Republicanos ignoran a empresas de EU

Las grandes compañías no tienen influencia en los legisladores que provocaron el cierre temporal; sólo una empresa de la lista Fortune 100 tiene sede en un distrito representado por el Tea Party.
republicanos  (Foto: Getty)
Tory Newmyer

Los poderes corporativos de tendencia derechista rechinaban los dientes la semana pasada mientras la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, casi lanzó a Estados Unidos hacia un impago de la deuda.

Tras evitar ese resultado, esta semana están comenzando a descifrar cómo traducir su remordimiento de comprador en algo constructivo; tal vez invirtiendo en sus desafíos principales ante los ideólogos más radicales del Congreso.

El hecho de que el Partido Republicano esté dividido estos días de manera tan fundamental entre sus alas populista y dirigente no debería ser una gran sorpresa, considerando que el berrinche del Tea Party que precipitó el cierre de la administración y la política arriesgada que casi conduce a un impago fue una descuidada repetición del enfrentamiento de 2011.

Parece que los empresarios apenas ahora se dan cuenta de cuán poca influencia tienen sobre el grupo de partidarios que superó en astucia a sus propios líderes en el Capitolio al fabricar esta última crisis.

Como señala el portal Politico, los grupos empresariales que existen para canalizar la agenda corporativa en Washington están siendo forzados a considerar el hecho de que están fuertemente superados en los estados por una nueva generación de conservadores agitadores: grupos como Heritage Action for America y el Senate Conservatives Fund, que tienen mucho dinero y poca paciencia para el compromiso.

"Fundamentalmente, si la comunidad empresarial quiere estar más comprometida con la política de las bases, tienen que tener una presencia permanente allí", expresó el director de comunicación de Heritage Action for America, Dan Holler.

¿No son estos grupos los recién llegados a las bases? Son creaciones de Washington, después de todo, mientras que las principales empresas emplean a cientos de miles de personas en todo el país. La respuesta parece ser: "Sí, pero..."

Considera esto: solo una empresa de la lista Fortune 100 tiene su sede en el distrito del Congreso de lo que el New York Times llama el "núcleo Tea Party" -los 38 republicanos más radicales de la Casa de Representantes-. Esa empresa es ExxonMobil, la número 2 en la lista de Fortune, y su representante es Kenny Marchant, uno de los 144 representantes republicanos que votaron en contra del paquete para reabrir el Gobierno y elevar el techo de la deuda la semana pasada.

Si expandimos ese universo para incluir al segundo nivel de 42 miembros de línea dura, incluiremos a tres republicanos más que representan a sedes corporativas clave: Steve Chabot de Ohio (Procter & Gamble y Kroger); Aaron Schock de Illinois (State Farm y Caterpillar); y del mismo estado, Rodney Davis (Archer Daniels Midland). Tanto Davis como Schock votaron a favor del paquete de compromiso, y yo argumentaría que Schock no se ubica dentro de esta facción.

En general, los republicanos de la Cámara representan solo a 27 empresas de la lista Fortune 100. Estas estadísticas tienen una pequeña constelación de asteriscos. Un miembro del Congreso en un distrito sin sedes corporativas importantes puede, no obstante, representar una zona donde la alta dirección descansa por las noches. O el distrito podría ser el hogar de un centro de operaciones o de cualquier otra instalación cuyos empleados constituyan una parte significativa de la base económica del lugar.

La geografía difícilmente determina el destino. Algunas de las empresas en la lista son dirigidas por ejecutivos que se han labrado perfiles públicamente conservadores, a pesar de operar en los distritos del Congreso más azules. Mientras tanto, Ted Cruz, el novato senador de Texas que podría decirse que diseñó la disputa por el cierre y el techo de la deuda, representa a 10 empresas de la lista.

Desligados

Sin embargo, la falta de coincidencia entre la facción de republicanos de la Cámara de Representantes más reacios al compromiso y las bases que son hogar de las empresas más ávidas de un Gobierno en plenas funciones ciertamente señala la profunda desconexión entre ambas partes.

El impacto económico de las empresas más grandes de Estados Unidos es innegable: si la lista Fortune 500 fuera un país cuyo PIB representara las ventas, sería la segunda economía más grande del planeta. Y, sin embargo, los republicanos del Tea Party que representan distritos mayormente rurales suenan orgullosos de no tener relación con los dirigentes de esas empresas.

Entérate: Las 10 mejores empresas de Fortune 500

"Creo que tienen sus conexiones, pero no estamos oyendo nada que provenga directamente de ellos", me dijo a principios de este mes Tim Huelskamp, un republicano que representa al centro y oeste de Kansas, en medio de la disputa por el techo de la deuda.

"Tal vez esa es la gran diferencia entre los presidentes ejecutivos de empresas que se preocupan por los reportes trimestrales y mi gente de las pequeñas empresas que se preocupan por si van a contratar al empleado número 51. Ellos no están preocupados por la cuestión de techo de la deuda".

Los presidentes ejecutivos que advirtieron públicamente sobre las consecuencias de un impago de la deuda (Randall Stephenson de AT&T y Larry Fink de BlackRock se encuentran entre los elocuentes), Huelskamp dijo: "Admito que no tengo idea de quién es esta gente. No tienen nada que ver con mi distrito. No son activos ni comprometidos con el proceso político excepto cuando surgen cosas como estas, y esencialmente les encanta el statu quo".

Esto va en ambos sentidos. El lunes por la mañana, el líder de los cabilderos corporativos en Washington como presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Tom Donohueal, admitió que no conoce a Cruz.

Reunificar al Partido Republicano requiere de encontrar una forma de superar esa división -o que una parte derrote categóricamente a la otra- porque el estado actual del partido no puede continuar.

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