Wall Street: rescates vs. regulación

El libro de Tim Geithner parece preparar el terreno para futuras crisis y rescates: Sheila Bair; la obra del exsecretario del Tesoro omite la inestabilidad que dejan los grandes rescates.
geithner  (Foto: Getty)
Sheila Bair*

En su nuevo libro, Stress Test, el exsecretario del Tesoro, Tim Geithner, dice cosas buenas de mí... bueno, algo así. En su mayoría, básicamente relata nuestros desacuerdos durante la crisis financiera de 2008 y sus secuelas.

Si compartes mi escepticismo sobre los rescates y su generosidad, pensarás bien sobre las posturas que tomé. Si compartes la visión del mundo de él de que estaba justificado lanzar billones de dólares a los grandes bancos para “salvar al sistema”, entonces no lo harás. Cualquiera que sea la postura de los lectores, el libro de Tim ha revitalizado un debate muy necesario sobre si nuestro sistema financiero debería estar basado en un paradigma de rescates o en uno de rendición de cuentas.

Aunque la gran mayoría de los estadounidenses favorecen el segundo, aún continua el romance de Washington con las grandes firmas financieras. Los reguladores y los políticos podrán parlotear un buen discurso acerca de terminar con los “demasiado grandes para quebrar”, pero sus acciones hablan más fuerte que sus temas de debate. La reforma financiera ha sido tibia. El duro esfuerzo para forzar a los megabancos a recaudar más capital, para reemplazar su inestable financiamiento a corto plazo con deudas a largo plazo y simplificar sus estructuras legales, en el mejor de los casos, ha quedado a medias.

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Pero, ¿quién puede culpar a los reguladores por ser tímidos cuando los miembros de ambos partidos en el Congreso parecen valorar las contribuciones de campaña por sobre la estabilidad del sistema? De hecho, mientras escribo esto, la Cámara de Representantes está en una audiencia sobre el impacto a los empleos contra la Oficina de Investigación Financiera (OFR, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro por atreverse a hacer preguntas acerca de los riesgos planteados por los grandes gestores de activos.

Esto es una reminiscencia de las tácticas de intimidación utilizadas por la industria de derivados hace más de una década para hacer retroceder a Brooksley Born cuando, como presidente de la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas (CFTC, por sus siglas en inglés), sugirió que los mercados de derivados necesitaban supervisión.

Al menos Tim es honesto acerca de su aceptación de los megabancos y de su desinterés por la terminación de los "demasiado grandes para quebrar". Pero lo que es preocupante es su falta de reconocimiento de la inestabilidad inherente creada cuando Wall Street piensa que tiene una opción de venta gigante en el Tío Sam. 

Él acepta los peligros de riesgo moral en lo que respecta a rescatar a los propietarios de viviendas, pero no a los megabancos. Asume casi ingenuamente que los titanes de Wall Street de alguna manera pueden elevarse por encima de la tentación de tomar riesgos desmesurados cuando saben que el Gobierno siempre estará allí para rescatarlos. Sin embargo, en lo que respecta a los propietarios, Tim se preocupa por el riesgo moral que crearán los esfuerzos de ayuda del Gobierno. De hecho, él justifica sus limitados esfuerzos por ayudar a los propietarios de viviendas, en parte, diciendo que él no quería recompensar el comportamiento de aquellos que a sabiendas se endeudaron más de lo que podían pagar.

¿En qué estoy de acuerdo?

Coincido con Tim en que siempre habrá ciclos financieros y una necesidad de intervenciones del Gobierno. Pero el punto de esas intervenciones debería ser estabilizar el sistema para aquellos en la economía real que dependen de los bancos para procesar pagos y créditos: los depositantes y los prestatarios. El objetivo no debería ser rescatar a aquellos que manejan los bancos y que invierten en ellos; y que causaron el problema en primer lugar. La justificación de Tim de los rescates está basada en un falso dilema: que nuestras únicas opciones eran no hacer nada o perseguir las medidas excesivas que perseguimos.

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Ciertamente, el riesgo de corridas bancarias es real en un pánico financiero. Si una institución tiene problemas para financiarse a sí misma, eso puede tener un impacto severo en su capacidad para seguir prestando. Pero solo se da una corrida en los prestamos a corto plazo de una institución financiera. Estos incluyen los depósitos no asegurados y las fuentes como acuerdos de recompra (repos) y títulos comerciales que deben ser continuamente renovados.

La deuda a largo plazo y la renta variable no pueden sufrir una corrida; esos inversores están atascados y deberían asumir los riesgos de sus decisiones de inversión. Hay pocas razones para rescatarlos si la meta es estabilizar el sistema. Del mismo modo, no es necesario proteger los puestos de trabajo y los bonos de los cabezas huecas en lugares como AIG y Citi que metieron a sus instituciones en problemas. De hecho, los mercados ven con buenos ojos reemplazar la mala gestión y retener los bonos de la gente que causó pérdidas a las empresas en las que trabajaban.

