Brasil: mucha riqueza, escaso talento

El rápido crecimiento de la economía del país choca con la falta de trabajadores cualificados; el Gobierno ha implementado programas para aumentar la capacitación y frenar la fuga de talentos.
brasil  (Foto: AP)
Amy Kaslow

Brasil está en un aprieto. Tiene una gran riqueza de recursos naturales y es uno de los productores industriales más poderosos del mundo, pero su crecimiento económico depende de trabajadores cualificados que no tiene.

El país ha crecido rápidamente, alcanzando en los últimos 20 años lo que "le tomó a Estados Unidos 200 años en lograr", se maravilla el embajador Thomas Shannon, quien recientemente terminó su gira como principal funcionario de Washington en Brasilia y quien ahora funge como principal asesor del Secretario de Estado, John Kerry.

Brasil, la sexta economía más grande del mundo, es un principal exportador de productos agrícolas (azúcar, café, naranjas, carne de res, pollo, soya) y de bienes manufacturados (desde aviones hasta vacunas), y podría unirse a las filas de los mayores proveedores mundiales de petróleo en poco tiempo.

Pero hasta ahora el rápido desarrollo ha superado el financiamiento para escuelas accesibles y de calidad que pueden egresar brasileños capacitados para trabajar. El resultado: una escasez de habilidades y conocimientos para satisfacer la demanda económica.

Un factor que intensifica la presión son los crecientes costos de hospedar la Copa Mundial de futbol este año y los Juegos Olímpicos de Verano de 2016. Brasil ha hecho grandes inversiones en estadios y otras instalaciones públicas para dar cabida a millones de turistas que espera atraer a los juegos internacionales. Se espera que el retiro de fondos públicos y privados combinados exceda un billón de dólares.

La preparación para los dos eventos deportivos continúa sin parar; y Río de Janeiro y otras ciudades están cubiertas del polvo de los proyectos de construcción, de acuerdo con quien encabeza la asociación industrial y de negocios más influyente de Brasil, Robson Braga de Andrade. Como presidente de ORTENG Equipamentos e Sistemas, un proveedor brasileño de sistemas de energía integrada y automatización, Andrade se ha convertido en un cazador de talentos experimentado. Al igual que muchos empresarios brasileños, él recorre los mercados de trabajo nacionales y extranjeros en busca de los trabajadores adecuados: "Tenemos una necesidad desesperada de ingenieros", dice.

A pesar de las afirmaciones de pleno empleo de Brasil, y de las grúas y maquinaria para mover la tierra que salpican el paisaje de la nación, muchas personas se han quedado atrás.

Datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y del Banco Mundial (BM) estiman que más de una cuarta parte de la población del país vive cerca o en la línea de la pobreza (las mujeres, los jóvenes y los pequeños agricultores son los más vulnerables) sin acceso a agua potable, al tratamiento de aguas residuales o ni siquiera a la entrega por correo. Y las redes eléctricas existentes, sus redes de comunicaciones, carreteras, transporte público, aeropuertos y puertos marítimos son insuficientes para satisfacer las necesidades actuales.

Andrade y sus compañeros empresarios quieren revertir esta tendencia. "Inscribir a los desertores de la escuela preparatoria en capacitación vocacional", dice, "los impulsaría a trabajar por su diploma". Andrade supervisa el servicio nacional de capacitación industrial y espera preparar a más de cuatro millones de alumnos este año. Destaca los muchos sectores -petróleo, gas, construcción civil, fabricación, todos vinculados de manera inextricable- obstaculizados por la escasez de mano de obra especializada que pueden absorber fácilmente a millones de trabajadores cualificados.

Petróleo

La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé que Brasil triplique su producción de petróleo en los próximos 20 años, con seis millones de barriles por día, para convertirse en el sexto mayor productor en el mundo. Esta visión optimista requiere cientos de miles de millones de dólares para desarrollar campos y refinerías en los próximos cinco años. Esto no puede ocurrir sin la fuerza de trabajo necesaria para desarrollarlo.

Brasil ocupa el segundo lugar entre las naciones del mundo que sufren una aguda escasez de mano de obra especializada, según una encuesta de 2013 de Manpower, 68% de los empleadores de la nación reportaron tener un problema de talento, detrás de Japón, con 85%. Con fronteras en nueve países, los fabricantes de automóviles, las firmas de construcción, y el sector energético de Brasil son cada vez más dependientes de los trabajadores procedentes de otros países. Durante los últimos cinco años, el Ministerio de Trabajo ha incrementado constantemente la cantidad de visas de trabajo temporal que otorga a trabajadores técnicos extranjeros.

Dilma Rousseff

En respuesta a las crecientes presiones, la presidenta Dilma Rousseff ha fijado metas para aumentar el número de brasileños capacitados para trabajar, impulsando tanto a empleadores como a líderes locales y estatales a colaborar para anticipar y coordinar sus necesidades de personal.

La estrategia parece prometedora para Pernambuco, uno de los estados de más rápido crecimiento. La empresa brasileña líder en investigación farmacéutica, Novartis, abrirá la primera planta de biotecnología del continente allí en 2017, y ya está luchando por atraer y capacitar a los trabajadores necesarios para conformar el personal. Sin este esfuerzo temprano y sostenido, dice la directora legal de Novartis Biociencias S.A. en el país, Isabella Maciel de Sa: "Sabemos que no encontraríamos el talento".

