Lo que Bernanke realmente quiere decir

Mohamed El-Erian señala que Wall Street no ha puesto atención a las palabras del banquero central; el retiro de estímulos en EU podría evidenciar la fragilidad que tienen los mercados, advierte.
ben1  (Foto: Cortesía de Fortune)
Mohamed A. El-Erian*
FORTUNE -

El testimonio de esta semana de Ben Bernanke ante el Congreso estadounidense fue un intento magistral de hacer distinciones que los economistas valoran justamente, pero los mercados de valores ignoran repetidamente. Podemos esperar que él siga presionándolos a medida que intenta preparar a la economía para una eventual reducción del respaldo excepcional de la Reserva Federal (Fed). Sin embargo, una de las distinciones más importantes de todas sigue sin respuesta.

Bernanke se esforzó mucho de nuevo para recordarnos a todos que la reducción del programa no significa que el Banco Central esté apretando -una distinción que destacó hace unas semanas- al comparar la acción de sacar el pie del acelerador de un coche a presionar los frenos.

También hizo hincapié en que ajustar las herramientas de la institución (incluyendo compras experimentales de valores, tasas de interés muy bajas y una orientación agresiva hacia políticas progresivas) están sujetas a diferentes calendarios. Por otra parte, no había nada "predeterminado" sobre las intenciones políticas de la Reserva Federal. En efecto, la institución "estaría preparada para emplear todas sus herramientas, incluyendo un aumento (la cursiva es mía) en el ritmo de las compras durante un tiempo".

Complementando su mensaje de política responsiva y acomodaticia, Bernanke destacó la diferencia entre la noción operativa de los "detonantes" políticos y la noción menos grave de los "umbrales". La primera implicaría una contracción inmediata y automática de la política monetaria. Eso no es lo que está realizando la institución. En vez de eso, está enfocada en los umbrales que "conducirían al Comité (de formulación de políticas del Banco) a examinar si las perspectivas (económicas) justifican ese aumento".

Por último, el banquero central distingue entre los datos más fuertes (como la disminución en la tasa de desempleo desde septiembre y los incrementos mensuales de empleos relacionados de 200,000 este año) y la evaluación general de la salud de la economía. Sobre esto último, justamente ha señalado que "la situación del empleo está lejos de ser satisfactoria". Además, cuando se trata de la otra parte del doble mandato de la Fed, el desafío bien podría ser "muy baja inflación" en lugar de una alta inflación.

Estas distinciones tienen como objetivo reducir la inclinación de los inversores de presionar prematuramente las tasas de interés del mercado a sus "valores terminales" normalizados -y es comprensible-.

Como quedó demostrado por los trastornos que siguieron a los comentarios de línea más dura de Bernanke del 22 de mayo y el 19 de junio, un endurecimiento prematuro de las condiciones financieras podría hacer más que simplemente exponer la fragilidad subyacente de los mercados de capitales y de intermediación financiera, sino que también socavaría lo que sigue siendo un frágil proceso de curación y recuperación económica en Estados Unidos y en otros países.

Sin lugar a dudas, Bernanke está señalando que el Banco Central está dispuesto y es capaz de seguir en la línea acomodaticia durante mucho tiempo. En efecto, a diferencia de las anteriores declaraciones de los funcionarios, el testimonio del miércoles esencialmente eludió lo que Bernanke ha mencionado en varias ocasiones como los "costos y riesgos" de una política monetaria no convencional. En el proceso, dejó abierta la distinción más importante de todas.

Una de las cuestiones más difíciles que enfrenta la economía estadounidense (y la mundial) no está relacionada con la voluntad y capacidad política sino, más bien, con la eficacia de las políticas. En esencia, queda por ver si los beneficios esperados de todas estas medidas monetarias no convencionales se materializarán, y si lo harán antes de que el riesgo de daño colateral sea demasiado grande.

Por desgracia, la efectividad de las políticas no es un resultado que los bancos centrales sean capaces de asegurar por su cuenta. Teniendo en cuenta el triple desafío que enfrentan las economías occidentales -a saber, la insuficiente demanda agregada, las rezagadas reformas estructurales y las burbujas residuales de apalancamiento excesivo y sobreendeudamiento-, lo que los bancos centrales están haciendo bien podría ser necesario pero ciertamente insuficiente.

Para tener éxito, los bancos centrales necesitan el apoyo de los políticos y de otras entidades de formulación de políticas. Aquí, por desgracia, la mayoría de las economías occidentales aún están muy lejos de cumplir con el dúo necesario de voluntad y capacidad, ya no digamos de conseguir la eficacia.

*El autor es el presidente ejecutivo y copresidente de inversiones de PIMCO.

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