En la gira de promoción de su libro para explicar la necesidad de los rescates, Tim ha utilizado una analogía astuta de un piloto que trata de aterrizar un avión que está en llamas y de cabeza, respecto a los terroristas que lo comenzaron. Argumenta que el piloto no puede salir de la cabina para esposarlos. Primero tiene que aterrizar el avión. El problema con esta analogía es que el avión aterrizó a finales de 2008. Y seamos sinceros, en lugar de esposar a los terroristas, los llevaron al salón ejecutivo.

La realidad es que en 2009 el sistema financiero se había estabilizado. Para bien o para mal, billones de dólares en apoyo del Gobierno habían sido proporcionados, incluyendo 700,000 millones en fondos del TARP. En ese momento, no había excusas para no requerir a Citi que se reestructurara y redujera su tamaño, para forzar a los bancos a deshacerse de sus malos activos, para exigir la reestructuración a gran escala de las hipotecas con problemas; y sí, para poner a alguna gente en prisión.

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Esto no tiene nada que ver con venganza. Solo son buenos fundamentos económicos. Si a las personas no se les responsabiliza por su comportamiento, cometerán los mismos delitos. Si los bancos no limpian sus balances generales, no saldrán a prestar. La gente que se excedió en su deuda hipotecaria recortará otros gastos. Millones de hipotecas bajo el agua impiden la movilidad de la fuerza de trabajo y crean un “inventario en la sombra” que impide que el mercado se limpie.

¿En qué no estoy de acuerdo?

Tim, sin embargo, menosprecia las críticas a los rescates como justicia del Antiguo Testamento. No compra los argumentos contraeconómicos y en eso nunca estaremos de acuerdo. Pero a diferencia de algunos estudiantes universitarios en estos días y de sus actitudes hacia los oradores de discursos de graduación, a mí no me molesta escuchar a las personas cuyas opiniones difieren de las mías.

Por lo tanto, recomiendo su libro. Está bien escrito y lleno de reveladoras anécdotas personales. El ingenio y encanto de Tim se notan página tras página. Cuenta una historia de cuando estaba navegando en Cape Cod y vio una pareja cuyo velero se había volcado. Estaban colgados del casco para salvar su vida. Nadó hacia ellos y los convenció de nadar hacia su barco, solo para descubrir que eran malos nadadores y no podían soportar la corriente. Afortunadamente, llegaron de vuelta a su bote y fueron finalmente rescatados. Tim caracteriza esto de manera irónica como una lección temprana sobre la toma de decisiones en la crisis. (También podría sugerir una temprana propensión a rescatar a la gente cuando en realidad deberían ser dejados a sus propios recursos).

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Aunque es una lectura agradable, el libro de Tim también es una advertencia. Por mucho que él esté tratando de justificar las decisiones que tomó y las acciones que realizó durante la crisis, tengo la sensación de que también trata de preparar al público para futuros rescates. Y con este mensaje, me temo, está reflejando las opiniones tácitas de muchos en Wall Street, donde ahora está empleado: el sistema sigue siendo inestable, habrá otra crisis; y sí, tendrán que ser rescatados de nuevo.

Por supuesto, a los titanes de Wall Street les gustaría que los rescates sean el nuevo paradigma; después de todo, son mucho más fáciles que tratar de reformar el sistema... y bueno, ¡ellos ganaron dinero la última vez!

El problema es que, cuando Wall Street explota, el resto de nosotros sufrimos. Los beneficios en efectivo de los rescates bancarios son una pobre recompensa por los millones que perdieron sus hogares y sus empleos, por no hablar de los contribuyentes y de los enormes riesgos que el Gobierno tomó con su dinero. Por estas cosas, el público nunca será adecuadamente compensado.

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Supongo que me sentiría mejor acerca de los razonamientos de Tim sobre los rescates si yo pensara que está más comprometido a evitarlos en el futuro. Pero en lugar de abogar abierta y vigorosamente por una reforma financiera significativa, parece pensar que hemos hecho casi todo lo que podemos hacer o que debemos hacer. Yo creo que deberíamos disculparnos por los rescates. Él quiere que estemos agradecidos por ellos. Pero si glorificamos a los reguladores cuando rescatan a la industria, mientras que los atacamos cuando intentan regularla, ¿qué tipo de sistema tendremos?

*Sheila Bair fue presidenta de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos durante el período 2006-2011 y es autora del bestseller del New York Times 'Bull by the Horns: Fighting to Save Main Street from Wall Street and Wall Street from Itself'.

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