Fed, con el reto de retirar su estímulo

La entidad debe acordar una disminución muy pequeña de su compra de bonos, dice Mohamed El-Erian; la economía de EU aún no muestra señales de fortaleza, pero tampoco puede depender del estímulo.
Mohamed A. El-Erian*
FORTUNE -

A juzgar por las señales de la Reserva Federal, esta semana bien puede marcar la primera etapa de un complicado cambio de ruta en materia de política monetaria que se alejará de las medidas no convencionales instrumentadas hasta el momento.

El principal objetivo del Banco Central es mantener un apoyo adecuado para una economía aún débil y reducir a la vez su dependencia de medidas que acarrean riesgos de distorsión. Las implicaciones de esta nueva etapa de la política monetaria altamente experimental de la institución son inciertas y repercutirán no solo en Estados Unidos sino también en el resto del mundo.

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Si bien el proceso de sanación continúa de manera sostenida, la economía estadounidense aún no muestra signos de superar de forma decisiva años de bajo crecimiento que frustran la creación de empleo, empeoran la distribución del ingreso y contribuyen a la polarización política. De hecho, si acaso, los funcionarios de la Fed probablemente se verán obligados de nuevo a reducir esta semana su proyección de crecimiento, una rutina tristemente familiar desde el inicio de la crisis financiera mundial.

El órgano regulador, sin embargo, está a punto de reducir su excepcional estímulo a la economía, y no porque esté en condiciones de declarar la victoria. Es, más bien, un reconocimiento de que, según lo declarado por el titular Ben Bernanke en agosto de 2010, la política no convencional conlleva no solo "beneficios", sino también "costos y riesgos".

A juzgar por sus declaraciones, los funcionarios de la entidad están particularmente preocupados de que su prolongado apoyo artificial a los precios de los activos fomente la asunción de riesgos excesivos, provoque disfunciones del mercado y una distribución incorrecta de los recursos.

El primer paso de su nueva política esta semana, por lo tanto, implicará posiblemente una "disminución" de los 85,000 mdd que destina mes a mes a la compra de títulos, una de las tres medidas excepcionales instrumentadas para promover el pleno empleo (las otras dos son mantener bajas las tasas de los fondos federales por un periodo de tiempo excepcionalmente largo y una agresiva política de forward guidance).

Entérate: Desventajas de una Fed transparente.

Al emprender la disminución, la Fed encarará inevitablemente decisiones difíciles sobre el tamaño, la composición y la secuencia.

Teniendo en cuenta las realidades de una economía tibia y las diversas incertidumbres políticas (incluyendo a otros países, especialmente en las naciones emergentes), la institución financiera federal haría bien en empezar poco a poco; por ejemplo, con una reducción de entre 10,000 y 15,000 millones de dólares en las compras mensuales.

Sería mejor si la reducción recae desproporcionadamente sobre los bonos del Tesoro estadounidense, sin tocar por el momento los títulos hipotecarios, favoreciendo por ahora la compra de títulos respaldados por hipotecas para apoyar un mercado de la vivienda que ya está mostrando algunas señales de debilitamiento.

En lugar de anunciar un calendario estimativo detallado para los recortes adicionales, el órgano dependiente del Gobierno debería mantener una gran flexibilidad para hacer las correcciones oportunas a mitad del camino.

Por desgracia, cuando la Fed empiece a levantar el pie del acelerador, no puede esperar mucho apoyo de otras entidades encargadas de la formulación de políticas (incluso si poseen herramientas más adecuadas para hacer frente a muchos de los restantes problemas económicos de Estados Unidos). Por ende, el Banco Central también tendría que ajustar esta semana su propia combinación de políticas para reducir al mínimo los riesgos para la economía y los nerviosos mercados.

Guiar hacia adelante

Cabe esperar que la Fed persista en su política de forward guidance en un intento por anclar la fase inicial de la curva de rendimiento, reprimir la volatilidad de las tasas de interés y reducir el riesgo -inducido por la reducción- de alzas desordenadas en las tasas de mediano y largo plazo.

La tentación sería la elaborar una hábil retórica que impacte adecuadamente el comportamiento del sector privado. Pero, como ilustra la reciente experiencia del Banco de Inglaterra, las palabras no bastan para persuadir cuando un regulador central también se apoya menos en la compra de activos.

Tampoco ayuda que la Reserva Federal se acerca rápidamente a un cambio importante en la composición de su comité de políticas (FOMC) y, lo que es más importante, un cambio en el liderazgo más alto.

Si desean reducir el riesgo que la inestabilidad de las tasas de interés supone para la economía doméstica y las economías internacionales, los funcionarios de la Fed seguramente sopesarán las siguientes opciones para comprometer a priori su política futura a los ojos del sector privado: volver al calendar guidance (aunque es muy poco probable que fije fechas ahora que son los umbrales los que marcan la pauta a seguir); bajar el umbral de desempleo desde el actual 6.5% (poco probable pero más posible); desplazarse hacia el PIB nominal como meta de la política monetaria (posible aunque no en este momento) o introducir un piso para la inflación (digamos 1.5 %, muy posible pero controvertido).

Ninguna de estas opciones es fácil ni sencilla. Tampoco es posible predecir con exactitud el impacto sobre las condiciones financieras y la economía real. Lo que es seguro es que la Fed se está embarcando en una nueva travesía política cargada de incertidumbre y algunas correcciones sobre la marcha.

En la reunión que sostienen los funcionarios esta semana no tendrán ningún libro de estrategias probadas, ni modelos analíticos en los que confiar, o experiencias históricas en las cuales basarse.

Entérate: La carta de Lawrence Summers. 

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Tendrán que recurrir, en cambio, al buen juicio, a la mentalidad abierta y a la buena suerte. También tendrán que asegurarse de que disponen de una miríada de maneras para monitorear y responder a acontecimientos inesperados (tanto internos como externos), lo que exige un conjunto mucho más amplio de datos que los dispuestos por una interpretación restrictiva del mandato de la institución.

Mohamed A. El-Erian es el CEO y codirector de inversiones de PIMCO.

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