Teatro para empresarios, fuente creativa

Una actriz teatral ayuda a ejecutivos a generar nuevas ideas a través de improvisación y juguet en los talleres, los consultores ponen a empresarios rígidos a reaccionar a situaciones inesper
El jugueteo de la improvisación crea una experiencia de cola  (Foto: )
Janet Rae-Dupree
THE NEW YOR TIMES -

Los ejecutivos que se esfuerzan por fomentar la creatividad, a menudo usan la frase “pensar fuera de la caja” para animar a sus empleados a que lleguen a ideas que a nadie más en el salón se le ocurrirían. Pero la actriz especializada en improvisación Patricia Ryan Madson tiene una mejor idea: mejor asómese adentro de la caja y busque lo nuevo entre lo que hay ahí.

La autora de Improv Wisdom: Don’t Prepare, Just Show Up (Sabiduría de la improvisación: no te prepares, sólo preséntate) ayuda a las organizaciones a encontrar nuevas maneras de generar ideas, a partir de un jugueteo libre.

“Todos somos creadores si se dan las condiciones y el permiso para serlo”, asegura. “Pero, con frecuencia, la cultura corporativa dicta: ‘Sé creativo pero no cometas errores’. La improvisación abre las puertas para hacer las cosas de un modo diferente”. En talleres y seminarios, los consultores en improvisación ponen a ejecutivos serios y rígidos a reaccionar con sus cuerpos a situaciones inesperadas. Brincan, dicen cosas alocadas, aplauden, bailan y cantan; se divierten con juguetes, se sientan al escritorio o andan a rastras por el piso, y así llegan a lo que parecen alocados y nuevos puntos de vista. La tensión se desvanece. El ánimo de competencia va a parar al rincón. Y las ideas comienzan, milagrosamente, a fluir.

No quiere decir que cualquier junta de lluvia de ideas deba convertirse en un performance teatrero. Pero la apertura y el jugueteo que caracteriza a la improvisación en la actuación puede crear una experiencia de colaboración y de seguridad que es rara en lugares de trabajo muy competitivos. Y es que cuando los empleados lanzan tiros para tumbar las propuestas de sus colegas y posicionar las suyas, cualquier germen de idea brillante muere en el acto.

Madson y otros consultores en improvisación, incluyendo a un grupo de Portland, Oregón, que se llama On Your Feet (En tus pies), quieren promover lo que Madson llama una cultura del “sí”.

“Decir que sí suena simple, pero es muy profundo”, dice ella. Grandes barreras se alzan apenas nace una idea nueva, y esto hace que se generen ambientes donde impere la sensación de que “eso no lo podemos hacer”. “La idea de decir ‘sí’ desde el inicio permite a la gente de negocios tomar en cuenta propuestas que, de otra manera, habrían sido descartadas en el primer momento”, agrega.

Madson ha sido catedrática de teatro en la Universidad de Stanford desde 1977 y con los años desarrolló interés por ligar la improvisación, la mejora en los negocios y la educación.

Brillantes, como pueden ser, los estudiantes de Stanford eran muy buenos para responder correctamente a una pregunta, pero les invadía la inseguridad cuando se les pedía proponer respuestas originales.

Con demasiada frecuencia, los estudiantes, como la gente de los negocios, prefieren y buscan fórmulas probadas, a las cuales apegarse para resolver problemas. Pero eso puede impedir miradas nuevas para la solución de los conflictos.

Madson encontró que podía soltar a los estudiantes y hacerles sacar ideas si los provocaba a responder con rapidez. “Es algo muy útil para los actores”, explica, “pero los ejecutivos y los ingenieros están buscando apoyo para poder decir “sí” con su propia voz. Es común que las rutinas que hemos construido para sentirnos más seguros, estén impidiéndonos ser tan creativos como somos en realidad”.

El pensamiento improvisado puede abrir las puertas a lo que otros llaman “accidentes felices”. Y hay muchos ejemplos. La molécula que se convirtió en Viagra, en realidad fue desarrollada para tratar la hipertensión y luego la angina. Pero cuando fracasó, pues no alivió ninguna de las dos enfermedades, Pfizer estuvo a punto de matarla. Sin embargo, los científicos estaban intrigados por los efectos secundarios que provocaba la molécula, y lograron el permiso de la compañía para continuar la investigación y desarrollarla como un medicamento para tratar la disfunción eréctil.

