España vive ‘boom’ de trabajo informal

La crisis y la débil respuesta del Gobierno orillan a los españoles a trabajar fuera del sistema; a esto se suma el desaliento que causa entre los trabajadores la corrupción y la evasión fiscal.
desempleoespaña  (Foto: Archivo)
Ian Mount

Fuera de la puerta de entrada de una tienda de IKEA en el suburbio barcelonés de L'Hospitalet de Llobregat, un grupo de hombres -en su mayoría inmigrantes de Ecuador- ofrecen servicios informales de entrega a los compradores. En la economía en crisis de España, éste es un negocio muy competitivo -para disminuir los conflictos, los conductores eligen bolas numeradas para establecer una fila de turnos-, y con un poco de negociación, un comprador puede conseguir una entrega inmediata por menos de lo que cobran los conductores oficiales de la tienda.

Es también una señal del enorme auge de la economía informal de España. De acuerdo con un informe reciente del Ministerio de Hacienda de España, realizado a finales de 2012, la economía informal representó el 24.6% del PIB, frente al 17.8% cuando comenzó la crisis en 2008. Eso es aproximadamente el doble de la tasa de Reino Unido, Francia y Alemania.

“Si nos comparamos con Zimbabwe, Bolivia o países como esos, estamos muy bien. Si nos comparamos con Grecia e Italia, estamos (en un nivel) similar. Si nos comparamos con Francia, Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Suecia, lucimos muy mal”, dice Jordi Sardà, profesor de Economía de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, quien dirigió el estudio.

La crisis económica de España, la reacción del Gobierno a la misma, y la generalizada corrupción política y empresarial han inspirado un auge del mercado negro, según Sardà.

La crisis ocasionó que el desempleo aumentara desde un mínimo previo a la crisis de 8% a 26% en la actualidad, lo cual generó un grupo de trabajadores ávidos de cualquier empleo. (Más de un millón de trabajadores de la construcción perdieron sus puestos, según un reciente informe de AT Kearney). Y los que tienen empleos están trabajando por menos, debido a que el porcentaje de horas extras no pagadas que realizan se disparó 28.6% en 2013.

Al mismo tiempo, para reducir su déficit presupuestario, el Gobierno aumentó los impuestos hasta el punto en que España -uno de los países más pobres de Europa- tiene ahora una de las tasas de impuesto sobre la renta personal más altas del continente, proporcionando una mayor motivación para trabajar fuera de la nómina.

Y luego está lo que Sardà llama el “grave problema moral” de España.

“Contratar a una mujer para que limpie tu casa y no presentar documentos oficiales todavía no es mal visto”, dice.

Según Sardà, este problema moral puede atribuirse en parte a un sistema que tolera la corrupción política y económica. Un reciente informe de la Comisión Europea reveló que el 95% de los españoles cree que la corrupción es generalizada en el país, un porcentaje sólo superado por el de Italia (97%) y Grecia (99%). Por el contrario, el porcentaje de personas que se sentían de manera similar en Dinamarca fue de 20%.

“Y por coincidencia -o no, realmente, porque están muy relacionados-, estos son los tres países con las economías informales más grandes”, dice Sardà. “Mientras que en los niveles más altos, (de) los políticos o quien sea, exista la percepción de mucha corrupción, y mientras que no haya una penalización por ello, es muy difícil decirle a la gente que pague sus impuestos”.

Del mismo modo, las lagunas fiscales corporativas y los recientes reportes de que siete grandes empresas de tecnología -Google, Apple, Amazon, Facebook, Yahoo, eBay y Microsoft- pagaron en conjunto sólo 1.25 millones de euros en impuestos a España en 2012, sirve de poco para inspirar a otros a limpiar sus libros.

“Las grandes empresas están ganando millones, y están pagando el 3.5%, cuando nosotros estamos pagando el 30% de nuestro sueldo. ¡Guau! ¿Por qué yo voy a pagar el IVA (impuesto sobre el valor agregado) de la reparación de mi auto si ellos no pagan?”, dice Sardá. “En conjunto, estos problemas crean una caja de Petri en la que se cultiva la economía informal de España”.

Leo, de 38 años de edad, se trasladó desde Guayaquil, Ecuador, a Barcelona en 2000, y es uno de las muchas personas que han ingresado a la economía informal en los últimos años. Tras llegar a España durante los años de auge, rápidamente encontró a un dueño de un restaurante que patrocinó su residencia, y comenzó a ganar unos 1,400 euros (1,900 dólares actuales) al mes.

En 2003, tomó un trabajo de logística en el mercado central de alimentos de la ciudad, debido a que ofrecía más horas regulares.

“En aquel entonces, si no te gustaba un trabajo, conseguías otro”, dice Leo, quien pidió que su apellido no fuera utilizado por motivos fiscales.

Cuando la crisis golpeó, todo eso cambió. Sólo pudo encontrar un empleo de medio tiempo en el mercado y dividirlo con su trabajo en el restaurante. Cuando finalmente encontró un trabajo de logística a tiempo completo en el aeropuerto de la ciudad, tenía turnos rotativos y su paga era 15% menor que en su empleo original en el restaurante.

“Ese dinero no cubre todo, ahora que tengo una novia y una hija”, dice. “Mi novia quiere trabajar, pero no puede encontrar un trabajo”.

Así que, en septiembre pasado, comenzó a entregar muebles fuera de IKEA, donde gana unos 200 euros a la semana.

“Hemos tenido alzas de impuestos y en servicios públicos. ¿Cómo vamos a lograrlo?”, pregunta. “Voy a mantener el trabajo del aeropuerto, pero además prefiero tener algo por debajo de la mesa para no pagar todos esos impuestos”.

La economía de España tardará años en recuperarse. Mientras tanto, Jordi Sardà tiene varias sugerencias para reducir la parte de la informalidad. La primera es una renovación del sistema tributario. Esto debe producirse pronto, a medida que el gobierno de Mariano Rajoy está planeando una reforma que reduzca las tasas, mientras que elimina las lagunas fiscales.

“Tenemos que tener un sistema justo. La clave es que todo el mundo pague, no sólo algunos”, dice Sardà.

La segunda consiste en una dura lucha contra la corrupción a todos los niveles, tanto a través de medidas severas contra la corrupción política, como a través del tipo de campañas públicas que han hecho que tirar basura, fumar y conducir ebrio sea algo socialmente inaceptable en Estados Unidos.

Y, finalmente, Sardà aboga por un aumento en el número de personas que vigilan el cumplimiento de los códigos tributarios del país. En España, hay un trabajador de la agencia tributaria por cada 1,928 habitantes, en comparación con 729 en Alemania y 860 en Francia.

Un poco de vigilancia tampoco haría daño.

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