China, cerca de la alarma alimentaria

Cerca del 20% de las tierras cultivables en el país están contaminadas por metales pesados; a este ritmo, China aumentará sus importanciones de alimentos, poniendo en riesgo a otras regiones.
china_agro  (Foto: Getty)
Minxin Pei*

Cuando el Gobierno chino completó su primera encuesta nacional sobre la contaminación del suelo en 2005, los resultados fueron tan alarmantes que Beijing declaró rápidamente los datos como un “secreto de Estado”.

Al parecer, los líderes chinos cambiaron de opinión y, hace pocos días, el Ministerio de Protección del Medio Ambiente y el Ministerio de Recursos de la Tierra anunciaron conjuntamente los principales resultados de la encuesta de 2005.

Aunque el raro despliegue de transparencia del Gobierno chino amerite reconocimiento, la admisión de que cerca del 20% de las tierras cultivables han sido contaminadas por metales pesados no solo demuestra la gravedad de la degradación ambiental, sino que también tiene consecuencias económicas y geopolíticas profundas para la comunidad internacional.

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Antes de la última revelación de Beijing, la estimación más pesimista de la contaminación del suelo de China sugería que tal vez hasta el 10% de las tierras cultivables habían sido contaminadas. Ahora, los datos oficiales muestran que la cantidad real de la tierra contaminada es el doble de extensión. Alrededor de 27 millones de hectáreas de tierra cultivable están afectadas con productos químicos peligrosos y deben ser retiradas de la producción agrícola.

El Gobierno chino ha determinado que 121 millones de hectáreas de tierras cultivables es la cantidad mínima de tierra necesaria para garantizar la seguridad alimentaria del país. En 2012, China tenía 135 millones de hectáreas de tierra cultivable. Si los 27 millones de hectáreas de tierras contaminadas fueran declarados no aptas para la producción de alimentos, el monto total de la tierra cultivable ascendería a 13 millones de hectáreas por debajo de la “línea roja”.

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Debido a su gran población y escasez de tierras, la cantidad de tierra cultivable per cápita en China es solo la mitad del promedio mundial. Desde que China lanzó su campaña de modernización hace 35 años, la urbanización, la industrialización y el aumento del consumo han reducido aún más la tierra cultivable disponible y han incrementado la demanda de producción de alimentos.

Más demanda que producción

Aunque la producción agrícola de China ha crecido en un factor de 4.5 en este periodo, el crecimiento de la demanda ha sobrepasado a la producción. Como resultado de ello, las importaciones chinas de alimentos, especialmente de granos, han aumentado rápidamente. En 2011, la nación asiática importó 9.9 millones de toneladas de grano. El año pasado importó 22.8 millones de toneladas, aproximadamente un 7% del total de las importaciones mundiales de cereales. Según la OCDE, China importó 6.2% de sus alimentos en 2001. Esa cifra se elevó a 12.9% en 2012.

En todo caso, esta tendencia se acelerará en el futuro si la contaminación del suelo obliga a China a detener la producción en terrenos y a depender de las importaciones para compensar el déficit. Aunque Beijing tendrá extensos medios financieros para pagar por sus alimentos (tuvo un déficit comercial neto de 31,000 millones de dólares en productos agrícolas en 2012), sus esfuerzos para obtener alimentos desde el extranjero tendrán efectos perturbadores en un sistema mundial de producción que estará bajo una mayor presión debido al cambio climático, el crecimiento demográfico y la industrialización. En el peor de los casos, los intentos chinos para aumentar su seguridad alimentaria podrían encontrarse con una dura reacción proveniente del exterior.

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Lo más probable es que los funcionarios chinos y los empresarios privados pongan en práctica estrategias que prometan entregar resultados rápidos para cerrar el creciente agujero en la producción de alimentos en China. Comprar empresas de alimentos occidentales bien establecidas que posean o tengan acceso a tierras limpias y suministros de agua es evidentemente una táctica tentadora.

En mayo de 2013, Shuanghui Internacional, un productor de cerdo chino, pagó 4,700 millones de dólares por Smithfield Foods, que era entonces el mayor criador y procesador de carne de cerdo más grande del mundo. Esta adquisición, una brillante decisión de negocios por derecho propio, también tuvo el efecto práctico de fortalecer la seguridad alimentaria de China.

El país que preside Xi Jinping también puede construir fábricas de procesamiento de alimentos o adquirir dichos servicios en países con ricos recursos de tierra cultivable y agua (preferentemente países que acogen y protegen las inversiones extranjeras).

En marzo, un principal fabricante de fórmula para bebés chino, Synutra International, comenzó la construcción de una instalación de 125 millones de dólares en Bretaña, Francia. Producirá productos lácteos de alta calidad para el mercado chino, donde la fórmula para bebés de fabricación local es vista como peligrosa debido a la contaminación. Adquirir productores establecidos de alimentos e invertir en instalaciones de procesamiento de alimentos son mejores opciones que comprar tierras de cultivo en el extranjero (lo cual es más sensible políticamente y económicamente más arriesgado).

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Por el momento, tales movimientos por parte de las empresas chinas han sido modestos. Han llamado la atención, pero no han disparado alarmas. Sin embargo, en el futuro, si la contaminación del suelo provoca que el público pierda la confianza en la seguridad de los alimentos producidos en China, Beijing podría no tener otra opción que ampliar sus esfuerzos, lo cual podría ser visto como una amenaza para la seguridad alimentaria de las naciones extranjeras.

Aunque la necesidad de seguridad alimentaria de China es comprensible y creará oportunidades enormes para los países con exceso de capacidad de producción, el Gobierno debe moverse con cuidado. Debe diseñar mecanismos de salvaguarda creíbles y ejecutables. Eso tranquilizará a sus socios comerciales. De lo contrario, los gobiernos extranjeros erigirán barreras para obstaculizar los esfuerzos de China.

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A la luz de la masiva contaminación del suelo de China, tal desarrollo sería una catástrofe épica.

Minxin Pei es la profesora de Gobierno Tom y Margot Pritzker ྄ del Claremont McKenna College y es alto miembro no residente del German Marshall Fund de Estados Unidos

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