Incluso la firma On Your Feet es el resultado de un accidente feliz, cuenta su fundador. “Un domingo lluvioso de noviembre de 1996, dos hombres pelones y de lentes se reunieron en una panadería de Portland, para hablar acerca de unas playeras, y, en lugar de eso, formaron una consultoría que utiliza la improvisación y otras técnicas experienciales para ayudar a las organizaciones a crear, a relacionarse y a comunicarse al tiempo que pasan un muy buen rato”, dicen en su portal www.oyf.com.

La compañía reclutó a un ex publicista, a un antropólogo, dos maestros de yoga y un puño de improvisadores, mercadólogos, un fabricante de conos para helados y un ex transportista y bioquímico. Ellos viven en lugares tan diversos como Portland, Londres, Dublín, y en El Hornillo, España; formaron una red que explora qué impacto tiene la improvisación en las relaciones al interior de una organización, y cómo influye en la comunicación. Uno de los fundadores, Robert Poynton, dice en un libro que está por salir de la imprenta, que todo, desde construir una casa hasta llevar la contabilidad, requiere de una dosis de acción espontánea para ser exitosa.

“Por todos sus logros, y quizás a causa de ellos, el mundo moderno es todo menos estable”, asegura Poynton en un resumen que tiene en línea de su libro titulado A Turtle and a Guitar Case: Improvisation and the Joys of Uncertainty (Una tortuga y un estuche de guitarra: la improvisación, el gozo de la incertidumbre). “Hoy en día sabemos menos que nuestros antecesores, de qué viene y cómo nos va a afectar”, dice. Y por eso, entre más espontáneos seamos al reaccionar –entre más improvisemos– más probable será que nos topemos con novedosas y mejores maneras para resolver problemas, sostiene.

El sitio de On Your Feet (www.oyf.com) cuenta la historia de lo que llama un “error divertido”. “Josephine Dickson se casó con Earle Dickson, empleado de una fábrica de gasas y cinta adhesiva. A Josephine le ocurrían accidentes continuamente. En la primer semana de casada, se cortó dos veces con el cuchillo de la cocina. Y eso sólo empeoró: Josephine se cortaba a cada rato. Un día su esposo tuvo una idea. Se sentó con un poco de cinta, una gasa y unas tijeras; cortó tiras de cinta y, a la mitad de cada tira, pegó un pequeño cuadro de gasa. Así nacieron las curitas (Band-Aids)”.

Hasta los negocios mejor planeados pueden fallar, dice Madson. Las personas que improvisan evitan atorarse en una misma idea, ya sea porque identifican muy pronto aquello que no va a funcionar, o porque, además, identifican cosas que podrían ser exitosas, y que no vieron al principio.

Los improvisadores son, por definición, tomadores de riesgos y cometen errores –muchos errores– pero justo eso es lo que les conduce a nuevos caminos. Madson reconoce que a la gente de negocios se le puede dificultar la improvisación. Sobre todo porque los improvisadores no se obsesionan con la idea del qué pasará. “El futuro se puede cuidar sólo si construimos creativamente en el ahora”, recalca. “El hábito de planificar en exceso inhibe nuestra capacidad para notar lo que tenemos enfrente”.

Mike Kwatinetz, un inversionista de riesgo que es cofundador y socio de la firma Azure Capital Partners, en Palo Alto, California, dice que el pensamiento centrado en la improvisación suele enfilar a las empresas nuevas en la dirección correcta. “En estas compañías jóvenes, y ojalá que para siempre, quieres tener cambios todo el tiempo”, explica Kwatinetz. “Quieres estar reaccionando a cuanto ves, y a lo que estás haciendo bien y a lo que no está funcionando, y reaccionar a eso intentando algo distinto”. Además, “si estás trabajando tan intensamente, como nosotros, más vale que te estés divirtiendo”, finaliza.

The New York Times Syndicate

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