Liderazgo, 'al estilo canino'

Cesár Millán, el ‘encantador de perros’, traslada esta filosofía animal al mundo de los negocio pasó de ser un inmigrante ilegal en EU a un gurú que es solicitado por estrellas de Hollywood.
Los canes deben sentir el liderazgo por parte de su dueño. (
Patricia Ruvalcaba
LOS ÁNGELES -

“No estás mostrándole liderazgo”, le dijo César Millán en 1995 a la mismísima Ophra Winfrey, tras observar cómo la emperatriz mediática era incapaz de controlar a su perrita Sophie. Ophra, una de las personas más influyentes del mundo en el siglo XX según Time Magazine, le preguntó, sorprendida: “¿Me estás diciendo que no soy un líder?”

La escena ocurrió en una de las mansiones de la conductora y fue decisiva para Millán, un mexicano de origen humilde que, en 1990, cruzó ilegalmente a Estados Unidos, sin saber inglés, pero decidido a convertirse en ‘el mejor entrenador de perros’ para cine.

“En efecto”, recuerda Millán en su primer libro, Cesar’s Way, “Ophra necesitaba practicar el tipo de liderazgo que un perro entendería”. Ese ‘liderazgo’ significa tratar al perro como perro y no como humano. La mayoría de los estadounidenses tiende a tratar a sus mascotas como humanos, plantea. “En el mundo animal sólo hay líderes y seguidores”, afirma Millán en el libro. “Los perros esperan que el líder de la manada establezca la estabilidad. Nunca cuestionan la posición del líder, ni el líder busca reafirmación en los otros perros. Éste es el balance natural de la manada”.

Ophra no sólo restableció su ‘liderazgo de manada’ ante Sophie, sino que, luego, invitó tres veces más a Millán a su programa para que hiciera demostraciones ante las cámaras.

Ahora, a sus 38 años, Millán es un gurú global en materia de conducta canina. Cada viernes en la noche, televisores en 16 países sintonizan el canal National Geographic para ver Dog Whisperer (Encantador de perros), un reality show en el que Millán visita en sus casas a dueños de perros agresivos.

Sin información previa, el experto tranquiliza a los animales y los deja como sedita. También enseña a los dueños a comunicarse más efectivamente con ellos. Los episodios empiezan con la desesperación de los dueños y, a menudo, terminan con lágrimas de gratitud hacia Millán.

Pero este mexicano es más que una figura de los medios. Él preside Cesar Millan Inc (CMI), compañía mediante la cual difunde su filosofía y comercializa libros, videos, boletos para seminarios y webinarios, accesorios, vestimenta y carteles. También dirige un centro de rehabilitación canina y da consultas privadas. Sólo de 2006 a 2007, su empresa creció 200%, pues pasó de facturar 1 MDD a 3 MDD.

Él entró a disputar un mercado que este año, se estima, tendrá ventas por 43.4 MMD. Los perros representan casi 45% de las mascotas de Estados Unidos, y la mayor parte de los productos para ellos refuerzan las ideas a las que él se opone. Millán asegura que no tiene competencia.

“Mi enseñanza, mi filosofía, no existía hasta que yo llegué. Está completamente virgen ese lugar, no tengo competencia. Ni siquiera los que fueron a una escuela para ser sicólogos de perros lo hacen; ninguna escuela del mundo enseña a rehabilitar perros que han matado a otro perro”.

Actualmente, César Millán dirige una compañía donde trabajan 25 personas.

El niño de Ixpalino
Fue en su niñez, que pasó entre Culiacán, Mazatlán y, sobre todo, Ixpalino, Sinaloa –el rancho de su abuelo, campesino–, cuando Millán supo que poseía un don especial para los animales. Su abuelo le enseñó el principio sobre el que ha fundado su vida: “No vayas en contra de la madre naturaleza”.

En su preadolescencia, a César le llamaban ‘El Perrero’, pues solía andar con una jauría. A los 13 años decidió que sería entrenador canino para cine. Una vez en Estados Unidos, y viendo la vida que llevaban las mascotas en ese país, corrigió su derrotero: sería rehabilitador de perros y enseñaría a la gente a relacionarse con ellos.

En su paso por un par de estéticas caninas forjó su reputación como ‘el mexicano que puede controlar a cualquier perro’, y la recomendación de boca en boca lo llevó a Hollywood.

