Suicidios inquietan a Wall Street

Una serie de muertes prematuras en JPMorgan y otros bancos ha preocupado a banqueros y analistas; las finanzas se han vuelto un entorno laboral más estresante con más regulación y más despidos.
suicidio  (Foto: Getty)
Jen Wieczner

Hace unos días, un ejecutivo de Wall Street se preguntaba si podría alejarse de la oficina el tiempo suficiente como para ver a su psicólogo en la parte alta de la ciudad.

En medio de un ajetreado día de trabajo, eso parecía poco probable. Entonces se topó con un artículo en el New York Post con la inquietante noticia de que un empleado de JPMorgan Chase había saltado a la muerte desde las oficinas del banco en Hong Kong, solo tres semanas después de que un compañero banquero de la firma se había suicidado al saltar desde el techo de la sede del banco en Londres. “El suicidio de JPMorgan es la tercera muerte misteriosa en semanas”, rezaba el titular del Post.

El ejecutivo fue a su cita. “Él dijo: 'Eso fue lo que me trajo a su oficina el día de hoy, quiero asegurarme de que estoy bien'”, comenta el psicólogo Alden Cass, que trata al ejecutivo, así como a varios otros clientes que son gestores de carteras, banqueros de inversión y operadores de todo tipo.

La ola de suicidios ha causado un estremecimiento generalizado en Wall Street y más allá. La tercera muerte a la que hizo referencia el Post -la de un director ejecutivo de JPMorgan que murió dentro de su casa en Connecticut en enero- no parece haber sido intencional. (Aún está pendiente un reporte). Sin embargo, los incidentes en JPMorgan son solo los más recientes de una serie de por lo menos una media docena de suicidios en el mundo financiero desde finales de agosto. Estos incluyen a ejecutivos de Zurich Insurance Group, Deutsche Bank y Russell Investments, entre otras firmas.

Los suicidios de banqueros no son un fenómeno nuevo. Varios de ellos se produjeron en rápida sucesión durante la Gran Depresión y durante la reciente Gran Recesión. De hecho, la investigación ha demostrado que los suicidios pueden ser contagiosos, por así decirlo. Esto es particularmente cierto cuando los reportes gráficos y sensacionalistas de las fatalidades generan imitadores, según la American Association of Suicidology.

Las recientes muertes prematuras han generado preocupaciones de que pueda haber más en camino. El portavoz de JPMorgan, Joe Evangelisti, dice que la empresa ha enviado avisos recordando a los empleados que están a su disposición recursos de apoyo relacionados con la salud mental las 24 horas al día, los siete días de la semana, y que sus corazones están con las familias de los fallecidos.

Banqueros, solo detrás de científicos

Pero cada nueva ola de suicidios conlleva preguntas sobre si las muertes significan una tendencia preocupante: ¿son las finanzas una ocupación potencialmente mortal? Es decir, ¿los banqueros se suicidan con más frecuencia que otras personas?

Para averiguarlo, Fortune pidió a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) que emitieran las últimas estadísticas de suicidio de su base de datos de Vigilancia de Mortalidad Ocupacional Nacional. Durante 1999, 2003, 2004 y 2007 -los años más recientes en los que la investigación fue financiada y para la cual hay datos disponibles- hubo 329 suicidios entre los especialistas financieros, más que ninguna otra actividad profesional vigilada por los CDC, excepto por el amplio grupo de “ingenieros y científicos”, un conjunto que registró 502 suicidios.

Sin embargo, las finanzas son una profesión vasta, y aunque puede que el número total de profesionales de las finanzas que se suicidan sea mayor que el de otras profesiones, en realidad son menos propensos a hacerlo que, por ejemplo, los abogados o los bomberos.

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Tomemos a JPMorgan como ejemplo: en un banco con más de 260,000 empleados en todo el mundo, un par de suicidios pueden parecer impactantes y fortuitos, pero la cifra, de hecho, se ubica muy dentro del rango de la probabilidad estadística. Dos incluso podría ser un número bajo. “Es de esperarse cuando las personas trabajan en estos largos horarios”, dice una exbanquera de inversión de Goldman Sachs que se volvió profesora de Gestión en la Universidad de Pennsylvania, Alexandra Michel, y quien desde hace 12 años ha realizado un seguimiento del desempeño y la salud de un grupo de empleados de Wall Street en dos bancos (los cuales no puede revelar), en un estudio en curso. “Uno pensaría que sucedería con mucho más frecuencia”.

