El Fogoncito, listo para los Olímpicos

La franquicia mexicana abrirá su segunda sucursal en la ciudad de Pekín en junio próximo; la empresa atiende a unas 250 personas diariamente en China, 70% chinos y 30% latinos.
La inauguración de la segunda taquería coincidirá con el ini
CIUDAD DE MÉXICO (Notimex) -

"Aquí y en China" es una frase común y para El Fogoncito es una realidad. La franquicia mexicana está por abrir su segunda sucursal en Pekín, lo cual demuestra que crece el gusto por los tacos en ese país.

Hace 40 años, Martha Ávalos emprendió uno de los negocios más exitosos: una taquería, conocida hoy como El Fogoncito.

Ávalos resalta su asombro por estar a punto de abrir su segunda sucursal en Pekín antes del 1 de junio, para llegar a dos restaurantes de este tipo cuando inicien los Juegos Olímpicos en esa ciudad.

Las inversiones por sucursal en el extranjero llegan en promedio a 2 millones de dólares. Sin embargo, la fundadora del Fogoncito aún recuerda sus inicios como taquera, con apenas 200 pesos para comprar los cuchillos en el mercado La Merced.

El 26 de enero de 2008, El Fogoncito cumplió su primer año en China con 250 comensales diarios en promedio, 70% chinos y 30% latinos, y abrirá la segunda unidad en la población de Jiang Lu.

"La primera unidad está muy bien afianzada, tenemos hasta 250 personas comiendo tacos todos los días y logramos que los chinos ya no vieran a los tacos como una comida exótica”, señala Ávila.

El taco por necesidad

"El Fogoncito inició como un recurso desesperado por obtener ingresos, cuando yo tenía 28 años enviudé y me quedé sin nada. Sólo tenía a mis tres hijos, Carlos, Ricardo y Gerardo, de cinco, tres y un año de edad", recuerda Ávalos.

Martha Ávalos contrajo matrimonio a los 22 años con Charles Roberts, un arquitecto de Nueva York.

El 14 de mayo de 1968, Martha enviudó y "al morir él, no contaba con un seguro, ni ingresos, y aunque había trabajado de secretaria ejecutiva, e incluso mi ex jefe me ofreció una reinstalación cuando se enteró que enviudé, tuve que darle las gracias, pues no podría cuidar a mis hijos".

Sin embargo, su prima le dio la idea de hacer y vender tacos, pero Estela Esquivel, madre de Martha, "casi se muere de la impresión", pues no concebía que su hija terminara de taquera; además, tendría que ir a La Merced por insumos y para ella "sólo las chachas" iban al mercado.

"Le expliqué a mi mamá que no podía poner un negocio de alcurnia como ella deseaba porque la gente todo quería comprar en plazos y a crédito y yo necesitaba recibir dinero lo más rápido posible", dijo Ávila.

Al final, se convenció y le cedió el local donde su madre tenía una papelería, que ya había decidido quitar, porque desde que las autoridades decidieron distribuir libros gratuitos "ya no era buen negocio.

El reto del negocio

Habiendo estado casada con un estadounidense lo menos que Martha conocía era el arte culinario de hacer tacos. Su prima que le dio la idea, la llevó con "una señora" que tenía una muy buena taquería.

"La señora con la que me llevó mi prima preguntó: ¿y quién va a atender la taquería?, y yo, con una voz suave, dije: “pues yo, y nos respondió: no usted no va a poder porque no sabe lo que son los taqueros, son peor que las sirvientas".

En ese instante "sentí como un par de banderillas de fuego me atravesaban y me dije: esta señora qué se cree, porqué me dice eso. Qué me ve muy tonta o qué. Voy a poder y más que tú, pensé", continúa la señora Ávalos.

A partir de entonces, Martha Ávalos inició la búsqueda de un taquero, lo cual no fue fácil, ya que en las taquerías no le dejaban acercarse a ellos;  ante ello escribió en una servilleta: "me urge taquero" con la dirección donde encontrarla. "Al día siguiente Cornelio tocó a mi puerta y fue quien me enseñó el negocio".

Otro de los obstáculos que enfrentó -recuerda- fue el desprecio que la refresquera le hizo cuando intentó comprar producto, pues le dijeron que cuando estuviera segura de vender 100 cajas de refresco semanales entonces la atenderían.

"Otra vez, colgué el teléfono y empecé a llorar", una vez desahogada,"me reincorporé y dije: la Coca no es la única y llamé a la mexicana Pascual".

La Cooperativa Pascual atendió a Ávila le envió a un supervisor, Francisco Rocha García-Cano, quien años después se convirtió en su segundo esposo, con quien tuvo tres hijas.  

Inicia la expansión

El 22 de agosto de 1968 abrió la primera sucursal de El Fogoncito, en Avenida Revolución con cuatro mesas, 13 sillas de lámina y "muy poquita gente".  

Cinco años después nació la segunda taquería en la calle de Leibnitz, en Polanco, y años más tarde la tercera en la calle de Francisco Parra.

Fue cuando Martha obligó a su marido a dejar su trabajo en la Pascual porque "con su bajo salario no me ayudaba mucho y ya teníamos seis hijos". 

Hoy, su hijo mayor, Carlos Roberts Ávalos, es presidente de la Asociación Mexicana de Franquicias y desarollador de las franquicias de El Fogoncito en México y el extranjero.

Luego de estudiar comunicación en la Universidad Anáhuac, tomó el negocio de su mamá con la firme intención de hacerlo crecer.

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