La tecnología mexicana...¡existe!

Computadoras ultraeconómicas y sistemas operativos o de administración ostentan el Hecho en Méx y aunque las iniciativas son prometedoras, las empresas de TI en el país se ubican como Pymes.
Armando Rodríguez escribe software desde los 12 años, Jarro  (Foto: )
Leonardo Peralta

Una computadora ultraeconómica, un sistema de administración de talleres mecánicos y un sistema operativo Hecho en México. Aunque parezca difícil de creer, todos estos proyectos fueron desarrollados en una nación que, según la OCDE, es importadora neta de tecnología (de acuerdo con el organismo, las compras mexicanas de tecnología en 2004 abarcaron 555,000 mdd contra ventas de apenas 43,800 millones, casi todo en maquila). Cifras tristes, considerando que del otro lado del río Bravo, tan sólo Microsoft invirtió en desarrollo tecnológico 6,580 mdd en 2006, una cantidad superior al presupuesto de todo el país en el tema (que, en 2004, fue de 4,276 mdd).

Sin embargo, de cuando en cuando surgen en cubículos académicos y oficinas ideas con el potencial de balancear el desequilibrio tecnológico de México. Son ideas nacidas de necesidades simples, con presupuestos modestos, pero que demuestran que el mítico ingenio mexicano tiene aplicaciones reales.

Los empeños de una tecnología

El estudio ‘Madurez institucional desde la perspectiva de la aceleración de negocios’, de la incubadora Visionaria, apunta que la actividad tecnológica en el país “aparece como uno de los segmentos económicos más prometedores del país, su crecimiento es del orden de 22% anualmente”. Pero no es sencillo. Mauricio Santillán, director de Visionaria, dice: “El tecnólogo generalmente desarrolla una idea sin consultar si es factible. Es uno de los principales errores al principio, que lleva a elaborar productos competidos, que no sean aceptados o con problemas de adopción”.

La mayor parte de las iniciativas tecnológicas vive en la precariedad. El estudio de Visionaria recalca que, “la mayor parte de las empresas de las TI (tecnologías de información) están ubicadas en el terreno de la pyme”. No extraña que las buenas ideas mueran al poco tiempo de nacidas. Sin embargo, esto no evita que algunos se lancen a la aventura de desarrollar soluciones tecnológicas, a veces contra viento y marea.

Proyecto Azteca

En noviembre de 2005, el anuncio hecho por destacados tecnólogos y líderes del mundo (como Nicholas Negroponte, director del Media Lab del MIT, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, y el ahora ex Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan) de la intención de crear una computadora portátil de 100 dólares de costo y destinada al mercado educativo del tercer mundo convulsionó a la industria de la tecnología. Y en un laboratorio del Campus Guadalajara del TEC de Monterrey, se gestaba una computadora quizá tan revolucionaria como la primera aunque sin tanto revuelo.

Alfonso Alva, director del Centro de Tecnologías de Información del ITESM Guadalajara, recuerda la sangría en la industria manufacturera nacional provocada por el factor China, donde establecieron operaciones muchas plantas que antes hacían negocios en México. “En el Tec analizamos qué se podía hacer para retener a esta industria y encontramos que un factor muy importante radicaba en crear valor agregado para productos manufacturados por la industria tecnológica nacional”.

Como resultado del análisis, la institución creó en 2003 un instituto cuyo fin es apoyar a la industria mexicana de TI. Su objetivo es diseñar productos con tecnología propia para que empresas mexicanas lo fabriquen y lo comercialicen. Su primer proyecto fue un dispositivo similar a un smartphone, un teléfono inteligente que puede ser usado en una plataforma GSM, similar a las redes de Telcel y Movistar. Incluye funciones de localización por satélite, descarga de datos, Bluetooth y video.

Tras el desarrollo de esta plataforma de comunicaciones (conocida como Nahual), su siguiente objetivo fue “adaptarla como un dispositivo de comunicación a internet para llevarla a sectores de bajos recursos donde una persona la pudiera conectar a una línea telefónica y a un televisor”.

Trabajando con un equipo de más de 20 personas (12 investigadores del Centro de Tecnologías de Información y una docena de alumnos) y con un presupuesto aproximado de 5 mdp (la mitad aportada por la Secretaría de Economía y la otra por el Tec de Monterrey) lograron crear una computadora con un procesador fabricado por AMD, el fabricante global de chips que tiene una planta en Guadalajara. Es un dispositivo que puede correr versiones de Linux y de Windows, aunque la versión con Linux mantendría el costo original.

Para abaratar el costo de la computadora (bautizada como Axteca), se decidió emplear una salida de video hacia una televisión. La conectividad de la computadora queda restringida a conexión por vía telefónica y por red ethernet (para acceso a la banda ancha). El costo de ensamble de la PC es de 2,500 pesos. Organizaciones como Axtel, el gobierno del estado de Jalisco y el propio Tec, han mostrado interés en su uso a nivel masivo.

Alva dice que el Tec buscará “ofrecer el diseño a otras empresas que manufacturen Axteca. Podemos ayudarles y asesorarles, ellos tendrán la forma de venderlo”. Sin embargo, el aparato llevará el sello del Tec. “La idea sería que la computadora lleve una librería de software educativo creado por el Tec en materias como matemáticas, física, emprendimientos, salud...”. El proyecto Axteca se encuentra en fase de pruebas y certificaciones y se espera que, para el primer trimestre de 2008, comience su manufactura.

