Voluntariado, la nueva ola empresarial

Corporativos como Wal-Mart, Grupo Lala y Seguros Monterrey, implementan programas de ayuda; otros tantos, como Foser Maquinaria, no hacen donaciones, pero colaboran con asesorías y trabaj
Foser da trabajo a Hábitat y a Ministerios del Amor (Foto: A
Blanca Juárez

Gloria Callo Cruz sabe bordar hasta con los ojos cerrados. Su habilidad en el punto de cruz y la trencilla la han convertido en una de las trabajadoras más eficientes del taller de bordado de la desolada ranchería La Soledad, vecina de Dios Padre, en el Estado de México.

En sus ratos libres, después de sus quehaceres y de atender a sus cuatro hijos, esta menuda mujer de 26 años –casada desde los 15– borda a su ritmo, sin prisa. Sabe que tiene que hacer un trabajo de calidad.

“Me siento contenta de que la gente en la ciudad compre lo que hacemos y tengan en su casa nuestro trabajo, y me gusta hacerlo bien”, dice sin descuidar la aguja. Estas cenefas que ella borda están a la venta en Wal-Mart, Sam’s y Superama, adornan toallas, manteles y servilletas.

Gloria no conoce esas tiendas, pero tiene presente a los voluntarios de Wal-Mart que trabajaron con ella y otras 240 mujeres del polvoso municipio de San Felipe del Progreso en 2005, para desarrollar estrategias de producción y mercadotecnia.

Durante ocho meses, Gisela Noble, Marcela Sánchez, Aurora Rosales, Ivonne González, Hugo Jurado y María Teresa Ledesma, empleados de diversas áreas de Wal-Mart, dedicaron entre dos y ocho horas a la semana de su jornada de trabajo, para implementar un plan que permitiera a las artesanas mazahuas agilizar su trabajo y darle valor agregado, con otras telas, hilos con colores de temporada, etiquetas y un empaque llamativos.

Este ejercicio es uno de los pocos casos en México de lo que en otros países se ha propagado y se que conoce como ‘voluntariado corporativo’.

El año pasado, 26,605 de los casi 142,000 empleados de Wal-Mart apoyaron, en sus horas de trabajo, con tiempo y talento a comunidades. Esta práctica es vista como parte de una estrategia de responsabilidad social empresarial; en otras regiones la toman, además, como un recurso que incentiva la innovación y la cohesión en las empresas y que mejora la imagen y la relación con la comunidad.

Según académicos del ITAM y la Universidad Anáhuac, muy pocas PyMES y apenas un puñado de grandes empresas alientan el trabajo voluntario entre sus colaboradores o apoyan las iniciativas que nacen de ellos. Así lo confirmó un estudio que realizó en 2006 la organización Alternativas y Capacidades, por encargo de Fondo Unido México y el ITAM.

El trabajo hecho entre 69 importantes empresas mexicanas y extranjeras, encontró que sólo 7.5% del presupuesto para filantropía se destina para pagar tiempo como voluntarios o para empatar donaciones de los empleados. En contraste, apunta el Corporate Giving Standard, que reúne en EU datos de 110 compañías, 81% tiene un programa de voluntariado formal.

En México, esas pocas que tienen voluntariado suelen involucrarse en tareas de un solo día, o en proyectos muy acotados, como pintar una escuela o llevar auxilio a damnificados.

Pero esta iniciativa de Wal-Mart fue más allá. Sus voluntarios, que trabajan en textiles, logística, legal, distribución y mercadotecnia, se vincularon con el Patronato Pro-Zona Mazahua, que tiene un taller de bordado en el sencillo dispensario Si Na Na Genze. El primer paso del equipo fue idear cómo podían disminuir el trabajo de las artesanas, sin sacrificar calidad, y mejorar su ingreso.

“Los bordados eran muy elaborados y los hacían sobre una tela llamada indiolino que se tuerce mucho y el tejido era demasiado cerrado”, recuerda Marcela Sánchez, gerente de Damas Casual de G-Mex, el programa de desarrollo de proveedores textiles de Wal-Mart. Esta diseñadora de modas, de 35 años, estudió la manera en la que trabajaban y sugirió formas de hacer más eficiente la producción.

