Conexión política salva a bancos en EU

Las entidades han recibido privilegios por su cercanía con los reguladores, dicen especialistas; los bancos contratan cabilderos para eludir las normas y así poder hacer apuestas arriesgadas.
Geithner  (Foto: Getty)
Stephen Gandel

Háganse a un lado, "demasiado grandes". Hay una nueva moda en los megabancos: "Demasiado conectados para quebrar".

Dos estudios publicados en las últimas semanas abordan la cuestión de si los grandes bancos estadounidenses reciben privilegios debido a sus conexiones con los principales reguladores y funcionarios de Washington.

Ambos estudios se enfocan en los primeros días de la crisis financiera. El primero, titulado The Value of Connections in Turbulent Times (El valor de las conexiones en tiempos turbulentos), fue publicado el mes pasado por un grupo de cinco economistas que incluyen a Simon Johnson del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), quien ha sido un ferviente partidario de dividir a los grandes bancos.

El estudio encontró que las acciones de las entidades financieras con conexiones más fuertes con Timothy Geithner subieron 11.2% más que aquellos que no las tenían luego de que en 2008 se filtrara la noticia de que éste se convertiría en secretario del Tesoro. Recuerda que esto fue en el apogeo de la crisis financiera, cuando la posibilidad de que el Gobierno tuviera que nacionalizar a algunos bancos, o a todos ellos, se consideraba algo muy real.

El alza de los precios de los papeles podría significar que los inversionistas pensaron que los bancos con mejores vínculos con un funcionario clave en Washington tenían una mejor oportunidad de sobrevivir intactos a la crisis financiera, o al menos de recibir un mejor tratamiento.

El segundo estudio fue publicado a principios de la semana pasada y se enfoca en la Reserva Federal y en los préstamos que hizo a bancos en 2007 y 2008. El análisis, realizado por un profesor de Economía de la Universidad George Mason, Benjamin Blau, encontró que los bancos que recibieron préstamos de emergencia gastaron significativamente más -72 veces más- en cabildeo en la década previa a la crisis financiera que los que no recibieron ayuda. Es más, incluso después de que Blau ajustó por tamaño, encontró que los bancos con conexiones políticas consiguieron préstamos más grandes que aquellos que no las tenían.

Esto, por supuesto, parece injusto. Pero tal vez no sea tan sorprendente. Los bancos que operan en mercados complejos suelen ser más propensos a tener lazos más fuertes con los reguladores, que son quienes hacen las reglas. Y debido a que la crisis financiera, en parte, estalló a la complejidad de estos mercados, es lógico que los bancos que necesitaron más ayuda fueron aquellos que pasaron más tiempo con los reguladores.

La forma más cínica de interpretar estos datos es que los bancos contratan cabilderos e individuos conectados con el fin de eludir las normas para así poder hacer apuestas arriesgadas que impulsen sus ganancias y bonificaciones en los buenos tiempos. En los malos tiempos, sus conexiones conducen a rescates gubernamentales en condiciones favorables, los cuales también impulsan los bonos.

¿Percepción o realidad?

Pero eso podría no ser exactamente lo que está pasando aquí. En primer lugar, el estudio de Johnson solo mide la percepción; y el mercado podría estar interpretando esto incorrectamente. Uno de los mayores beneficiarios de la crisis financiera fue Wells Fargo, que no pudo comprar a Wachovia y obtener enormes beneficios fiscales por hacerlo. También aprovechó la crisis financiera para extender su dominio en el mercado hipotecario.

El estudio de Johnson demuestra que las acciones de Wells sí reaccionaron positivamente a la designación de Geithner, pero no tanto como las de Citigroup, que todavía tiene dificultades posteriores a la crisis financiera. Aunque, supongo, es posible argumentar que sin el funcionario hubieran sido aún peores.

El análisis no encontró ningún vínculo entre Geithner y AIG. Sin embargo, él fue clave en la prestación de asistencia a la gran aseguradora. Johnson y compañía lo atribuyen al hecho de que AIG era esencialmente un rescate clandestino para los grandes bancos, pero eso no explica realmente por qué el político defendió el pago de bonificaciones a los empleados clave de la aseguradora, incluso después de que la firma, y por extensión, los bancos, fueron rescatados.

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Hay que reconocer que ambos estudios señalan que podría haber algo menos perverso sucediendo aquí. La teoría más benigna proviene del análisis de Blau que dice que los bancos que más cabildeaban probablemente estaban buscando préstamos de la Fed.

En general, los estudios afirman que es probable que Geithner y la Fed hayan entregado asistencia a las empresas que conocían mejor. Y si estás repartiendo dinero de los contribuyentes y esperas recuperarlo, dárselo a las empresas que conoces probablemente no es una mala decisión. Pero eso no quiere decir que todo el gasto en favor de los bancos haya estado libre de motivaciones y procesos equivocados o incluso corruptos.

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