Junto con el gobierno estatal y la Universidad Federal (una de las principales instituciones educativas), la compañía está desarrollando una plataforma en línea de millones de dólares con cursos especializados y una vía para la población discapacitada del país para capacitarse para el trabajo en laboratorios, bioseguridad, y centros de llamadas.

Con la intención de revertir el provincialismo y romper las barreras para quienes solo hablan portugués, Rousseff también ha establecido una fecha límite en 2015 para enviar a 101,000 estudiantes brasileños al extranjero para estudiar ciencias y matemáticas en inglés. (Solo el 5% de los brasileños habla inglés, el cual el Gobierno ha considerado necesario para tener una fuerza de trabajo competitiva).

¿Fuga de talento?

Rousseff pidió la ayuda de Andrade para avanzar en la búsqueda del Gobierno de ayuda exterior. Al trabajar con U.S.-Brazil Connect, con sede en Denver, Andrade se ha asociado con colegios comunitarios estadounidenses donde los crecientes programas de carrera y en aptitudes de inglés atraen a los jóvenes brasileños.

Entre ellos se encuentra Wesley Melo, un joven de 17 años de edad de la ciudad de Salvador, en el estado brasileño de Bahía, quien visitó escuelas en Colorado, el otoño pasado, y que estudia para conseguir un título de dos años en Mecatrónica (mecánica y electrónica) en Bahía.

Pero Melo no está seguro de quedarse en Brasil el tiempo suficiente para "ayudar al cambio de país". Dice que está harto de las dificultades diarias de seguridad y transporte público. "Yo vivo a 10 minutos de la escuela técnica, que está cerca de una favela", dice. Le toma dos horas llegar a casa. "Los autobuses pasan realmente llenos y hay grandes retrasos. Esperando el autobús, me asaltaron unos mafiosos que se llevaron mi mochila. Mi libro de química estaba allí".

Melo sostiene que si hubiera un mejor transporte público, no habría sido tan vulnerable a los ladrones. Y si los pobres no estuvieran tan marginados, habría menos crimen.

El Gobierno se ha comprometido a mejorar el transporte a tiempo para la Copa del Mundo. Más de un millón de manifestantes brasileños han salido a las calles en los últimos meses, furiosos por el compromiso del Gobierno de construir estadios, centros de recepción, y una serie de otras instalaciones públicas para los Juegos, que, sostienen, desvían las inversiones para calles pavimentadas, entrega de correos y agua potable.

En los últimos años, Brasil se ha convertido en el más lamentable ejemplo de los países en desarrollo. Su creciente clase media -que sumó 35 millones de personas a sus filas solo en la última década, de acuerdo con el Instituto Datapopular -se ha traducido en un mayor poder adquisitivo. Pero también ha conducido a una trampa de deuda, a medida que el Gobierno trasladaba el costo de los subsidios de vivienda a los pobres y luego ofrecía préstamos a bajo interés para alentar a las familias a comprar coches, televisores, y otros productos.

La transformación socioeconómica ha tenido un impacto impresionante en el paisaje de Brasil. En la década de 1950, era 85% rural. Hoy en día es más o menos 85% urbano. Aquellos sin capacitación ni educación enfrentan una pobreza aplastante y sin trabajo, y el 35% de los brasileños viven con menos de dos dólares al día según el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de la ONU.

Favelas

Las favelas han observado un aumento de la violencia en los últimos años, que los capos de la droga han elevado a una guerra. La violencia rampante y el aumento de las muertes han obligado a cerrar escuelas y tiendas. El Centro Brasileño de Estudios Latinoamericanos, con sede en Río de Janeiro, afirma que  es el séptimo país más violento del mundo; y la ciudad norteña de Salvador encabeza la lista, donde la impunidad es la norma y el 90% de los homicidios quedan sin resolver.

En previsión de la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, el Gobierno de Brasil ha acelerado lo que llama "pacificación", alejando a los narcotraficantes y a las pandillas de su territorio, e instalando una presencia policial bien armada en su lugar.

Además de las tácticas de la policía, Andrade sostiene que la educación y la capacitación laboral pueden servir como un poderoso antídoto contra la pobreza y la violencia. Planea enviar 2,000 brasileños más a los colegios comunitarios estadounidenses para estudiar disciplinas como minería, construcción civil, energía e ingeniería.

Empresas con sede en EU que buscan entrar en el mercado de consumo de Brasil también han extendido su alcance hacia las comunidades, con iniciativas como Collectivo de Coca Cola. Dirigida a jóvenes en riesgo, hombres sin empleo y mujeres emprendedoras, Collectivo está dejando su huella en las favelas con programas después de clases y capacitación para el trabajo que conducen a la inserción laboral.

Los participantes trabajan en centros de reciclaje que los entrenan y les pagan por procesar plásticos para productos reutilizados que las mujeres diseñan, hacen y venden en las tiendas. Collectivo dice que estas mujeres emprendedoras han aumentado sus ingresos en un 50%.

Mientras tanto, el gasto de Brasil en investigación y tecnología creció 7% el año pasado, superando a todos los demás países, excepto a China, donde las inversiones se elevaron 11%. Pero, en última instancia, el progreso que Brasil hace en cultivar el talento local en todo el espectro económico determinará su capacidad para concretar sus ambiciones, en el país y en el extranjero.

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