Un examen detallado de los datos de los CDC revela una conexión preocupante entre ciertos tipos de empleos financieros y un riesgo elevado de suicidio. Los CDC organizan sus cifras de mortalidad según las categorías del censo, que pueden ser bastante amplias. La clasificación en la que Wall Street se ubica es “representantes de ventas para servicios financieros y empresariales”; una categoría que incluye una amplia variedad de posiciones bancarias, que van desde asesores de inversión hasta corredores y operadores de bancos de inversión.

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La gente en ese grupo es 39% más propensa a suicidarse que la población activa en su conjunto. (Los miembros de otras profesiones de cuello blanco están en mayor riesgo: los abogados tienen 54% más probabilidades de suicidarse que el promedio, y los médicos tienen 97% más probabilidades).

Estrés y temor a la justicia

Dentro de las finanzas los observadores dicen que los banqueros de inversión a menudo están bajo el estrés mental más agudo. “De todos los sectores de las finanzas, no conozco ningún puesto que sea más extremo en términos de la resistencia emocional necesaria que la banca de inversión”, dice Cass, el psicólogo que también es coautor de Bullish Thinking: The Advisor's Guide to Surviving and Thriving on Wall Street.

Es un síndrome que Michel también ha observado al realizar un seguimiento de los banqueros de inversión en los últimos años. Después de que sus sujetos de análisis habían trabajado en un banco durante cuatro años en promedio, ella comenzaba a observar signos de insomnio, ansiedad y depresión: “Pude ver cómo la gente llegaba charlando alegremente en el teléfono con algún amigo, y cómo eso fue ocurriendo cada vez menos”, dice. “La gente se volvía completamente absorta por su oficina, por el trabajo. Algunos se sentían atrapados”.

JPMorgan dijo que los dos empleados que se suicidaron no eran banqueros de inversión per se. Según sus perfiles de LinkedIn, Gabriel Magee era un vicepresidente que supervisaba tecnologías para valores de renta fija en la oficina de Londres, y Dennis Li era un socio del departamento de facturación que apoyaba al banco de inversión.

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Pero el mundo de las altas apuestas de Wall Street se ha convertido en un entorno laboral más estresante en todos los ámbitos. La crisis económica de 2008 y la posterior recesión han exacerbado el problema, dice Cass, sobre todo ahora que ha sido asimilada la nueva realidad de los menores cheques de bonos, los despidos masivos regulares y la mayor regulación. Aunque estos factores han impactado a muchas profesiones, “en la banca de inversión eso se convierte en un proceso de depuración; ¿quién puede soportarlo y quién no?”, dice Cass

El psicólogo ha notado cómo el escrutinio pesa sobre sus clientes. La ansiedad se ha filtrado hasta llegar a los jefes y ha permeado en la cultura, dice. Los banqueros se mantienen en una “postura de temor”, al preocuparse constantemente por mantener sus empleos o, peor aún, por no enfrentar cargos criminales.

Un análisis de los CDC de los suicidios por ocupación para el año 2008 y más adelante no estará lista sino hasta 2015. Sin embargo, la agencia gubernamental estadounidense informó recientemente de un aumento alarmante de suicidios entre 1999 y 2010 entre los estadounidenses con edad suficiente para estar en la cima de sus carreras o bien establecidos en la alta dirección. Los suicidios entre las personas de entre 35 y 64 años de edad aumentaron 28%, con aumentos aún mayores entre las personas de raza blanca (40%) y los mayores de 50 (más de 48%).

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Aunque no es justo atribuir la culpa a una empresa o a la propia industria, Cass considera que el aumento de la presión para evitar errores está cobrando su precio a los banqueros. “Obviamente es bueno para la salud colectiva de nuestra seguridad financiera en el largo plazo”, dice. Y en el corto plazo, sus clientes seguirán acudiendo a sus citas.

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