchi de la Universidad de Waseda llama a la reducción de la capacidad de compra del yen "una transferencia desde los consumidores, servicios públicos e importadores hacia los fabricantes de automóviles", una que tendrá que ser reembolsada si el auge de Abe está destinado a continuar.

Hay razones para pensar que esa transferencia será en gran parte en un solo sentido. Las ganancias de las automotrices se han disparado: Toyota, la mayor de todas, prevé que su beneficio neto aumentará en 40% este año después de aumentar en más del triple el año pasado. Pero los ejecutivos se han resistido a los llamados para aumentar los salarios base o ampliar significativamente la producción local. Honda dijo esta semana que su auto deportivo de gama alta Acura NSX, fabricado en Japón hasta que fue descontinuado en 2005, sería construido en Ohio cuando vuelva a ser introducido.

Este comportamiento aparentemente antipatriótico es el producto de la amarga experiencia. Las automotrices expandieron la producción nacional durante el último período de debilidad del yen, a mediados de la década de 2000, sólo para resultar afectados cuando el yen se disparó y la demanda se derrumbó durante la crisis financiera. El sector de la electrónica hizo lo mismo, a una escala aún mayor, y todavía está pagando por ello: Sharp y Panasonic perdieron casi 13,000 millones de dólares en conjunto en lo que va del año hasta marzo.

Fuera de la industria automotriz, la ambivalencia sobre el yen es aún más fácil de encontrar. La energía importada de la que depende ahora Japón es ahora más cara, un gran problema cuando casi todas las plantas nucleares de Japón permanecen inactivas. La balanza comercial ha caído en déficit y las facturas de electricidad han subido - inflación, sí, pero no del tipo que hace felices a la mayoría de los economistas.

Kazumasa Iwata, ex vicegobernador del Banco de Japón, que ahora es presidente del Centro Japonés para la Investigación Económica, un centro de estudios, cree que el yen está justamente valorado en 100 yenes por dólar. Si se debilita mucho más, dice, podría frenar la recuperación de Japón al hacer que las materias primas importadas sean demasiado caras para que las empresas puedan pagarlas.

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El yen cayó hasta el nivel recomendado por Iwata la semana pasada y muchos expertos prevén que resbale hasta los 105 o 110 yenes por dólar. Iwata teme que pueda "corregirse en exceso" a 120 yenes.

Y es de esperarse que más japoneses "ingratos" se unan a ejecutivos como Suzuki si esto sucede.

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