Janet Yellen, ¿halcón o paloma?

La vicepresidenta de la Fed tiene el mismo perfil que su exrival Larry Summers, dice Cyrus Sanati; ambos defienden las mismas políticas que permitieron dos burbujas económicas en 20 años.
janet yellen  (Foto: Getty)
Cyrus Sanati
FORTUNE -

Los mercados y los demócratas liberales pueden llegar a lamentar el día en que lanzaron vítores por una Reserva Federal timoneada por Janet Yellen. Tanto el S&P 500 como el Nasdaq subieron hasta acercarse a nuevos máximos el lunes tras la noticia de que Larry Summers se había retirado de la carrera por la presidencia de la institución, dejando a la economista como la única candidata viable para el puesto.

Al parecer la actual vicepresidenta de la Fed es vista por los mercados como una persona más "flexible" que Summers en lo que respecta a imprimir dinero para impulsar el crecimiento, algo que Wall Street ha interpretado como positivo para el mercado bursátil.

La idea de que ella es una "paloma" en materia de política monetaria y que él es un inflexible "halcón" no tiene ningún fundamento en la realidad. Por desgracia este constructo simplista de los opuestos, que ha sido aceptado y asumido sin matices por los mercados y los medios de comunicación, ha logrado perjudicar irreparablemente la búsqueda del próximo titular y ha entregado efectivamente las llaves de la bóveda a Yellen.

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Ahora que ella es la favorita y el expresidente de Harvard se ha quitado de en medio, sería prudente que los inversionistas echaran una mirada más atenta al historial de Janet. Contrario a lo que se ha dicho y escrito, esta dulce paloma puede tener garras muy afiladas.

Factor Summers

El exsecretario del Tesoro sorprendió a los mercados cuando anunció el domingo por la tarde que retiraba su nombre como posible candidato para ser el próximo líder del Banco Central estadounidense. Los expertos en política pasaron gran parte del lunes especulando por qué el señor se despidió de la contienda y lo que esto significaba con relación al nivel de influencia del presidente Obama en el Congreso y su partido.

Entérate: La carta de Lawrence Summers.

Mientras que los expertos se enfrentaban en Washington, los mercados de renta variable se dispararon. Al parecer los inversores y los operadores se habían metido en la cabeza que Summers adoptaría una "línea dura" si estuviera a cargo de la Reserva Federal.

El término "línea dura" (hawkish) es confuso, pero en este contexto significaba que si él llevara el timón sería menos probable que continuara las políticas de "dinero fácil" de sus predecesores y preferiría luchar contra la inflación a pesar de que ello pudiera causar un aumento del desempleo y una desaceleración del crecimiento económico.

Los demócratas liberales ahogaron un grito de horror cuasi republicano, simulando indignación ante la posibilidad de que él perjudicaría la llamada recuperación económica de la nación, esencialmente apagando las imprentas del dinero.

En realidad les preocupaba más que la entidad estuviera a cargo de un hombre a quien la mayoría de ellos odiaban por ser uno de los principales impulsores de la desregulación financiera en los años noventa... a pesar del hecho de que esta desregulación se produjo bajo un presidente demócrata. Muchos también desconfiaban de su supuesta "estrecha relación" con Wall Street. Siendo la Fed la responsable de regular a los grandes bancos, entregarle el timón al exfuncionario fue visto como "mandar al lobo a cuidar el gallinero".

Así pues, teníamos dos grupos totalmente contrarios, Wall Street y los demócratas liberales, unidos en su oposición al señor por dos razones completamente diferentes. Esta es probablemente la única vez en la historia reciente que estos dos bandos enfrentados han coincidido en algo. Él, al parecer, nunca tuvo una oportunidad.

La dulce Janet

Mientras Wall Street y los demócratas liberales rechazaban al "halcón", ambos estaban extrañamente encantados con la segunda persona en la breve lista de Barack Obama: Janet Yellen. Al parecer ha dado la impresión de que no respalda fervorosamente la austeridad a la hora de luchar contra la crisis, y estaría más dispuesta a tomar decisiones encaminadas a estimular la economía y mantener bajo el desempleo, a pesar del impacto que tales medidas tendrían en la oferta de dinero.

Se pensaba, por tanto, que ella se mostraría más proclive a continuar con la tradición reciente del Banco Central, a saber, ampliar la oferta de dinero a través de la compra de bonos, una medida conocida como flexibilización cuantitativa, y se resistiría a una "reducción del estímulo" hasta que la tasa de desempleo descendiera a un nivel "aceptable".

A Wall Street le gusta la prioridad que ella le da al crecimiento, pues este es uno de los principales impulsores del mercado bursátil; en tanto que a los demócratas liberales les gusta la importancia que le da al empleo, aunque también creían que sería más dura con los bancos y que los obligaría a ser más prudentes en sus hábitos de préstamo exigiéndoles reunir más capital, impidiendo así un pánico bancario.

