La desaceleración presiona a China

El gigante asiático podría crecer sólo 7.5%, lo que obliga a aprobar reformas estructurales; China debe impulsar el consumo interno por encima de las exportaciones, dicen analistas.
china2  (Foto: Cortesía de CNNMoney)
Charles Riley
HONG KONG -

Hay una fuerte caída de las exportaciones, una débil actividad manufacturera, una contracción del crédito y altísimas tasas de interés.

Esta ristra de datos sugiere que el crecimiento económico de China se está desacelerando, una tendencia que pondrá a prueba la determinación de los dirigentes del país en su intento de llevar a cabo reformas estructurales dolorosas pero necesarias.

Consideremos la evidencia: China reportó este miércoles un inesperado descenso de 3.1% en las exportaciones, una cifra mucho más débil de la esperada por los economistas. Las importaciones también se redujeron, lo que indica una menor demanda interna.

Los datos recientes del sector manufactura no ha sido mejores, y sugieren que la actividad se está desacelerando en las fábricas de China.

Lo más preocupante, tal vez, es que las tasas de los préstamos interbancarios se dispararon al 20% a fines de junio durante un aparente rifirrafe entre el Banco Central y los prestamistas "en la sombra" del país, el llamado sector bancario paralelo.

La magnitud del desafío que enfrentan los líderes de China ganará claridad la próxima semana cuando se publiquen las cifras del PIB del segundo trimestre.

Muchos economistas se han apresurado a rebajar sus estimaciones de crecimiento en fechas recientes, el consenso estima una tasa anual de 7.5%. Una expansión a ese ritmo haría la envidia de la mayoría de los países, pero para China será una de las tasas más lentas registradas en las últimas dos décadas.

Ese debilitado crecimiento pone al gobernante Partido Comunista de China en una situación difícil, y podría descarrilar las reformas destinadas a cambiar la segunda mayor economía del mundo a un modelo de crecimiento más sostenible.

La economía china depende grandemente de la inversión, una tendencia que ha distorsionado el mercado inmobiliario del país y ha colocado el énfasis en las exportaciones por encima del consumo. Además, las normas que rigen los mercados de valores de la nación le dificultan a ciertas empresas la obtención de capital. Mientras que las empresas de propiedad estatal, que dominan sectores enteros de la economía china, gozan con demasiada frecuencia de préstamos favorables y trato preferente por parte del Gobierno.

El camino a seguir, coinciden la mayoría de los analistas, exige que China avance hacia una economía en la cual el consumo sea el impulsor del crecimiento.

El presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Keqiang están a todas luces decididos a seguir adelante con las reformas, incluso si esto significa tolerar un crecimiento más lento por ahora.

"Las autoridades chinas finalmente parecen dispuestas a atajar los desequilibrios estructurales de la economía", escribió hace unos días el principal economista para Asia de Capital Economics. Mark Williams.

"Esto reduce el riesgo de una desaceleración brusca en el crecimiento del PIB más adelante, pero también significa que probablemente el crecimiento de China será mucho más débil en los próximos años de lo previsto por la mayoría actualmente", aseguró.

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La pregunta clave del momento es hasta qué punto puede ralentizarse la economía antes de que el gobierno intervenga en su afán de apuntalar el crecimiento.

Los analistas no son optimistas de que un cambio se dé en los próximos meses. Los economistas del banco japonés Nomura, por ejemplo, creen que hay un 30% de posibilidades de que el crecimiento caiga por debajo del 7% en la segunda mitad del año.

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