Aurora Rosales, ingeniera textil de 37 años, viajó a La Soledad en un par de ocasiones, dentro de su horario de trabajo,  y se ocupó del análisis de telas, hilos, bordados y proveedores desde las oficinas del corporativo en El Toreo, Estado de México. “Uno de los puntos que más nos preocupó fue que ellas forzaban mucho la vista, por eso se propuso cambiar la tela a un cuadrillé con un tejido más separado”. Buscaron un proveedor de toallas para que pudieran ser más eficientes y tener mejores ingresos.

También estandarizaron los bordados y María Teresa Ledesma, subdirectora de Marcas Propias junto con la gente de Compras, participó en el estudio para definir los colores de temporada.

Con los miembros del Patronato Pro-Zona Mazahua, “definimos qué diseños podían ser más comerciales y que fueran los más representativos de su cultura. Se seleccionaron siete pero les sugerimos que los simplificaran porque a la vista no había mayor diferencia, pero en el retorno de la inversión sí era importante porque podían agilizar su producción”, recuerda Rosales.

Ahora Gloria y las demás mujeres del municipio tienen a quién vender su mercancía. Tardan menos tiempo en elaborarlas y logran un margen de ganancia mayor. Antes de este proyecto las mujeres viajaban a otros poblados para vender las piezas, o las enviaban con algún conocido para que las colocara. No sabían cuánto había costado hacer cada una y la paga tardaba mucho tiempo en llegar.

En la actualidad, bordan cenefas con diseños menos complejos. El dispensario del Patronato les facilita los materiales y les paga al momento de la entrega. Una vez que han reunido suficiente volumen envían las piezas a Wal-Mart para su venta. La empresa devuelve el dinero de la venta al dispensario, que así financia el proceso. Gloria Callo gana 240 pesos por bordar las cenefas para un juego de cuatro individuales y sus servilletas, que termina en un par de horas de trabajo.

Otros del puñado

Existen dos tipos de voluntariado: el práctico, en el que la gente aporta trabajo físico a tareas de mantenimiento, como pintar escuelas o sembrar árboles, que, por lo general, se realizan en un día; y el profesional, en el que los empleados dan asesoría técnica especializada en proyectos que pueden durar meses, incluso años. El primer tipo es el más visto en los casos que se pueden reseñar en México.

General Electric, Ford Motor Company, American Express, HSBC y Seguros Monterrey New York Life tienen una gran tradición de voluntariado corporativo en sus países de origen. Sus filiales en México tienen la directriz de hacerlo también, pero han encontrado dificultades para interesar a su gente.

El voluntariado es una tradición muy asentada en otros lugares, pero no en nuestro país. Una encuesta nacional que realizó el ITAM encontró que sólo uno de cada cuatro mexicanos hizo trabajo voluntario en 2005.

La estadounidense Jeanne Hegner, directora de Mercadotecnia y Planeación Estratégica de Seguros Monterrey nyl, coordina a un grupo de voluntarios que ayuda a la Fundación Educa, un día cada año, en el mantenimiento de escuelas y orfanatorios en Querétaro, Guadalajara, Monterrey y Distrito Federal.

“En 2001 empezamos a trabajar con Educa, primero con donativos de la empresa, luego se sumaron los donativos de los empleados –todos aportan una cantidad mensual de su sueldo– y en 2004 inició el programa de voluntarios con el fin de que ellos y sus familias participaran y vieran en qué se utiliza lo que aportan”.

Hegner lo considera un ‘gran primer paso’, pues cada año percibe más disposición de los empleados. “Es una buena manera de empezar”, observa Roberto Delgado, director del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social (Clares), de la Universidad Anáhuac; “hay que sensibilizar a la gente para después involucrarla en proyectos más grandes, que impliquen mayor responsabilidad”.

La fabricante de envases Grupo Zapata y Lala México también tienen programas de voluntariado en las comunidades aledañas a sus plantas y centros de distribución.

Grupo Zapata realiza desde hace cinco años dos congresos anuales, uno dedicado a la mujer y otro a la familia, en los que su gente imparte conferencias y cursos en temas de salud y educación a los pobladores de Huehuetoca, en el Estado de México; San Nicolás de los Garza, Nuevo León; Ensenada, Baja California;  y Ciudad Delicias, Chihuahua.