Cuando ocurrió la anécdota con Ophra, ya había atendido a mascotas de los actores Jada y Will Smith, Vin Diesel, al director Ridley Scott y al productor Michael Bay. Bronceado, con el pelo entrecano, perfectamente peinado con gel, Millán irradia carisma y una tranquilidad contagiosa.

Usted dice que humanos y animales necesitamos un balance entre los elementos intelectual, emocional, espiritual e intuitivo. Ahora que usted es una celebridad, ¿no teme perder el balance?
No, no, no. Porque mi balance es mi familia y mis perros. Si yo estoy desbalanceado, tú te vas a dar cuenta enseguida en mis perros.

¿Sus principios sobre liderazgo de manada son aplicables a los negocios?
Sí, sí se pueden aplicar. Un buen líder está para el grupo y no para sí mismo. Para mí, un mal líder es aquel que se dedica a sí mismo, a lo que es conveniente para él, y se olvida de la manada.

La mayoría de los países llamados tercermundistas tienen ese tipo de liderazgo, y ahorita en Estados Unidos la gente siente que el líder no está allí para ellos.

Sin embargo, si estudias una manada de animales, los líderes están ahí para la manada, y la manada, para los líderes. Para mí, la mujer es uno de los mejores líderes que hay, porque se dedica a la manada.

Como inmigrante que llegó sin documentos y ahora es exitoso, usted suscita diferentes reacciones. Una maestra chicana me dijo que usted es su ‘héroe’. Pero, en su medio profesional, hay quienes no le perdonan que siendo un inmigrante indocumentado haya desbancado a nombres como Ian Dunbar (un experto en conducta canina). ¿Cómo se siente ante estas reacciones?
¿Sabes quién se gana la medalla de oro? Los que la obtienen son aquellos quienes la querían más que los otros. Eso es todo. Es la dedicación. Cada quien se parte la espalda de su propia forma.

Yo me partí la espalda cruzando la frontera. No es fácil cruzar a un lugar que no sabes cómo es. Yo no tenía familia en México, mi papá me dio 100 dólares y yo los quería para gastarlos acá y tener qué comer.

Cuando estás en la TV te van a llover regalos como envidias, pero no se tiene ni que perder tiempo con cosas así. Yo soy muy disciplinado, no tengo vicios, mi meta es ayudar a la gente. Para mí es una regla de oro que cuando tú haces algo bien, te pasan cosas buenas.

¿No piensa volver a México?, ¿hacer negocios allá? (Dog Whisperer empieza transmisiones en México este año).
¡Claro! Pero en México es otra cosa lo que quiero hacer. Mi sueño para México y los países tercermundistas, antes que lo de los perros, es que aprendamos a respetar a la mujer.

Para mí ésa es una forma de empezar de los cimientos para comenzar a escalar. Resulta triste, pero muchas veces un perro en Estados Unidos recibe más amor que una mujer en un país tercermundista.

El hombre vive la felicidad pero la mujer no. ¿Por qué no los dos? Aunque sean pobres. La felicidad no tiene que ver con el dinero.

Una de las grandes lecciones que yo le agradezco a Estados Unidos es que aquí aprendí que la mujer tiene una sicología, y eso es fascinante.

Supongamos que la reencarnación es posible. ¿Estaría bien reencarnar como uno de esos perritos de rancho, bajo el cuidado de un viejo como su abuelo?
Sí. Es una vida simple y muy llena. Perfecta.

¿Algún consejo para los emprendedores mexicanos?
Honestidad, integridad y lealtad. La empresa más pura que existe para mí es el matrimonio, es la empresa a la que yo me dedico más. Si tú eres honesto con tu esposa, vas a tener un matrimonio largo. Es lo mismo en los negocios.

En el enorme muro oeste del edificio de la Fox en el boulevard Pico, en Los Ángeles, siempre hay imágenes espectaculares, casi épicas, de estrellas de cine y televisión... allí han lucido imágenes de Los Simpson, Ellen Page (Juno), Glue (Crónicas de Sarah Connor).

En el otoño pasado allí estaba la de César Millán, sonriente, con el dedo índice en alto, dando instrucciones a unos perros, anuncio de su programa de realidad en TV por cable.

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