Islandia amenaza a Europa... otra vez

El pequeño país podría sufrir una nueva crisis bancaria, lo que reaviva los temores del continente; el nuevo Gobierno busca levantar los controles de capital pero teme un daño a la economía.
islandia  (Foto: Getty)
Cirus Sanati

Es inevitable el desenmascaramiento de la dudosa recuperación económica de Islandia, ya que podría tener graves consecuencias para el resto de Europa.

Desde 2008, la pequeña nación insular ha podido evitar una crisis económica absoluta en gran parte gracias a los controles de capital impuestos por el Gobierno, que ha evitado que su moneda implosione. Al mismo tiempo, los bancos "zombies" de la nación han logrado evitar el total colapso gracias a tácticas dilatorias que les han permitido evitar llegar a acuerdos con sus acreedores.

Pero los muros que el Gobierno y sus bancos han erigido para proteger a su población de los elementos externos finalmente han comenzado a desmoronarse. Por desgracia, no hay mucho que Islandia pueda hacer para salvarse a sí misma en este punto; tendrá que afrontar las consecuencias eventualmente.

La mayor preocupación es el impacto que una nueva crisis monetaria del país podría tener sobre Europa en los próximos meses. Después de todo, el espectacular colapso de Islandia en 2008 ayudó a intensificar la crisis de deuda europea, debido a que expuso las debilidades del sistema bancario en la región. Otra crisis podría reavivar fácilmente los temores de los inversores, lo que conduciría a un nuevo pánico en el continente.

Durante los años de auge, Islandia fue dirigida más como un fondo de cobertura que como una nación soberana. Sus tres principales bancos acumularon activos de todo el mundo, que en su punto más alto equivalían aproximadamente a 10 veces la producción económica total de la nación. Pudieron atraer esta enorme cantidad de capital prometiendo a los depositantes, sobre todo en Reino Unido y Países Bajos, rendimientos sobre su dinero que eran múltiplos de lo que podían recibir en sus países.

Los bancos pudieron cumplir sus promesas durante un tiempo, ya que pedían prestado a bajo precio en una moneda y prestaban en otras que conllevaban tasas de interés más altas. Esto les permitió prestar miles de millones de coronas islandesas a su propia población, alimentando una burbuja inmobiliaria de enormes proporciones.

Finalmente, por supuesto, todo se vino abajo. Las operaciones de acarreo (carry trade) que impulsaron las utilidades bancarias desaparecieron, y una gran cantidad de créditos inmobiliarios acabaron mal. La economía comenzó a colapsar, cayendo en una destructiva espiral impulsada por la devaluación-inflación que amenazó con anular el valor de la corona frente al de otras monedas y acabar con los ahorros de sus ciudadanos de la noche a la mañana.

El Gobierno respondió rápidamente, y con la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), introdujo controles de capital para restringir el flujo de dinero dentro y fuera del país. Esto preservó el valor de su moneda. Al mismo tiempo, el FMI prestó a Islandia cerca de 5,000 millones de dólares (mdd) para estabilizarse. Eso puede no parecer mucho dinero, pero de hecho equivale a más de un tercio del PIB de esa nación.

La economía del país parece haberse recuperado, con un crecimiento más rápido que el de la mayoría de sus primos europeos. El desempleo ha caído fuertemente desde un máximo de 8% en 2009 a cerca de la mitad de ese porcentaje en la actualidad. Al mismo tiempo, la confianza de los consumidores está creciendo, al igual que el turismo, que es una de las dos industrias más importantes de esa nación; la otra es la pesca.

En términos generales, parece que el pequeño país se ha recuperado, al menos eso es lo que la mayoría de los economistas, e incluso el FMI, dicen.

Pero esperen: Islandia ha progresado poco o nada en la lucha contra sus problemas económicos. El Gobierno y sus bancos simplemente han empleado medidas diseñadas para retrasar el dolor, pero no para curar la enfermedad.

Los controles de capital impuestos en 2008 siguen vigentes, lo que obliga a sus ciudadanos, y más importante, al masivo fondo de pensiones de la nación a invertir principalmente en el país. Al mismo tiempo, los consumidores todavía tienen dificultades para comprar productos extranjeros, lo cual los obliga a adquirir equivalentes locales menos deseables, dando un impulso artificial a la economía doméstica.

