Los focos rojos de China y Japón

Ante la debilidad del motor de la economía china, toda Asia podría enfrentar una desaceleración; en Japón el mercado se está inflando, a causa de la política de impresión de dinero del Gobierno.
japon1  (Foto: Getty)
Moshe Silver

Los mercados de renta variable de Japón en este momento están siendo impulsados por la misma política de "imprimir y gastar" que la Reserva Federal utiliza para compensar a Wall Street, que emana de la misma utopía que pagó incontables billones de dólares en bonos a los banqueros quebrados de Estados Unidos.

Mientras tanto, un variado grupo de economistas de alto nivel, incluyendo al colega de Princeton de Ben Bernanke, Paul Krugman, continúa exhortando a los japoneses a "¡Imprimir! ¡Imprimir! ¡Imprimir!" en su camino hacia la prosperidad. Como si la impresión de más dólares y yenes fuera una mágica panacea monetaria fortalecedora para curar los males económicos de una nación.

Una de las áreas de especialización de Krugman es, por supuesto, la "trampa de liquidez". Eso es cuando los rendimientos de los bonos se hunden tanto, que el mercado los trata como dinero en efectivo. Él ha escrito que la "década perdida" de Japón, los 10 años (o 20 años, dependiendo de a quién le preguntes) tras el colapso de su burbuja inmobiliaria, fueron una trampa de liquidez extendida.

Al igual que las cucarachas tratadas durante generaciones con insecticidas, en una trampa de liquidez, los mercados se vuelven inmunes a nuevas inyecciones de efectivo. En la economía keynesiana, el trabajo del Banco Central es gestionar las tasas de interés, añadiendo o retirando dinero, comprando o vendiendo bonos en el mercado abierto. Por tanto, en esta estratagema, la política del Gobierno es incapaz de estimular el crecimiento económico.

Krugman sostiene que el Gobierno de Japón no ha arrojado suficiente dinero al sistema. Con el Gobierno de Shinzo Abe firmemente asentado tras las elecciones del mes pasado, Krugman y sus compañeros keynesianos tienen un asiento de primera fila para presenciar un verdadero experimento social directo: ¿Podrán las políticas económicas de Abe (también llamadas ‘Abenomics') rescatar a Japón con su tsunami de billetes, o la economía continuará rezagándose?

Eso sí, no todo el mundo piensa que Japón está rezagándose. Algunos observadores señalan que la mayoría de los nipones mantuvieron sus empleos durante las "décadas perdidas", y que, bajo las mediciones de nivel de vida, comercio exterior y fortaleza de la moneda, las décadas de Japón no fueron "perdidas" en absoluto. Esto también debe verse a través del lente de los valores culturales y las expectativas: los japoneses valoran la estabilidad del empleo más que la capacidad de subir la escalera corporativa.

Shinzo Abe, el muy querido -y reelecto- primer ministro, está imprimiendo yenes con desesperación. El mercado de valores de Japón se está inflando como un globo gigante en el desfile de Macy del Día de Acción de Gracias. La reelección de Abe podría proporcionar la estabilidad política para reformas económicas muy necesarias, pero por ahora está reflejando el experimento estadounidense de poner dinero gratis en los bolsillos de los banqueros. Esta política debería funcionar bien para sus mercados de renta variable, hasta que ya no dé más.

Pero no busques consuelo en ningún otro lugar de Asia. El resto de los políticos asiáticos carecen verdaderamente de municiones debido a que el crecimiento económico del continente se ha reducido casi a la mitad desde 2010.

Y si no estabas preocupado por China, ahora sería un buen momento para comenzar a estarlo.

China ha sido el principal motor del crecimiento en la región, representando casi el 38% de todo el PIB de Asia el año pasado. Ahora, el Gobierno chino reconoce que el crecimiento se encuentra en una desaceleración, pronosticando públicamente un crecimiento en el rango del 7%, muy por debajo de los dos dígitos de hace sólo tres años.

La formación de capital fijo de China creció alocadamente durante los años de expansión. Sin embargo, muchos de éstos eran proyectos vacíos, de relleno, diseñados solamente para inflar el PIB, dejando al país inundado de aeropuertos sin usar, carreteras sin terminar y edificios de oficinas, y con préstamos bancarios para estos proyectos sin ingresos.

Los bancos de China son una bomba de tiempo a punto de explotar. Sus activos están hinchados a un estimado de 270% del PIB. Un gran porcentaje ya están en el limbo acreedor, tras asegurarse carreteras, puentes, túneles y aeropuertos hacia ninguna parte. Los bancos de China se enfrentan a una posible crisis a medida que la inversión en grandes proyectos de activos fijos desciende en medio de la erosión de la liquidez en el sistema financiero.

El aumento de las tasas afectará a los mercados de China también, impulsando las tasas asiáticas a un alza. Esto aplastaría a las economías con grandes requerimientos de capital de la región, muchas de los cuales han ampliado su capacidad específicamente para cubrir la demanda china. El aumento de las tasas -a nivel mundial, pero sobre todo en el "refugio seguro" del mercado del Tesoro de Estados Unidos- aunado a un dólar fuerte, castigaría a las monedas asiáticas sobrevaluadas, lo que desataría la inflación, pero en un contexto de crisis económica. Esto se traduce en problemas económicos y potencial de malestar social.

El analista senior de Hedgeye y perspicaz observador de Asia, Darius Dale dice que los responsables políticos chinos están comenzando parecer menos preocupados por una posible burbuja de precios de los activos domésticos. Esto podría darles más flexibilidad en algún tipo de política de dinero fácil destinada a los estímulos domésticos. Tal cambio de política probablemente sería lento de implementar y mucho más lento para que entre en vigor.

Dale advierte que los refinanciamientos masivos de deuda por lo general ralentizan el crecimiento económico al succionar liquidez al sistema financiero, "desviando créditos adicionales que habrían sido otorgados a empresas productivas". Tal vez lo más importante es el impacto sobre una economía frágil, que podría obstaculizar la creación de una base económica estable al desviar liquidez de las empresas marginalmente productivas, o de otras temporalmente improductivas que simplemente están tratando de capear la tormenta económica.

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Por último, es casi seguro que cualquier refinanciamiento que los líderes de China estén contemplando no será compensado con un aumento significativo en el ahorro privado. Sin China para alimentar el motor, la pista de carreras económica de Asia parece estar destinada a una larga parada en los pits.

*Moshe Silver es director general de Hedgeye Risk Management y autor de Fixing a Broken Wall Street.

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