Es difícil decir de bien a bien si alguna de las suposiciones hechas por los dos bandos con respecto a Summers o Yellen resultarían ciertas si uno de ellos asumiera la titularidad de la Reserva Federal. Esta noción de que el hombre es un halcón y la mujer es una paloma parece reflejar más su comportamiento público. Larry es un bocazas bullicioso que dice lo que piensa, mientras que Janet es mucho más reservada. Pero cuando se trata de teoría económica los dos están, básicamente, en sintonía.

Ambos creen, por ejemplo, que los mercados no pueden "auto-corregirse", lo que significa que la regulación gubernamental es, hasta cierto grado, necesaria para evitar que los mercados colapsen. Ninguno ha defendido la desregulación total, como lo harían algunos republicanos libertarios; ninguno tampoco ha abogado por un modelo económico estrictamente planeado.

Si bien es cierto que Summers apoyó los esfuerzos para desregular partes del sistema financiero a finales de los noventa, el Gobierno no receló tanto de él como del expresidente de la Fed Alan Greenspan. Además el señor sostiene que el Gobierno tiene un papel que desempeñar en la economía.

Yellen presidió el Consejo de Asesores Económicos durante todos los esfuerzos de desregulación en la década de 1990, por lo que tampoco es una outsider. De hecho, se puede decir que es la última insider. Si los demócratas liberales querían a un paladín de la regulación... están apoyando a la mujer equivocada. Deberían apoyar, en cambio, a Brooksley Born, quien, como jefa de la Commodity Futures Trading Commission en esa época, luchó abiertamente contra las iniciativas gubernamentales que buscaban mantener sin regular a los derivados. Born fue censurada y finalmente marginada debido a su oposición. En tanto que Yellen se convirtió en la titular del Distrito 12 de la Reserva Federal, con sede en San Francisco.

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Ese distrito incluye a California, Arizona y Nevada, básicamente la zona cero de la burbuja inmobiliaria, que finalmente envió a la nación a la gran recesión. Ella le dijo a la Comisión Investigadora de la Crisis Financiera en 2010 que no vio los riesgos asociados a la titulización (que a la postre condujo a la burbuja inmobiliaria) hasta que todo reventó.

Si ella no vislumbró ningún problema con la titulización hipotecaria, entonces cabe suponer que, dado su punto de vista económico, quizás no habría defendido una mayor regulación en el momento en que la nación más la necesitaba. Esto debería disipar la noción de que Yellen es una especie de ángel proregulación. Ella puede decir ahora que se necesita más regulación, pero es pura retórica. Cuando estuvo en una posición de poder guardó silencio.

En lo que se refiere a los mercados, toda esta habladuría regulatoria es mera política. Wall Street está más interesado en lo que ella haría respecto a las tasas de interés. Aunque ha pronunciado algunos discursos que sugieren que es "flexible" (dovish) en materia de política monetaria, ello no quiere decir que siempre vaya a mantener ese punto de vista.

Lo que sabemos de su historial es que no es una ideóloga y que no está interesada en desestabilizar la nave. Eso significa que probablemente, de tener el timón de la Fed, procurará mantener las tasas bajas, siempre y cuando el desempleo fuera alto y el crecimiento económico fuera bajo.

EU, sobre bomba de tiempo

Pero sería imprudente asumir que prorrogará esa política si la inflación comienza a aumentar. Bernanke ha sido capaz (por suerte, por la gracia de Dios o por la estulticia de algunos inversionistas) de imprimir miles de millones de dólares durante años sin ningún tipo de presión inflacionaria real.

La verdad es que Estados Unidos está sentado sobre una bomba de tiempo inflacionaria que podría explotar en cualquier segundo, y le corresponderá a la Reserva Federal contener la explosión. Si piensas que mantendría bajas las tasas de interés al momento de encarar la posibilidad de una hiperinflación, te equivocas.

"El FOMC (Comité de Mercado Abierto) está decidido a garantizar que nunca más se repita la experiencia de los años sesenta y setenta, cuando la Reserva Federal no respondió con suficiente fuerza a la creciente inflación y permitió que las expectativas de inflación a largo plazo se elevaran", aseguró la economista en un discurso en el año 2011. "Por lo tanto, estamos prestando mucha atención a la evolución de la inflación y las expectativas inflacionarias".

Yellen vivió la estanflación de la década de 1970 que finalmente forzó a la Fed a subir las tasas tan alto como el 20%. Vio cómo esta drástica pero necesaria acción provocó que los mercados cayeran y el desempleo se disparara. Janet no quiere ser la persona que subirá las tasas en aras de la necesidad, por lo que podemos apostar que si se presenta un tufillo de hiperinflación actuará para reducir la impresión de dinero.

Al final, Larry Summers, justa o injustamente, era una figura demasiado controvertida para dirigir la Reserva Federal. Pero controvertido no significa "halcón". En el mismo sentido, tener una voz suave y poca idea de las cosas no hacen de Yellen una "paloma." Ambos son parte del establishment económico cuyas políticas permitieron la gestación de no una, sino dos grandes burbujas económicas en los recientes 20 años. Sería ingenuo creer que cada uno respondería de manera radicalmente diferente cuando enfrentaran un problema similar.

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