Nacionalismo: otra amenaza económica mundial

Las ideas proteccionistas y antiinmigrantes representan un riesgo más para la ya aletargada economía mundial.
Otro riesgo  El nacionalismo ha encontrado un campo fértil con una economía débil, el terrorismo y la migración.  (Foto: Especial, Fotoarte)
Carmen Luna
CIUDAD DE MÉXICO. (Expansión) -

Esta nota se publicó originalmente en la edición 1194 de la revista Expansión del 1 de agosto de 2016.

El mundo se enfrenta a una nueva etapa de incertidumbre económica y comercial que se agudizó con la decisión de 52% de los británicos de abandonar la Unión Europea y además, con el discurso proteccionista y antiinmigrante del candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump.

Esta es una muestra de cómo los ecos del nacionalismo toman fuerza. Esta vieja amenaza, entre cuyos objetivos está el proteccionismo comercial, ha hecho reaccionar incluso al Fondo Monetario Internacional (FMI), que advirtió del riesgo que representa para la economía.

En una entrevista con el Financial Times, Christine Lagarde, directora del FMI, dijo que el proteccionismo “lastima el crecimiento y perjudica a la gente”. La imposición de nuevas barreras comerciales “sería bastante desastroso (...) Tendría un efecto negativo en el crecimiento global”.

Donald Trump, el candidto del Partido Republicano, ha propuesto revertir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), bloquear el envío de las remesas y deportar a millones de inmigrantes, entre otras medidas.

“Las crisis severas, como la que empezó en 2008, generalmente tienen como consecuencia un programa de rescate seguido por un incremento en el populismo y el proteccionismo. Lo vimos en España y Grecia, o México en 1995”, dice Luis de la Calle, uno de los negociadores del TLCAN.

En México, un evento que generó críticas en 2015 fue la imposición de medidas de apoyo federal principalmente, aduaneras al sector textil y del calzado para combatir prácticas desleales de comercio.

“La política comercial debe diseñarse con una perspectiva de largo plazo, no es un instrumento económico que deba usarse en términos de fluctuaciones de la economía”, agrega De la Calle.

Reino Unido, un parteaguas

Aún con el brexit, ni Reino Unido ni la Unión Europea han hablado de imponer barreras comerciales. Sin embargo, el voto de los británicos se da mientras fuerzas políticas apelan a medidas proteccionistas en un contexto de débil crecimiento económico.

El brexit revela el malestar de una parte de los ingleses por la inmigración y las instituciones de la Unión Europea, cuyos líderes son desconocidos para muchos europeos. A esto se suma el tsumani económico provocado hace años por la incorporación al mercado laboral de millones de trabajadores asiáticos.

“Mucha gente culpa a los gobiernos por no haber protegido a las clases medias de este impacto, al que ahora se suma la revolución tecnológica. Estos meteoritos han causado un shock mundial, y las clases se han rebelado votando por partidos nazis, de extrema izquierda. Parte de ese descontento también está en movimientos independentistas”, dice el profesor de la Universidad de Columbia Xavier Sala-i-Martín.

En Europa, la crisis de los refugiados, los ataques terroristas en París, en noviembre de 2015, y en Bruselas, en marzo de 2016, así como la débil actividad económica son aprovechados para llamar al proteccionismo. El mundo se encamina a crecer 3.2% este año, cuando antes de la crisis de 2008 lo hacía casi 6%.

“No se nace con el nacionalismo, es inducido. En términos económicos, se ve reflejado en políticas proteccionistas, como aranceles muy altos para la entrada de productos extranjeros”, explica Vidal Romero, académico del ITAM.

La Unión Europea es la economía más grande y también es el bloque de comercio más importante. El promedio de sus aranceles es de los más bajos del mundo y más de 70% de sus importaciones están libres de arancel, pero, tras la crisis, su economía no ha crecido ni 2% anual.

“La crisis ha alentado las tentaciones nacionalistas en varios países. Si sucumben, disminuirá el comercio y, con él, la generación de riqueza. Pocas leyes están tan demostradas en la economía como ésta”, señala el investigador de la Universidad Carlos III de Madrid José Luis Ferreira.

Austria es un ejemplo extremo. El país se dividió con la elección presidencial en la que competía Norbert Hofer, calificado como el mayor ultranacionalista desde la Segunda Guerra Mundial.
Con el lema “Austria y los austriacos primero”, Hofer basó su campaña en el rechazo a los refugiados sirios y a los musulmanes, a quienes acusó del aumento del desempleo y de la criminalidad. Al final, el otro candidato, Alexander van der Bellen, obtuvo la victoria con 50.3% de los votos.

Los proteccionistas argumentan que el Estado debe proteger determinadas industrias y a la fuerza laboral nacional de la competencia externa, para conseguir independencia y seguridad nacional. Nigel Farage, promotor del brexit, y Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, partido de extrema derecha en Francia, se han manifestado en contra de tratados como el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos, al argumentar que sólo favorece a grandes corporaciones.

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Ferreira dice que el crecimiento del comercio no es homogéneo, no todos los sectores crecen a la vez. “Algunos van a salir perdiendo y ahí está el que cada país sepa proteger a los más vulnerables”.

Por lo pronto, Sala-i-Martín avizora dos desenlaces del brexit: “sacrificar” a los británicos para prevenir que otros países salgan, y reconocer que hay un problema y dejar que los europeos escojan a sus líderes y vivan una verdadera democracia.

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