Deflación: la nueva amenaza para Europa

La baja en la tasas de interés del BCE será insuficiente para alentar el consumo, dice Cyrus Sanati; Europa necesita un crecimiento económico auténtico construido a base de reformas y confianza.
europa  (Foto: Getty)
Cyrus Sanati

Recortar las tasas de interés no será suficiente para ahuyentar a los demonios deflacionarios en Europa durante mucho tiempo. La sorpresiva medida realizada el jueves de la semana pasada por el Banco Central Europeo (BCE) para reducir las tasas de refinanciamiento y de préstamos marginales de la zona euro es el equivalente económico a dar Tylenol a un paciente que sufre de gripe: podrá bajar la fiebre, pero no es la cura.

Lo que el continente necesita es un crecimiento económico auténtico, y eso no sucederá hasta que vuelva la confianza sobre las instituciones políticas y económicas de la Unión Europea, así como sobre el propio euro. Pero debido a que los líderes europeos no pueden ponerse de acuerdo en nada, las cosas probablemente empeorarán antes de mejorar.

Nota relacionada: El BCE recorta la tasa de referencia

Los mercados se sorprendieron de que el presidente del BCE, Mario Draghi, anunciara un recorte de 25 puntos básicos sobre las tasas de refinanciamiento y de crédito marginal en la zona euro. La medida redujo las tasas a 0.25% desde 0.5%, un nivel extremadamente bajo. Los analistas esperaban que cualquier recorte, si es que se producía, se realizaría en diciembre, después de que el Banco Central diera a conocer sus últimas previsiones económicas.

Pero Draghi sintió que ya no podía quedarse de brazos cruzados. Su decisión de bajar las tasas se basó en dos importantes puntos de referencia económicos publicados en la última semana. El primero es una muy baja inflación -la eurozona experimentó un aumento del 0.7% en los precios el mes pasado, muy por debajo de la meta del la institución del 2%. El segundo es un crecimiento mediocre -la Comisión Europea redujo su pronóstico de crecimiento económico de 2014 para la eurozona del 1.2% al 1.1%. Y hay que considerar que hace solo unos meses pronosticaba un crecimiento del 1.4%

Deflación, el verdadero problema

El primer problema, la baja inflación, realmente asusta a los banqueros centrales, ya que esto podría conducir a la deflación. Esto significa que los precios de bienes y servicios caerían. Uno podría pensar que eso es algo bueno, ¿verdad? Después de todo, debido a que el crecimiento real de los salarios es negativo en Europa (lo que significa que la gente está llevando a casa menos dinero), los menores precios podrían ser algo bueno, ya que alentarían el consumo.

Pero los economistas lo ven de otra manera. Les preocupa que la deflación pueda desalentar la inversión ya que induce a las personas y a los bancos a acumular efectivo. Con las tasas de interés tan bajas, se figuran que los bancos y la gente no se arriesgarían a prestar o invertir su efectivo cuando pueden ver un retorno medible de su poder adquisitivo simplemente al aferrarse a ese dinero y no gastándolo. Esto reduciría la cantidad de efectivo en circulación, haciendo que los precios caigan aún más, conduciendo a una destructiva espiral deflacionaria.

Todos los Bancos Centrales parecen convencidos de que la deflación es la cosa más destructiva que le puede pasar a una economía. Por lo tanto, la política monetaria moderna se basa en la teoría de que la inflación es saludable y necesaria. Si el valor del dinero es decreciente, la teoría dicta que los bancos y las personas estarían más dispuestas a prestar e invertir con el fin de proteger el valor de su capital.

Con el fin de luchar contra la deflación, un banquero central básicamente debe crear inflación. Esto se puede hacer mediante la reducción de las tasas, justo como ha hecho el BCE. Pero la entidad, al igual que su contraparte en Estados Unidos, la Reserva Federal, tiene un problema: las tasas de interés ya están cerca de 0%. A medida que se acerca al cero, la eficacia del poder de la entidad europea para combatir la deflación se desvanece, lo cual eventualmente empujará al Banco Central hacia lo que se denomina trampa de liquidez.

Fed a la europea

Sin embargo, Draghi afirma que él todavía tiene un "arsenal" de armas con el que puede combatir los demonios deflacionarios en el continente. Uno de ellos es copiar el programa de "flexibilización cuantitativa" de la Reserva Federal y empezar a comprar bonos y sustituyéndolos por dinero en efectivo. Otra flecha en su aljaba sería reducir la tasa a la que los bancos pueden estacionar sus reservas en el BCE por debajo de la tasa actual de cero.

Al hacer que la tasa de depósito sea un número negativo, el BCE esencialmente estaría cobrando dinero a los bancos por estacionar sus reservas en su bóveda. La esperanza es que esto los alentaría a sacar su dinero del BCE y a prestarlo a empresas y consumidores.

Al final, no es mucho lo que el órgano regulador puede hacer aquí. Las economías no pueden ser curadas a través de la política monetaria, solo pueden ser preservadas. Los bancos tienen que prestar, y las personas y las empresas tienen que invertir, o de lo contrario todo el sistema colapsará eventualmente sobre sí mismo.

Para que las cosas funcionen, algunos economistas creen que es necesario que haya un mayor estímulo fiscal (un aumento del gasto público a nivel nacional), pero muchos países europeos, como Grecia y Portugal, siguen recortando el gasto, irónicamente bajo la dirección de Draghi. Francia está yendo contra la tendencia y sigue gastando como loco.

Gasto fiscal, ¿la solución?

Pero el gasto fiscal tampoco es la panacea. Gran parte de la razón por la que la confianza de los empresarios en Europa es tan baja se debe a que países como Francia siguen ejecutando grandes déficits presupuestarios mientras que arrastran cargas masivas de deuda. Esto aumenta el riesgo de impago -la verdadera madre de las calamidades económicas-.

Considerando lo anterior, ¿por qué invertir en un lugar como Francia, que podría estar sentado en una bomba de tiempo económica, cuando puedes invertir en petróleo o en bienes raíces en la ciudad de Nueva York?

Nos guste o no, "el viejo continente" tiene que reparar su descompuesto Gobierno, tanto a nivel nacional como supranacional. La fragmentada situación fiscal de la eurozona, donde cada país decide cómo gravar y gastar, no va a funcionar en el largo plazo.

El problema es que Europa no está ni siquiera cerca de este punto en su integración. Han pasado dos años desde que los líderes europeos acordaron unificar el sistema bancario del continente y crear un sistema de depósito universal, y eso todavía no ha sucedido. Esto contribuiría en gran manera a inyectar confianza en el sistema bancario de la eurozona.

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Más allá de una unión bancaria, hay toda una serie de cambios necesarios para poner a la región de pie nuevamente, que van desde una reforma laboral hasta la recaudación de impuestos.

Mario Draghi puede recortar las tasas a cero, puede incluso recortarlas por debajo de cero, y eso no servirá de nada para curar a este paciente enfermo. Europa necesita una reforma importante y eso en última instancia tiene que provenir de Bruselas, no de Frankfurt.

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