Regulación, ¿receta contra nueva crisis?

Legisladores de EU buscan revivir una ley para prohibir a los bancos asumir riesgos al invertir; sin embargo, analistas creen que la norma por sí sola no protegería a los ahorradores.
dolares banco 3  (Foto: Getty)
Nin-Hai Tseng
FORTUNE -

Si los bancos se portan mal, que venga la ley Glass-Steagall a poner orden.

Tal ha sido el mantra de los años posteriores a la crisis financiera de 2007-2008, la fórmula que ahora enarbolan los senadores estadounidenses Elizabeth Warren (demócrata por Massachusetts) y John McCain (republicano por Arizona).

La ley, que data de la era de la Depresión, impedía que los bancos comerciales también asumieran negocios que habitualmente eran realizados por los bancos de inversión. Se reprocha que su derogación en 1999 alentó el riesgo y la codicia y mucho de lo que está mal en Wall Street; sin la Glass-Steagall que lo evitara, los bancos se hicieron más grandes y, con los años, "demasiado grandes para quebrar".

La semana pasada, la singular dupla política presentó un proyecto de ley destinado a recrear esa ley de 1933. El esfuerzo es bienvenido, pero las protecciones que ofrece la Glass-Steagall no son una panacea para el riesgo bancario de hoy día, su derogación no causó la crisis financiera. El restablecimiento de la ley probablemente no proteja a los estadounidenses entre sí.

Esto no quiere decir que una ley como la Glass-Steagall no sea necesaria. La propuesta de Warren y McCain sería separar la banca tradicional (que ofrece las cuentas corrientes y de ahorros estándares, aseguradas por la Corporación Federal de Seguro de Depósitos) de las instituciones de mayor riesgo, como aquellas que participan en la banca de inversión, la venta de productos de seguros, los fondos de cobertura, capital privado y similares.

Esto sin duda limitaría los riesgos en el sistema financiero, algo que es muy necesario ya que los bancos asumen cada vez más riesgos y se han vuelto demasiados grandes demasiado rápido.

Incluso los banqueros más inverosímiles como el antiguo CEO de Citigroup, Sandy Weill, han pedido que la ley regrese. Recordemos que fue Weill quien erigió a Citi, otrora el mayor banco del mundo, en el "supermercado" financiero que era cuando se desató la crisis financiera.

Restablecer algo parecido a la ley Glass-Steagall, sin embargo, no protegerá a los estadounidenses de volver a vivir otra crisis financiera. Es cierto que revocar la ley probablemente contribuyó a que la crisis fuera peor, como Barry Ritholtz ha señalado. Alentó a un sistema financiero que asumió erróneamente que los bancos pueden autorregularse; a las instituciones financieras se les permitió ganar tamaño, complejidad y excesivo apalancamiento.

Sin embargo, la derogación de la Glass-Steagall por sí sola no causó la crisis financiera o la pérdida por trading de más de 2,000 millones de dólares sufrida por JPMorgan el año pasado (la cual, por lo demás, se produjo en la división comercial del banco y no en el brazo de banca de inversión), algo que la propia legisladora Warren reconoció en una entrevista el año pasado con el reportero Andrew Ross Sorkin del New York Times. Recordemos que los primeros bancos en venirse abajo con la crisis financiera fueron Bear Stearns, Lehman Brothers y Merrill Lynch... Todos ellos bancos de inversión sin las actividades bancarias comerciales cubiertas por la Glass-Steagall.

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Está claro que las enormes pérdidas de Citigroup y su posterior rescate gubernamental tal vez no hubieran ocurrido si la Glass-Steagall aún estuviera vigente. Citicorp y Travelers Group no habrían podido fundirse en la mayor empresa de servicios financieros del mundo.

Todo esto ilustra la complejidad de las regulaciones financieras y lo que se necesita para proteger a los contribuyentes de Estados Unidos contra los riesgos planteados por los bancos de hoy. Recuperar una ley como la Glass-Steagall sin duda reducirá los riesgos que plantean los bancos estadounidenses demasiado grandes para quebrar, pero no los elimina. Warren misma ha admitido que su propuesta se enfrenta a grandes obstáculos políticos. Con todo, si tiene éxito, sería demasiado idealista decir que no se producirá otra crisis financiera.

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