Administración sureña

Más al sur, en Mérida, la Fundación Código Libre Empresarial Yucatán (CLEY) pasó de vender sistemas de administración para papelerías y farmacias a desarrollar paquetes de gestión de negocios para talleres mecánicos. Aunque se trata de un fenómeno de hipersegmentación, hay una razón de negocios: los talleres son una de las actividades económicas más frecuentes en el país.

Según los Censos Económicos de 2004, de los 4.2 millones de unidades económicas registradas 151,418 se dedican al rubro de la reparación de automóviles y camiones. El sector está dominado abrumadoramente por pequeños negocios (sólo 1,997 talleres censados emplean más de 10 personas en promedio). Roberto Patrón, miembro de CLEY, explica que la organización tiene su antecedente en una empresa llamada Consultoría y Capacitación del Sureste. Como vender licencias de sus paquetes de software no dejaba para un buen negocio (“el costo promedio de licencias para un sistema de cinco usuarios era de hasta 45,000 pesos, una cifra muy elevada para la mayoría de las empresas en la región”, dice Patrón), tuvieron que reorientar su objetivo.

Así crearon CLEY y comenzaron la migración de algunos de sus proyectos hacia código libre, hecho en colaboración con personas que no necesariamente cobran y a quienes les inspira mejorar los códigos de software.

El proyecto Sistema de Administración de Talleres (SAT) es fruto de su trabajo en una época en que CLEY operaba como empresa. “Nos lo había encargado un cliente, que en 2002 pidió un sistema de facturación”, cuenta Patrón. Pero el cliente también necesitaba controlar la mano de obra, ingresos de vehículos, costos, pago de insumos... “Se desarrolló un sistema de administración a la medida, orientado a servicios”, dice.

El sistema fue creado bajo plataformas propietarias; es decir, desarrolladas por un fabricante de software, en este caso FoxTrot. Pero cuando comenzaron a trabajar bajo plataformas libres a mediados de 2006, el proyecto de talleres mecánicos (ahora independiente de la relación con el cliente original) comenzó a ser modificado y adaptado. “Decidimos que ya no queríamos hacer el mantenimiento del SAT en dos plataformas, una libre y otra propietaria”, explica Patrón.

El SAT ofrece ventajas para los talleres mecánicos. Puede funcionar con procesadores no tan nuevos. Por otro lado, el uso de software libre permitirá hacer los proyectos más accesibles. “Con Linux podemos ampliar la base de clientes”, comenta Patrón. El proyecto SAT tiene previsto su arranque comercial con un equipo de 10 desarrolladores a principios de 2008 y, actualmente, se encuentra en fase de pruebas en un taller mecánico en Mérida.

Jarro Negro

¿Un sistema operativo hecho en México? Quizá suena imposible, pero no lo es para alguien que desde los 12 años se dedica a programar. A sus 19 años, Armando Rodríguez no sólo ha trabajado con lenguajes de programación desde la infancia, sino que ha desarrollado su propia versión del sistema operativo Linux.

Jarro Negro no es sólo un juguete de nerds. El sistema operativo puede ser un potencial competidor de Microsoft. Un estudio realizado en 2006 por la consultora IDC indica que en el mercado de servidores, Linux ya abarcó en 2006 12.2% del mercado y posee un ritmo de crecimiento de 17% anualmente.

Sin embargo, Linux (del que existen docenas de versiones diferentes, llamadas distribuciones) carecía de una versión para el público mexicano. Desde fines de la década pasada, Rodríguez ya conocía el sistema. “En un principio usaba Linux para jugar, lo usaba como servidor web y de correo electrónico”, relata.

Luego usó el sistema operativo para montar una pequeña red casera. Pero, con el paso del tiempo comenzó a hacer de su hobby algo más serio. “Cuando entré a estudiar en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Naucalpan, decidí hacer cosas más complejas”, recuerda. “A mediados de 2004 conocí a un profesor llamado Raúl González quien estaba trabajando en Linux. Luego hicimos contacto con los directivos de la institución y nos permitieron usar un servidor Sun que nunca habían podido configurar y que adecuamos como servidor web”.

Con el apoyo del CCH, hace unos dos años Rodríguez comenzó a trabajar en el Jarro Negro junto con un grupo de 10 compañeros de la escuela. El proyecto consiste en una versión del sistema operativo Linux para el mercado mexicano.

Sin embargo, lo que sorprende es el gasto en infraestructura: algunos CD para respaldar información y que ocasionalmente comercializa por 1,000 pesos la unidad. La instalación dura aproximadamente una hora y cuenta con servicios para que la computadora funcione como servidor, además de programas como OpenOffice 2 (suite de oficina), Firefox (navegador de internet), mPlayer (para ver contenidos audiovisuales) GIMP (editor de imágenes), Nvu (editor de páginas web)... todos ellos desarrollados en código libre. El sistema operativo junto con los programas ocupan 740 megabytes de espacio en disco duro y un sistema operativo que puede correr en computadoras desde Pentium II a 400 Mhz.

El Jarro Negro puede configurarse con facilidades y la interfase gráfica permite su uso en entornos como escuelas y pequeños negocios, además de que ha sido probado como sistema operativo como servidor de aplicaciones de voz sobre internet.

Aunque Rodríguez ha dejado el proyecto en espera, por su entrada a la UNAM como estudiante de ingeniería, actualmente un equipo de 30 personas en instituciones educativas como la Universidad del Valle de México y la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl se ocupa de mantenerlo. Un sistema abierto para el país y el mundo.

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