Grupo Lala tiene programas de voluntariado en sus más de 60 centros de distribución. Uno se llama Adopta una casa hogar, en el que los empleados aportan continuamente donativos y trabajo a una institución que hayan elegido. 32 empleados del centro de distribución de Gómez Palacio, Durango, han ayudado tres años consecutivos a la Casa Hogar del Ejido de Tehua. 370 voluntarios de las áreas de Ventas, almacenistas, gente de Logística, Crédito y Cobranzas distribuyen los 10 millones de litros de leche que, cada año, Grupo Lala dona a 200 instituciones en 54 ciudades.

Enfoques distintos

Algunas compañías tienen por política que el voluntariado se haga en el tiempo libre de sus colaboradores. Es el caso de Seguros Monterrey, que organiza el día del voluntariado un sábado del mes de octubre.

“Desde un punto de vista maquiavélico, (el voluntariado) ayuda a la compañía a fomentar ese sentido de equipo porque están haciendo algo totalmente fuera de su chamba diaria; es una oportunidad de conocer a la gente en otro ámbito y eso es algo inigualable”, dice Hegner.

Para los especialistas, éste es un tema a discutir. Michael Layton, el académico del ITAM que dirigió la primera encuesta nacional sobre filantropía, considera que si una compañía desarrolla un programa de voluntariado también debe establecer una relación de confianza y flexibilidad con aquellos que participan.

“Pero si la propia empresa no quiere que sus trabajadores salgan antes de que se termine su horario y la actividad que van a realizar requiere de tiempo por las tardes, es seguro que fracase. Debe haber un compromiso de ambos lados porque si ésa es la actitud de la empresa, entonces no debería tomar el crédito ni ponerse la estrellita por lo que hacen sus trabajadores. Si se beneficia debe tener algún costo”.

Roberto Delgado, de la Anáhuac, opina que el trabajo voluntario es una actividad independiente de las obligaciones que tiene el empleado con la empresa porque es él quien desea hacer algo para ayudar a la comunidad y nadie lo está obligando.

“Quien toma la decisión de participar en un programa de este tipo lo hace por obtener una satisfacción que no lograría de otra manera. Algunos pueden hacerlo por sentirse útiles, por cambiar de rutina, para demostrar ciertas habilidades y todo esto les ayuda en su autoestima; otros lo que quieren es relacionarse con otras personas o utilizarlo como un ejemplo para la familia, o simplemente para obtener cierto reconocimiento y esto también es válido”.

Para Delgado, antes de iniciar un programa de voluntariado profesional es vital definir un plan de trabajo y un plan de motivación; hablarlo con los empleados y establecer un compromiso, incluso por escrito. El académico recomienda aplicar los principios de la administración: “El hombre adecuado al puesto adecuado, el voluntario adecuado a la actividad adecuada, hay que profesionalizar al voluntariado”.

“Las empresas que trabajan a través de sus propias fundaciones tienen más posibilidades de tener programas exitosos si se vinculan con organizaciones que conozcan a fondo los problemas de la comunidad en la que quieren participar, así no parten de cero”, explica el director de Clares.

No sólo las grandes

En México, más de 90% de las empresas son PYME y, de acuerdo con Roberto Delgado, si en los grandes corporativos es difícil ver programas de voluntariado, lo es más en las pequeñas y medianas empresas, y no es porque sus trabajadores no quieran participar. “A nadie se le ocurre desarrollar acciones de este tipo”, dice. Esto se debe, en parte, a que las mismas ong se acercan con más frecuencia a los grandes corporativos pues se tiene la idea errónea de que sólo a éstos “les sobra algo que dar”.

Pero ahí está Foser Maquinaria, un negocio de 12 empleados, que fabrica y alquila maquinaria ligera para construcción en la capital. La Fundación Hábitat para la Humanidad los invitó y desde hace dos años ofrecen asesoría técnica y ayuda para la construcción de viviendas.

En 2005 llevaron maquinaria hasta San Andrés Tuxtla, Veracruz, para edificar 60 viviendas. Esta experiencia los animó a seguir como voluntarios, ahora en Funiterm y Ministerios de Amor.

Doce empleados y su director-administrador, Luis Fosado, se turnan para participar. “Nosotros no podemos dar dinero pero sí tenemos toda la voluntad de aportar conocimientos e infraestructura para que otros mejoren su calidad de vida. No se trata de ver quién tiene más llena su cartera, sino de organizarse para dar un poco de tiempo a los demás”.

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