¿Debe Europa salvar a Grecia?

Si Grecia no recibe más fondos podría enfrentar una alta inflación y conflictos sociales; a la zona euro le sale más barato retener a Grecia que dejarla salir del bloque.
grecia euros  (Foto: CNN)
Mark Thompson
NUEVA YORK -

Europa intenta apagar incendios por doquier: los migrantes que llegan desde el norte de África, el bamboleo de Ucrania al filo y las cicatrices de la crisis financiera global que aún no terminan de sanar.

Ahora los líderes de la región tienen una nueva crisis delante, una que podría asestar el mayor golpe a la integración europea en 60 años.

El rechazo rotundo del pueblo griego a los términos impuestos por Europa para un rescate financiero exige una respuesta inmediata.

Sin dinero, Grecia pronto irá a la quiebra. Eso significaría casi con toda seguridad que debe abandonar el euro, la pieza central de los esfuerzos de generaciones de políticos europeos para unir un continente desgarrado dos veces por la guerra en el siglo pasado.

Si hay tanto en juego, ¿por qué es tan difícil llegar a un acuerdo?

¿Por qué Europa, cuyos líderes se reunieron este martes en una cumbre de emergencia, no le facilita las cosas a Grecia para que lidie con su enorme deuda?

Por desgracia, no es así de simple. Hay sólidos argumentos que empujan a los líderes europeos en ambas direcciones.

El euro

El euro fue introducido en enero de 1999. Sus arquitectos creían que impulsaría a Europa haciendo que los negocios fueran más fáciles a través de las fronteras, y ayudaría a los consumidores a obtener mejores precios permitiéndoles comparar precios. La moneda se ha convertido en el símbolo más visible de la integración europea.

Pero a diferencia de otras uniones monetarias, como Estados Unidos, la eurozona no vino con una centralización del poder político o la creación de un gran presupuesto federal que pudiera usarse para ayudar a los miembros más pobres.

Los votantes no estaban preparados para eso. En cambio, los 11 gobiernos que lanzaron el euro acordaron normas que, entre otras cosas, debían evitar que cada uno de ellos se endeudara demasiado. El objetivo era asegurar que la moneda fuera estable.

Desde entonces, el libro de reglas ha crecido hasta abarcar cómo se regulan los bancos y cómo pueden ser rescatados los gobiernos que se meten en problemas financieros. Países como Irlanda, Portugal y España se apegaron a esas reglas en tiempos de crisis, y han visto cómo sus economías empiezan a crecer de nuevo después de los dolorosos programas de rescate.

Grecia no quiso adherirse al libro. Ha sido renuente a adoptar reformas económicas y no ha podido completar el segundo de dos enormes rescates por un total de 240,000 millones de euros (264,000 millones de dólares).

Gran parte de ese dinero fue aportado por otros gobiernos de Europa, que son responsables ante sus electores de cómo se gasta. No entienden por qué las reglas deben ignorarse o incluso romperse en el caso de Grecia. Tampoco entienden por qué deben cancelar su deuda, lo que equivaldría a que un estado subsidie a otro.

Sigmar Gabriel, el ministro de Economía de Alemania, dijo que concederle un trato especial sería fatal para la moneda. Si Grecia no tiene que pagar la totalidad de su deuda, ¿por qué otros no gozarían del mismo favor?

"Eso sería el fin del euro", dijo a la prensa el lunes.

Algunos analistas piensan que cortar a Grecia puede incluso ayudar al euro al permitir que los 18 países restantes se unan aún más.

Alto precio a pagar

Pero si Europa mantiene una postura rígida para defender los intereses a largo plazo del euro, corre el riesgo de atestiguar el desastre económico de Grecia. Aislada de todo apoyo financiero, Grecia tendría que imprimir su propia moneda y la inflación probablemente se dispararía, la vida sería aún más difícil para millones de griegos que ya han sufrido años de penurias.

De hecho, las autoridades europeas ya están hablando de cómo podrían proporcionar ayuda humanitaria, como medicamentos y otros productos de primera necesidad, si Grecia no puede pagar las importaciones. Sin esa ayuda, los conflictos sociales y políticos podrían escalar.

La perspectiva de un Estado fallido en el sureste de Europa alarma a los políticos de todas las geografías, desde Bruselas a Washington. Grecia es miembro de la OTAN, pero ha estado coqueteando con Rusia. Y es la puerta de entrada a Europa para muchos migrantes que huyen de la guerra, el terrorismo y la pobreza en el Medio Oriente y África.

Hay otra poderosa razón para que Europa le dé a Grecia otra audiencia.

El camino hacia la adhesión al euro es una calle de sentido único. De hecho, no existen reglas para manejar la caída y la salida de un país miembro.

Hoy es improbable un efecto dominó. Es difícil imaginar a otro país imitando a Grecia y siguiendo sus pasos hacia el abismo económico, pero la salida griega o “Grexit” llevaría a la eurozona a territorios desconocidos.

Así que la próxima vez que un país muy endeudado se meta en problemas, su pertenencia al euro se pondrá en entredicho.

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Y, por último, está el dinero. Conceder a Grecia una reducción de su deuda puede costarle a los acreedores (principalmente europeos) 127,000 millones de euros, según los analistas de RBS. Dejar que el país se vaya costaría al menos 227,000 millones, estiman.

Difícil elección.

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