Una idea genial: taxi para minusválidos

Miguel Ángel Ortiz ya tiene más de 150 clientes que pagan por el servicio la mitad de un radio motivado por lo que vivió con su madre fue como ideó transportar a personas en silla de ruedas.
Miguel Ángel Ortiz ya tiene 20 taxis. (Adán Gutiérrez)
Cecilia Reynoso

A simple vista parece una ambulancia compacta. Pero se trata del primer servicio de taxis para personas que usan silla de ruedas, en la Ciudad de México. Hace unos 10 meses comenzó a circular la primera van con espacio para ruedas y camillas, adaptada con una rampa hidráulica que soporta 400 kilos. La idea fue de Miguel Ángel Ortiz, un hombre que llevaba 10 años siendo taxista y que tuvo esta iniciativa motivado por lo que vivió con su madre, que pasó la última parte de su vida en una silla de ruedas.

En los primeros cuatro meses, Ortiz tenía 60 clientes. Actualmente, cuenta con más de 150 personas que lo llaman con regularidad. “Esta cifra crecerá, pues en el Distrito Federal hay más de 1.5 millones de personas que padecen alguna discapacidad y para ellas es prácticamente imposible trasladarse de un lugar a otro”, estima.

Entre sus clientes está Marco Hernández, de 45 años y cuadrapléjico desde hace 14. Antes del Taxi Social, era frecuente que él tuviera que cancelar sus planes y volver a casa. “Una simple salida es como planear una excursión o un safari”. El transporte público no es una alternativa y los taxistas convencionales rara vez se detienen o atienden a sus llamados, cuenta Hernández, activista en pro de los derechos de las personas con discapacidad. Ahora, dice Marco, “con una simple llamada, puedo irme de parranda, al cine, a cualquier lugar y a cualquier hora”.

Otra clienta de Ortiz, que solía contratar una ambulancia para trasladarse al hospital –pagaba 800 pesos por un recorrido de 20 minutos–, ahora viaja con él por 220 pesos. “La señora vive en cuartos de lámina de cartón, así que el Taxi Social es para ella una bendición”, cuenta Ortiz.

Su taxímetro marca una tarifa cuatro veces más alta que la autorizada a los taxis ‘ruleteros’, pero cuesta la mitad que un radio taxi. Si se toma en la calle, el banderazo es de 10 pesos y 2 pesos cada 250 metros de recorrido; si se le solicita por teléfono, cobra 20 pesos el arranque y 2.50 por cada 250 metros de recorrido.

Con más ideas que capital, Ortiz (presidente y director general de la asociación civil Fundación Iberoamericana del Taxi, FIAT) es uno de los pocos emprendedores que han decidido apostarle a este grupo de consumidores. Un segmento que no es despreciable: según datos oficiales, cerca de 10% de los mexicanos tiene algún tipo de discapacidad. “No somos considerados como una fuente de consumo real dentro del mercado”, explica Marco Hernández, que conoce muy pocos servicios con una atención o servicio pensado, o siquiera adecuado, para ellos.

Hasta ahora, el Taxi Social ha tenido éxito. Arrancó con una inversión de 75,000 pesos que cubrieron el costo del primer vehículo, el elevador, el taxímetro y una pequeña televisión. El ingreso bruto de esa primera unidad ascendía, apenas hace ocho meses, a 200 pesos al día; ahora le deja ingresos brutos por 800 pesos diarios. En menos de un año, la FIAT sumó a su flotilla nueve unidades más y, próximamente, tiene previsto incorporar otras 10, propiedad de otros conductores. “Aun así, serán insuficientes ante la gran demanda, ya que cada camioneta no puede atender arriba de seis viajes redondos, que son los que, en promedio, atendemos diariamente”.

Ortiz quiere llegar a tener 500 vehículos prestando servicio en la ciudad. Y está abriendo la invitación a otros. Pide que tengan una camioneta de cualquier año o modelo, con una altura mínima de un metro con 40 centímetros, firmar un contrato, pagar 4,000 pesos de inscripción y abonar 150 pesos semanales para cubrir los gastos de la fundación.

Hasta ahora tiene 20 asociados y alrededor de 100 solicitudes de ingreso. “No queremos ser los únicos con la flotilla de taxis para discapacitados, pero sí estar seguros de que aquellos que lo vean únicamente como un negocio, tomen en consideración la labor social que estas personas requieren”, comenta Miguel Ángel Ortiz.

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