Finlandia, el “enfermo de Europa” que agoniza por austeridad

El país tiene dificultades para ordenar sus finanzas mientras busca escapar de la recesión; la coalición del Gobierno ha quedado al borde del colapso ante la situación.
finlandia  (Foto: CNN)
HELSINKI (CNN) -

Finlandia fue uno de los países europeos que emitió las críticas más duras contra Grecia durante su crisis de deuda, al reprender a Atenas por no implantar reformas para revivir su economía.

Ahora la nación nórdica tiene dificultades para ordenar sus propias finanzas mientras intenta escapar a una recesión de tres años que hizo que su ministro de Hacienda calificara al país como el nuevo "enfermo de Europa".

Los intentos del primer ministro, Juha Sipila, por recortar vacaciones y salarios fueron recibidos con grandes huelgas y protestas, mientras una gran reforma al sistema de salud expuso las divisiones ideológicas al interior de la coalición de Gobierno, que quedó al borde del colapso la semana pasada.

Sipila transita estos días en la cuerda floja: debe impulsar reformas para mejorar la competitividad y revivir el crecimiento mientras calma a los sindicatos, evitando más huelgas y costosos acuerdos salariales el próximo año, al tiempo que se esfuerza por mantener unida a su coalición.

El desempleo y la deuda pública están subiendo en un país golpeado por los altos costos laborales, el declive del negocio telefónico de su compañía de bandera, Nokia, y la recesión en Rusia, uno de sus principales mercados exportadores.

Asimismo, con una población que envejece rápidamente, los economistas prevén un panorama sombrío para Finlandia, que perdió su calificación crediticia de triple ‘A’ y está sufriendo su depresión más larga desde la Segunda Guerra Mundial.

Sipila -que advirtió que Finlandia podría ser la próxima Grecia- quiere lograr 10,000 millones de euros (10,800 millones de dólares) en ahorros anuales para 2030, incluidos 4,000 millones de euros para 2019.

Como parte de esta iniciativa el Gobierno, que lleva cinco meses en el poder, planea reformar el sistema de salud, el Gobierno local y los mercados laborales para impulsar el empleo y la competitividad de las exportaciones.

Protestas, huelgas

Pero el llamado del primer ministro a lograr un "espíritu común de reforma" fue recibido con indignación cuando propuso reducir las vacaciones en el sector público y la paga extra a los empleados que trabajan los domingos.

Unas 30,000 personas protestaron en Helsinki en septiembre, la mayor manifestación en el país desde 1991, y las huelgas detuvieron trenes, puertos y papeleras. El Gobierno dio marcha atrás pronto, diciendo que buscaría ahorros en otros beneficios.

Los desacuerdos sobre las rebajas de costos en el sistema de salud amenazaron la semana pasada con romper la coalición gubernamental, que representa a votantes conservadores rurales, tecnócratas urbanos y populistas anti-inmigración.

Sipila se enfrenta a la oposición del ala conservadora de su propio Partido de Centro, mientras el partido Coalición Nacional de su ministro de Hacienda, Alexander Stubb, es reformista, y el partido Finlandeses se escora a la izquierda en política fiscal y le está costando acceder a la austeridad.

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La frustración de Stubb fue evidente cuando dijo en septiembre: "Básicamente, somos el enfermo de Europa". Mientras el desempleo se acerca al 10%, muchos fineses añoran los años anteriores a los 90', cuando podían devaluar el marco a voluntad para mejorar la competitividad de sus exportaciones.

De hecho, en una muestra de la creciente frustración, Paavo Vayrynen, veterano del partido de Sipila y europarlamentario, lanzó una iniciativa para exigir un referendo sobre la permanencia en el euro. Con más de 49,000 firmas, es probable que sea debatido el próximo año en el Parlamento.

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