Bigfoot, el ‘mítico’ submarino que transportaba droga a EU

Tras años de no poder comprobar su existencia, las autoridades por fin capturaron al sumergible; sin embargo, este es un pequeño golpe para los narcotraficantes que ahora usan drones.
submarino bigfoot  Los cárteles sudamericanos han perfeccionado su técnica para entrar en EU. /  (Foto: Reuters)
KEY WEST (Reuters) -

Para los guardacostas estadounidenses, este aparato era como el monstruo del Lago Ness: habían creído atisbarlo en fotos de mala calidad, pero ponían en duda su existencia. Sin embargo, este submarino artesanal construido por los narcotraficantes es real.

De aproximadamente 15 metros, esta especie de embarcación gris semisumergible, con tubos de ventilación en la parte superior, fue construida sigilosamente por traficantes de droga en los manglares de Colombia.

El pequeño submarino acondicionado fue utilizado para introducir ilegalmente toneladas de cocaína a Estados Unidos, evadiendo a las autoridades que patrullan las aguas en busca de barcos sospechosos.

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"Al principio, teníamos solamente viejas fotos granuladas. Nadie creía que fuera real", explica bajo condición de anonimato un analista de inteligencia, mientras muestra el aparato en una base estadounidense.

Desde la década de 1990 se escuchaban relatos sobre la existencia de submarinos utilizados por los narcotraficantes, pero no fue sino hasta 2005 que las autoridades estadounidenses tuvieron los primeros elementos tangibles: unas fotos que mostraban un extraño aparato navegando bajo el agua.

Los investigadores quedaron anonadados con estas primeras imágenes, pero la sorpresa fue aún mayor cuando las autoridades estadounidenses lograron interceptar uno de los sumergibles en Costa Rica en 2006.

Apodado Bigfoot (por la mítica criatura cuya existencia nunca ha sido probada), no era un submarino propiamente dicho, pero el aparato podía ir casi en su totalidad por debajo del agua, lo que dificultaba su detección, incluso con radares convencionales. Cuando fue capturado, transportaba a cuatro hombres y 4.2 toneladas de cocaína.

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La embarcación preferida de los narcotraficantes es la lancha rápida, con la que entregan su producto en el Caribe, América Central o México. Pero desde la detención de Bigfoot, los delincuentes han mejorado sus técnicas marinas y construyen hoy en día verdaderos pequeños submarinos.

La peor pesadilla

Uno de ellos fue detenido en Ecuador. Medía 26 metros de largo y funcionaba con un motor a diésel. Pero podía sumergirse completamente en breves zambullidas, gracias a un sistema de baterías.

Y los cárteles más poderosos de América del Sur están a la vanguardia: en la actualidad estarían fabricando unos drones submarinos, que no necesitan tripulación, pueden guiarse mediante GPS y se mantienen bajo el agua casi todo el trayecto.

"Es la peor pesadilla", dice el analista de inteligencia, que trabaja para una fuerza multinacional basada en Cayo Hueso, al sur del estado de Florida, que Estados Unidos y una quincena de países formaron para luchar contra los traficantes de drogas.

Esta alianza internacional juega un papel clave en los esfuerzos por interrumpir el comercio ilegal de la droga, que representa unos 88,000 millones de dólares al año. 

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En la región de América Central y del Sur, las autoridades interceptan cerca del 25% de la cocaína que transita por los mares.

Países lejanos geográficamente, como Francia, Reino Unido u Holanda, contribuyen a la flota de la alianza y colaboran con los arrestos de sospechosos. Algunos de ellos son procesados en tribunales estadounidenses, pero otros son enviados ante la justicia de sus países de origen.

En Estados Unidos, las penas pueden llegar a ser de hasta 14 años de prisión, pero esto no amilana a los narcotraficantes, que no tienen problemas en reclutar voluntarios que se apretujen dentro de uno de estos submarinos más o menos seguros por varios días.

El capitán de una de estas embarcaciones puede ganar 75,000 dólares en un solo viaje.

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Construir un aparato sumergible puede costar 1 millón de dólares, pero ese monto se paga con tan solo una pequeña parte del cargamento que es capaz de transportar.

Y capturar estos submarinos es muy difícil: sus tripulantes los abandonan cuando son detectados y esperan pacientemente a las autoridades en una balsa.

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