Las altas tasas de interés han hecho que los préstamos sean costosos. Un punto discutible, considerando que los bancos ahora "zombies" no están prestando realmente, pues están demasiado ocupados con las secuelas dejadas por los créditos incobrables por valor de miles de millones de coronas en sus libros.

La producción real en Islandia sigue estando 10% por debajo de su pico anterior a la crisis. Y aunque el PIB creció alrededor de 2.9% en 2011, desaceleró a cerca de 1.6% el año pasado y se espera que caiga aún más este año. Este es el lado feo de los controles de capital. En pocas palabras, al restringir lo que la gente puede comprar e invertir, por ejemplo, a solo bienes y oportunidades existentes, las personas eventualmente dejan de gastar.

En efecto, el consumo interno y la inversión han caído 20% respecto a los niveles anteriores a la crisis y siguen cayendo. En lugar de eso, los ciudadanos están optando por pagar sus deudas; lo cual, aunque es positivo, se produce a expensas del crecimiento económico. A pesar del pago de la deuda, el endeudamiento de las familias y las empresas sigue siendo alto, llegando al 109% y al 170% del PIB, respectivamente.

Los islandeses, frustrados por la desaceleración del crecimiento económico, votaron por una nueva coalición de Gobierno en mayo, la misma que estuvo en el poder durante los años de auge. Durante la campaña, el nuevo Gobierno prometió levantar los controles de capitales y obligar a los bancos a recortar el capital hipotecario de la gente. Comprensiblemente, eso ha sacudido a las agencias calificadoras. S&P rebajó su perspectiva sobre Islandia a negativa en junio por la preocupación de que el Gobierno siga adelante con sus planes. El FMI ha expresado reservas similares.

La nación realmente tiene pocas buenas opciones. Si mantiene los controles de capital en vigor, su economía seguirá contrayéndose; si los elimina, los valores de los activos caerán a medida que los habitantes envíen su dinero fuera del país. El nuevo Gobierno dice que la inversión extranjera directa puede compensar las salidas de capital, pero o son muy optimistas o están completamente equivocados. La eliminación de los controles de capital hará que los precios de la vivienda y otros activos caigan drásticamente, lo cual conducirá a otro pánico bancario. Y en medio de este caos, ¿las autoridades creen que los inversionistas extranjeros se pasearán por allí?

La extensión de Islandia país es pequeña. Es fácil ver por qué algunos podrían no creer que el país sea un importante componente de la máquina europea. Sin embargo, está enfrentando muchos de los mismos problemas que afligen a las economías más grandes. Por ejemplo, varias naciones europeas establecieron controles de capital en medio de las secuelas de la crisis de deuda soberana. La forma y el tiempo en que esas naciones decidan levantar estos controles tendrá un profundo impacto en el valor del euro y, por tanto, en la integridad económica de todo el continente.

Los bancos, por otra parte, no son diferentes a los de España, ya que ambos financiaron auges de vivienda que colapsaron. La forma en que las entidades de Islandia lidien con el problema de sus préstamos incobrables luego de que los controles de capital sean elevados podría tener un gran impacto en la forma en que los inversores decidan mirar a España y sus asuntos bancarios.

Se espera que las instituciones financieras del país impongan pérdidas de entre 75% y 100% sobre sus inversores y grandes depositantes, muchos de los cuales son fondos de cobertura que también compran y venden deuda soberana y los seguros vinculados a ella. Las represalias que tomen estos fondos de cobertura podrían ser replicadas en Italia o en Francia, donde la deuda pública sigue aumentando con relación al tamaño de sus economías.

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Esta nación no debe ser ignorada. Después de todo, fue el primer país en implosionar durante la crisis financiera y fue uno de los primeros en ver un rebote en su PIB. Su tamaño pequeño y su economía sencilla significan que tiene menos capacidad para enterrar sus problemas bajo una pila de acciones monetarias confusas. Esto la obliga a enfrentar las consecuencias mucho antes que los países más grandes en apuros similares.

Los inversores observarán intensamente lo que haga el nuevo Gobierno de Islandia. Si comienza a flaquear, el resto de Europa podría seguir sus pasos.

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