Crónica de un ‘godín’ de la #CDMX en contingencia ambiental

El gobierno prohibió la circulación de más autos para reducir la contaminación atmosférica; sin embargo, capitalinos en el transporte público y las calles no percibieron un impacto positivo.
Metro Ciudad de México  Transportes administrados por el gobierno capitalino han dado acceso gratuito por la contingencia ambiental. /  (Foto: Agencias)
Darío Martínez Brooks*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

No llegué a la junta de mi trabajo este jueves. La noche anterior, el Gobierno de la Ciudad de México anunció más restricciones al Hoy No Circula, por lo que imaginé que el transporte público estaría más saturado que de costumbre por la mañana.

Pero fue peor de lo que pensaba. Además de que en las calles del Centro de la Ciudad parecía haber más carga vehicular que la normal, intentar abordar el Metro en la Línea 9, a las 07:30 horas, era misión (casi) imposible.

Junto a cientos de los "señores usuarios", esperé durante 10 minutos a que pudiera llegar un tren, el tiempo necesario para que el andén se llenara en la estación Chabacano. Ahí empezó la lucha, más dura que de costumbre, para entrar cuando otros quieren salir cuando la cortesía es impensable.

 

Eché mano de todas mis habilidades para abordar un tren que no podía cerrar sus puertas. El conductor, por los altavoces, llegó a suplicar “por favor, por favor” que permitieran el cierre de puertas. “Si no, no podemos avanzar”, intentaba razonar.

Al mar de gente que usó el Metro gratis esta mañana, por la contingencia ambiental que vive la capital desde hace tres días, se sumó la falla de un tren en la estación Puebla de la misma línea.

 

Pero nadie lo sabía. El tren tardó en avanzar cinco minutos más, y se detuvo tres veces antes de llegar a la siguiente estación. Un hombre de poca paciencia golpeaba el techo del tren, que avanzaba a paso lento hasta Centro Médico.

Ahí comenzó otra batalla por ocupar dos cuerpos el mismo espacio: empujones, gritos, desesperación, frustración elevaban la temperatura del ambiente y del humor de la gente.

Otros 10 minutos varados en la estación también sacaron el enojo del conductor del Metro: “Señores usuarios, si siguen jalando las palancas (de emergencia) no vamos a poder avanzar”.

 

En ese momento, las 08:05 horas, comencé a perder la esperanza de llegar a mi junta de las 08:30. Aunque el tren ya solo se detuvo otro par de veces en medio del túnel, mi trayecto de cinco estaciones se prolongó por 40 minutos.

“¡Lo logramos!”, dijo una joven a otra al llegar a Tacubaya. Bien por ellas, pero apenas era la mitad del viaje para mí, pues aún debía subir 4.5 kilómetros hasta la redacción de Grupo Expansión.

Tuve la esperanza de que el caos del poniente de la capital —el camino al Mordor Godín, le llaman— estuviera libre de engomados verdes terminaciones 1 y 2, así como las placas que terminan con par.

Isabel Ferguson, coordinadora de Tecno en la redacción, me comentó que contó al menos seis autos que no debían circular, en menos de 10 minutos que se fijó por la ventana de la oficina.

 

Decepción, pues ni noté menos autos en la avenida a vuelta-de-rueda Constituyentes, y vía Twitter vi a varios usuarios compartiendo fotos de autos con placas prohibidas circulando con impunidad.

Las 08:24 y aún faltaban tres kilómetros de acelera y frena, acelera y frena de mi autobús, que lidiaba con un auto descompuesto y un choque que alargaban la fila de autos y la contaminación.
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Desde Lomas Altas se apreciaba buena parte de la Ciudad, y su panorama gris en una mañana nublada y de contingencia. No llegué a la junta de mi trabajo este jueves.

*Nota del editor: Darío Martínez Brooks es reportero de Política en Grupo Expansión. Las opiniones recabadas en el texto son exclusivamente del autor.

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