Tifones: una amenaza para Japón

La tercera economía del mundo enfrentará los peores desastres naturales en los próximos años; según analistas, la nación asiática sentirá un duro golpe que alcanzaría hasta el 20% de su PIB.
tifon  (Foto: Getty)
Michael Fitzpatrick

Los visitantes que se bañaron en los mares templados de Okinawa antes de que el tifón Haiyun golpeara Filipinas seguramente notaron que las aguas eran más cálidas este año, con una temperatura de 28 grados centígrados frente a una temperatura ambiente de 26 grados. Ideal para una última probadita de sol veraniego antes del largo invierno en Tokio, pero mortal para algunos de los pueblos del Pacífico y sus economías.

Los ciclones tropicales como Haiyun forman típicamente grandes masas de agua relativamente tibia. Con temperaturas récord este año, los océanos que circundan los mares de Asia oriental proveyeron en abundancia esa calidez, generando megatormentas que han afectado a países como Filipinas, tanto física como económicamente.

El aumento de la miseria a causa de los desastres naturales parece inevitable. Y las islas más ricas de Japón -la tercera mayor economía del mundo- también compartirán la carga financiera. La nación asiática es también uno de los más castigados por feroces tifones, y los expertos prevén que serán más intensos en el futuro cercano.

Japón se encuentra en el medio de un corredor de tifones conocido como Typhoon Alley. La reaseguradora alemana Munich Re calcula que, entre 1980 y 2008, ocho de los 10 desastres naturales más costosos de Asia fueron tifones que azotaron Japón. Sin duda, esos costos tan elevados pueden deberse a un incremento en las pólizas de seguro contratadas en la nación, explica un climatólogo de la Universidad de Tokio, Miguel Esteban.

"Japón ha sufrido graves daños físicos y otras consecuencias económicas indirectas de estos sistemas meteorológicos. Estos incluyen la pérdida de la productividad económica debido a las interrupciones del sistema de transporte público o de otras industrias importantes, como los puertos", escribió en un artículo reciente.

Dependiente casi en su totalidad de las importaciones de alimentos y energía, el país del sol naciente es más vulnerable a los efectos perjudiciales de los desastres naturales que otras naciones desarrolladas. De acuerdo con un informe sobre el cambio climático elaborado por la Embajada de Reino Unido en Japón, el costo de los daños directos ocasionados por tifones en el país asiático en la década de 1990 fue 35 veces superior al de la década de 1970; mientras que el costo de los daños relacionados con las inundaciones fue ocho veces mayor.

Si eso no fuera suficiente, se espera que en la segunda mitad de este siglo los efectos del cambio climático originen "supertifones", con vientos más potentes que un tren bala, según los investigadores nipones.

Cambio climático golpea directo al PIB

Las repercusiones económicas de este tipo de tormentas serán severas, advierte el informe Stern Review on the Economics of Climate Change emitido por el Gobierno británico. "Los costos y los riesgos del cambio climático serán equivalentes a perder al menos el 5% del PIB mundial cada año, ahora y para siempre. Si se considera una escala más amplia de los riesgos e impactos, las estimaciones de los daños podrían ascender al 20% del PIB o más".

"Los tifones indudablemente lastiman la economía, y los daños que causan han ido en aumento", dijo Esteban. "Aunque este incremento se atribuye generalmente a una mayor exposición, hay más gente en las zonas costeras, y las personas poseen más cosas hoy que hace 50 años, así que cuando ocurre algo, el daño económico es mayor".

Este 2013 ha sido excepcional en tifones para el archipiélago japonés, que normalmente promedia unos 26 por año. El número hasta el momento ha sido 28, con probabilidades de rebasar los 30. Los ciclones japoneses (los tifones en el Pacífico, los huracanes en el Atlántico) normalmente se gestan en el Pacífico sur y suelen desplazarse por la misma corriente marina -el Typhoon Ally- que envió a los circunnavegadores pioneros a lo largo de la costa este de Japón hacia San Francisco.

"Con el calentamiento global en aumento, es importante entender cómo la cantidad de tiempo y dinero perdido a causa de estos fenómenos podría aumentar", dijo Esteban. Conforme las naciones tratan de crecer para llegar a ser economías desarrolladas como Japón, las pérdidas solo aumentarán.

Pero incluso una economía poderosa como la de Japón se verá afectada. Tan solo para el año 2085 podrían necesitarse entre 30,600 millones a 127,900 millones de yenes adicionales para expandir todos los puertos del país a fin de hacer frente a la creciente inactividad e interrupción en los servicios que conllevan los tifones, dice Esteban.

"En esencia, cuando los ciudadanos se ven obligados a buscar refugio, la productividad económica del país disminuye dramáticamente", señaló Esteban, quien estima que las pérdidas totales de Japón podrían ascender a 7,000 millones de dólares al año gracias a los tifones.

Japón lo ha invocado

El problema de Japón, como el de Filipinas, no es, sin embargo, un aumento en la frecuencia de las tormentas devastadoras, es su creciente ferocidad.

"Durante las últimas dos décadas, los tifones en el Pacífico occidental en realidad se han vuelto cada vez menos frecuentes", dice el climatólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Kerry Emanuel. "Pero la mayoría de las proyecciones de modelos climáticos sugieren que el calentamiento global al cabo del tiempo aumentará la incidencia de las categorías más altas de huracanes y tifones".

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Eso es una mala noticia para las ciudades niponas del norte, como Tokio, que a menudo se libran de la fuerza en pleno de estas tormentas del sur.

Entonces, ¿qué está haciendo el Gobierno al respecto? Aparte de fortalecer su infraestructura, las autoridades del país se encuentran impotentes para controlar los niveles de CO2. Las numerosas centrales nucleares de Japón han estado fuera de servicio desde el desastre de Fukushima. Y sin indicios de que se reactiven pronto, el país está quemando combustibles fósiles a un ritmo sin precedentes para mantener su actividad económica. Japón, al parecer, no tiene el poder de detener la furia que ha invocado.

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