Ucrania, la revolución pendiente

La crisis política en el país despierta el debate sobre el reto de renovar su sistema financiero; la corrupción y la burocracia son algunos de los obstáculos para modernizar su economía.
ucrania2  (Foto: Getty)
Vivienne Walt
KIEV -

Como cualquiera que haya pasado algún tiempo en Ucrania podrá confirmar, a la gente de este país le encanta el café. Así que no es sorprendente que Nestlé importe grandes cantidades de él, al enviarlo directamente desde Brasil a su fábrica de empaque de café en la ciudad ucraniana occidental de Lvov, una de las cuatro fábricas de Nestlé en el país.

Cada mes, llega un cargamento idéntico de café molido. “Es el mismo producto, procedente de la misma fábrica en Brasil, con la misma calidad”, dice el director de comunicaciones corporativas de Nestlé Ucrania LLC, Gennadiy Radchenko, mientras está sentado en su oficina en Kiev.

Mientras continúa, deja escapar un suspiro de frustración mezclado con un sentido de lo ridícula que es la situación que enfrenta la compañía. "Cada dos o tres meses recibimos una carta o una solicitud de una auditoría por parte de la oficina aduanal, diciendo que es un producto diferente y que tienen que aumentar sus tasas de aduana”, dice Radchenko.

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Para ejecutivos como Radchenko, esas demandas irracionales son simplemente una parte de hacer negocios en Ucrania, que es familiar para todos los ejecutivos en el país. “Es una vieja, vieja tradición”, dice, al describir un sistema en el que una maraña de requisitos burocráticos y reglamentos comerciales caprichosos parecen no tener otro fin que hacer crecer las arcas del Gobierno, y a menudo también los bolsillos de los funcionarios.

Este tipo de demandas se aceleran durante las crisis económicas; y negociar con el Gobierno para eliminar o minimizar al menos algunos de los obstáculos regulatorios absorbe considerables recursos, dice Radchenko. Dentro de la operación de Nestlé en Ucrania, “citar las leyes a menudo es un medio de chantaje”, dice. “En los últimos años, (los funcionarios) no necesitaban sobornos. Necesitaban dinero para entrar en el presupuesto del Estado”.

El jueves, funcionarios de la Unión Europea (UE) se reunieron de nuevo en Bruselas para discutir cómo rescatar las precarias finanzas de Ucrania, lo cual implica tentarlos para que se alejen de su dependencia económica de Moscú. Sobre la mesa hay un paquete propuesto por la UE de 11,000 millones de euros (alrededor de 15,100 millones de dólares), compuesto en su mayoría por préstamos y créditos, que casi seguramente requerirán que Ucrania realice drásticas reformas económicas y firme un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La idea no es otra cosa que una reestructuración financiera en este enorme país de 45 millones de personas, donde la corrupción y la mala administración han estado a la orden del día desde que el colapso de la Unión Soviética trajo la independencia a Ucrania en 1991.

Nestlé

Radchenko dice que, como una importante corporación multinacional, Nestlé ha estado en gran parte protegido de la turbia economía informal que ha gobernado gran parte del mundo empresarial de Ucrania. Pero aún así, la empresa ha encontrado varios problemas en los últimos años que parecen ser intentos por sacarle más dinero a la empresa.

A finales de la década de 2000, Ucrania exigió que Nestlé pagará impuestos sobre regalías por los nombres de marca de sus fideos y otros alimentos que fabrica en el país. Nestlé se resistió, argumentando que ya paga comisiones de regalías a las oficinas centrales de Nestlé en Suiza. Como parte de su caso en contra de Nestlé, el Gobierno de Ucrania abrió una investigación criminal, que fue finalmente abandonada; aunque no sin antes costar considerables gastos legales a la empresa.

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Luego vinieron años de incertidumbre sobre las leyes de inmigración, durante los cuales las familias de los empleados inmigrantes de Nestlé carecieron prácticamente de estatus legal en Ucrania mientras los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y la oficina de inmigración estaban trabados en punto muerto sobre las normas, de acuerdo con Radchenko. “Era como un ping-pong de ida y vuelta entre ellos”, dice. “No éramos la única empresa que estaba así”.

Con miles de millones en ayuda occidental a punto de fluir hacia Ucrania, eliminar los hábitos arraigados es súbitamente urgente. Y ahora dos semanas después del sangriento clímax de la revuelta en Ucrania, otra revolución -esta vez financiera- está tomando forma poco a poco.

La revolución comercial

El hombre que dirige los esfuerzos no podría ser más diferente a los líderes expulsados de su cargo por los violentos enfrentamientos en la Plaza de la Independencia de Kiev.

Con 42 años de edad, el nuevo ministro de Desarrollo Económico y Comercio de Ucrania, Pavlo Sheremeta, tiene credenciales estadounidenses en la forma de un MBA de la Universidad de Emory en Atlanta y cursos para ejecutivos tomados en la Harvard Business School. Habla un inglés estadounidense perfecto y rápido. En Kiev ya ha ganado grandes elogios por tomar el metro hacia el trabajo y por registrar sus movimientos alrededor de la capital en Foursquare.

El jueves estuvo en una sala de conferencias de un hotel en la Plaza de la Independencia para explicar a los periodistas cómo pretendía rehacer Ucrania para convertirla en una economía moderna y libre de corrupción.

Mientras cientos de manifestantes siguen acampando en la saturada y atrincherada plaza exterior, Sheremeta -con solo ocho días en el puesto- esbozó un futuro para un país radicalmente diferente. Un registro en línea de las licitaciones públicas será abierto para recibir ofertas, una gran diferencia respecto a años anteriores, cuando los proyectos de infraestructura de miles de millones de dólares se adjudicaron a aquellos con conexiones con los altos mandos.

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Otra tarea urgente, dice Sheremeta, es simplificar drásticamente las regulaciones gubernamentales. Quiere colocar a Ucrania entre los 10 países en que es más sencillo hacer negocios en el mundo. “Nunca hemos tenido eso antes”, dice.

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Dice que quedó impactado por los hábitos retrógradas del Gobierno cuando asumió el cargo el 27 de febrero. Se le pidió que escribiera su currículum profesional a mano -no en una computadora- y fue interrogado sobre si tenía parientes viviendo en el extranjero, un vestigio del antiguo sistema soviético. “El aparato del Estado está en el siglo XVI”, dijo.

Por supuesto, otra cuestión es si Sheremeta podrá lograr cualquiera de estas cosas. Llevar el antiguo y derrochador sistema económico de Ucrania hacia la edad moderna es una tarea enorme. Pero Radchenko de Nestlé, por su parte, tiene esperanza, aunque no sea por otra razón que por la que los manifestantes en las calles de Kiev ganaron su revolución. “Ésta fue una revolución sobre los valores”, dice. “La gente estaba harta del sistema”.

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