¿Puede alguien detener a Donald Trump?

El ‘establishment’ republicano pasó meses en fase de negación mientras el empresario sumaba apoyos; el triunfo de Kasich en Ohio alentó a los anti-Trump para frenar la posible nominación.
AFP-Donald-Trump-bandera  Un puñado de republicanos advirtieron del meteórico ascenso del republicano, pero nadie los escuchó, de acuerdo con testimonios ✓  (Foto: AFP/Archivo)
Maeve Reston
(Reuters) -

En la víspera del primer supermartes, el 1 de marzo, el canto de sirena terminó para los donantes republicanos. Donald Trump iba disparado hacia la nominación republicana y la posibilidad de detenerlo se escapaba.

A lo largo del 2015, muchos de los principales donantes republicanos se habían quedado al margen, en espera de que apareciera un claro favorito del establishment. Entonces lo inexplicable sucedió: Trump entró al vacío y empezó a dar muerte a sus rivales uno por uno. Ninguno de ellos podía idear cómo detenerlo.

El increíble impulso de su campaña aturdió a Estados Unidos y horrorizó al establishment republicano. El mundo político no solamente subestimó la fuerza electoral de Trump; durante meses ellos menospreciaron su candidatura con todo su teatro como una broma y no prestaron atención a las señales de los cambios sísmicos.

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Durante un largo verano y otoño de negación mientras Trump sistemáticamente dominaba las encuestas, incluso el más diestro de los operarios republicanos insistió en que él nunca permanecería en la contienda. Algunos donantes del Partido Republicano incluso pensaban en la necesidad de un plan para derrotarlo. Por otra parte, cada candidato estaba enfocado en su propia campaña y no sintió la obligación de arriesgar sus posibilidades a fin de detenerlo.

La llamada tardía para detener su marcha hacia la nominación republicana ocurrió horas antes de que Trump comenzara a rodar hacia las victorias masivas en los estados de los supermartes... al construir lo que parecía ser una ventaja casi insuperable en el conteo de delegados. Pero el multimillonario Paul Singer, uno de los principales recaudadores del Partido Republicano, le dijo a sus compañeros donantes que era el momento para atacar.

“Él no es Superman”, quien solo puede ser destruido “con criptonita”, dijo Singer, según varias fuentes que escucharon la llamada y le proporcionaron a CNN detalles que no habían sido revelados previamente.

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Singer y los miembros de la familia Ricketts —entre los primeros donantes más importantes que apoyaron el esfuerzo en contra de Trump— creían que el “verdadero” Donald Trump no había sido desenmascarado frente al público estadounidense. Ellos tenían que hacer un impacto para el 15 de marzo y desenmarañar una marca que Trump había estado construyendo desde hace décadas, pero sentían que los hechos estaban de su lado.

Meg Whitman, directora ejecutiva de Hewlett-Packard, se unía a la solicitud de Singer para un asalto implacable a fin de retratar a Trump como el enemigo que se aprovecha del “más pequeño”. De manera convincente, ella dijo que Trump estaba dirigiendo un programa de “odio e intolerancia” que demostraba que él no era apto para ser presidente.

La semana anterior, Whitman y otros republicanos importantes de todo el país habían visto alarmados cómo el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, había respaldado a Trump. Ellos temían que otras figuras del establishment a través del país pudieran ver el poderoso atractivo de Trump frente a los votantes y que empezaran a caer en fila detrás de él.

Era tarde, pero no era el final, le aseguró Whitman a los donantes a quienes había puesto en alerta. La lucha por los delegados podría continuar durante meses.

“Tenemos una oportunidad para darle la vuelta a todo esto”, les dijo Whitman, apelando a su sentido de patriotismo y diciéndoles que ellos tenían una “tarea” que realizar.

Luego siguió una breve sesión de preguntas y respuestas. Un donante marcó la pauta al preguntar: ¿A dónde debía transferir el dinero?

El supermartes 3 de Trump

La llamada a los donantes contra Trump puso en marcha lo que se convertiría en el ataque final contra el magnate de los bienes raíces para evitar que aplastara el camino hasta llegar a las contiendas en donde el ganador se queda con todo, las que empezaron el martes por la noche en el supermartes 3 con Ohio y Florida. Esta versión de su camino cuesta arriba y la trayectoria impredecible de la campaña de 2016 se basa en entrevistas con más de dos docenas de estrategas, asistentes de campaña, donantes y operarios del partido.

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Los enemigos de Trump razonaron que si no lo pudieron derrotar abiertamente, al menos querían una decisión dividida. Ellos obtuvieron una versión de eso el martes: Una victoria de John Kasich en Ohio y una contienda estrechamente penetrante entre Trump y Cruz en Missouri. Originalmente, una victoria de Marco Rubio en Florida había parecido posible... pero Rubio terminó su campaña el martes por la noche, después de una humillante derrota en su estado natal.

El dominio de Trump del martes distó mucho del resultado deseado de las fuerzas en su contra. Pero obtuvieron lo suficiente como para mantener la contienda dentro del camino estrecho que se dirige a privar a Trump de los delegados que necesita y el espectro de una convención impugnada.

Trump se mostró desafiante en la noche de las elecciones: “Millones de personas están presentándose a votar”, dijo durante su discurso en su propiedad de Mar-a-Lago, en el que observó que él estaba atrayendo “votantes completamente nuevos” a las urnas. “Esto es tan solo algo diferente, tenemos una gran oportunidad”.

Dos noches antes en su concentración de Boca Raton, un organizador de Trump había animado a los asistentes a tuitear sobre el evento con el hashtag #StopTheRepublicanEstablishment (detengan al establishment republicano). Trump llegó justo después de la puesta del sol de forma cinematográfica, volando sobre la ubicación en su helicóptero privado mientras el tema musical de la película Air Force One de Harrison Ford de 1997 agitaba a la multitud.

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Era una multitud del tamaño de las elecciones generales que se extendía desde el escenario del anfiteatro por todo el césped hasta la orilla del lago. Al abarcar la escena después de que el helicóptero había aterrizado, el director de campaña de Trump, Corey Lewandowski, advirtió de la reacción violenta que una convención impugnada desencadenaría.

“Es una decisión de las élites del partido”, dijo en una entrevista, de pie y vistiendo un traje detrás de la carpa de prensa, mientras que Trump le infundía entusiasmo a la multitud de Boca desde el escenario. “Ellos pueden destruir el partido o pueden unirse detrás del favorito”.

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Él les advirtió: "Continúen subestimando a Donald Trump bajo su propio riesgo".

Stephen Collinson, Jeremy Diamond, Ashley Killough, MJ Lee, Sara Murray y Manu Raju contribuyeron con este reporte.

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